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Navidad

Pestiños, yemas y torrijas benditas: los conventos de Sevilla anuncian el sabor de la Navidad desde el Alcázar

La ciudad da el pistoletazo de salida a las fiestas con un evento en el que encontrar más de 200 tipos distintos de pasteles

Así es la venta de dulces de convento en el Alcázar

Victoria Flores

Victoria Flores

Victoria Flores

Sevilla

En Sevilla no empieza la Navidad hasta que no llega la muestra de dulces de convento del Alcázar. Cada año, una veintena de conventos de clausura de la provincia se dan cita en el Palacio Gótico para deleitar a sevillanos y visitantes con pestiños, mantecados o mermeladas. Un encuentro ineludible con la tradición de la ciudad para dar la bienvenida a las fiestas y llenar las despensas para las visitas de los familiares estos días.

Este evento se convierte en una cita fundamental para la supervivencia de la vida conventual. Si bien es cierto que las monjas tienen sus obradores y sus tornos abiertos todo el año para quien quiera degustarlos, muchos aprovechan que llegan a la capital para hacerse con una caja de sus dulces favoritos. "Vengo para ayudar a la Iglesia", reconoce Miguel, que está en la ciudad por el puente y es la primera vez que conoce la muestra.

Osuna, Utrera o Carmona son algunos de los pueblos que exportan estas delicias. Hay opciones para todos los gustos y estómagos. "Al inicio hay dulces sin lactosa", explican desde la organización. Algunos, como las voluntarias del Convento de Santa Clara de Morón de la Frontera, pueden incluso decir que sus productos los ha probado el papa León XIV, que recibió un regalo de parte del párroco del pueblo.

Un plan para disfrutar en Sevilla

Con la retirada de la espesa niebla con la que amanecía el sábado y la llegada del sol, los pasillos se han llenado de compradores y curiosos. Son muchos los que aprovechan antes de ver las luces o participar en uno de los pases del mapping para llenar sus bolsas y cestas. "He comprado mermelada de naranja amarga, pestiños y magdalenas", cuenta Catalina, que es uno de los rostros habituales de este evento.

Las voluntarias tras las mesas, la inmensa mayoría de ellas mujeres, son auténticas expertas en ventas, aunque los dulces se venden solos. En según qué horas del día resulta difícil encontrar un huequito para mirar y agarrar la caja de tu postre favorito. "Es un evento único", sostiene Claudia Hernández, organizadora del evento que asegura que es "el único lugar en el mundo en que las monjas vendan dulces con el sello de calidad 'Ora et labora".

La exposición estará abierta solo durante los días del puente de la Inmaculada y las colas en el Patio de Banderas, por donde se accede a este peculiar mercado, son constantes a todas horas del día. "Es que están exquisitos". De hecho, en algunos puestos las cajas no llegan siquiera a primera hora de la tarde, cuando las voluntarias se hartan de pedir disculpas a todos los clientes porque el producto se ha acabado.

Durante los cuatro días que dura la venta, los conventos suelen vender alrededor de 10 toneladas de dulces que parecen hechos en el mismo cielo por las monjas de clausura de toda la provincia. En total, las voluntarias venden alrededor de 200 tipos de pasteles para el deleite de todos los visitantes. Una cita fantástica para dar el pistoletazo de salida a todas las celebraciones y tradiciones navideñas.

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