Iglesia Católica
Los seises, una tradición de cada puente de la Inmaculada: ¿de dónde viene este rito sevillano?
Estos días, los niños del Colegio Portaceli llenan la Catedral con sus bailes de estilo Renacentista

Los seises, durante la Inmaculada. / M. G.
V. F.
Cada 8 de diciembre, un grupo de diez niños del Colegio Portaceli de Sevilla traslada a la ciudad al pasado. Vestidos con trajes de corte renacentista celestes, zapatillas y castañuelas hacen que la fiesta de la Inmaculada en la ciudad tenga un carácter único. Los seises son un viaje al pasado al que la ciudad se ha negado a renunciar pese a la globalización
Hay disputas sobre cuándo comienza esta tradición. Aunque de forma generalizada se cree que el origen de los seises se remonta al siglo XV, hay algunos investigadores que lo consideran incluso previo. Aunque en un principio eran una figura habitual en todo el país, no era normal que tuvieran una danza. De hecho, en Sevilla no se conoce cuando comenzaron a hacerlo, aunque en el siglo XVI ya hay datos que indican que bailaban en algunas ocasiones.
La Archidiócesis define su danza como "breve, solemne y cuidadosamente ritualizada". Sus pasos, giros y el sonido de sus castañuelas se convierten en una tradición viva de la ciudad. Los pasos son una herencia del comienzo de esta tradición, que se han mantenido pese al paso de los años. Sus movimientos los acompañan las voces del coro de otros niños y niñas, que entona cánticos de época.
¿A qué hora bailan los seises?
Hubo un momento en el que su supervivencia estuvo en juego. Tras el Concilio de Trento las prohibiciones sobre bailar en el interior de los templos se fue extendiendo por la Iglesia Católica, sin embargo, Sevilla intentó mantenerla. En el siglo XVII, la ciudad pide una bula al Papa para poder mantener esta tradición como excepción única para las festividades del Corpus Christi y la Inmaculada.
La Octava de la Inmaculada se vuelve una fecha particularmente especial. Mientras que en el resto de festividades los niños visten de rojo cardenalicio, estos días llevan sus trajes azul celeste. Como detalla la Archidiócesis, "los niños realizan esta danza dirigiéndose tanto al Santísimo Sacramento expuesto como a la imagen de la Pura y Limpia, simbolizando una ofrenda de pureza infantil dedicada a la Virgen".
Cada tarde del 8 al 15 de diciembre, los pequeños se citan en la Catedral poco antes de las 17:30, cuando comienza la liturgia de la palabra con adoración eucarística, acompañadas del baile de los seises. La tradición renace cada día con sus movimientos, no hechos para los turistas, sino para la celebración. Un momento, que según la Archidiócesis, se convierte en "un instante suspendido entre siglos".
En un principio, los seises eran adoptados por los sacerdotes. Después, pasaron a vivir en colegios internos creados por el Cabildo, como el San Isidoro de Sevilla. Este año se ha cumplido medio siglo desde que el colegio de los Jesuitas de Luis Montoto heredara esta tradición. "Su preparación es exigente, porque no solo deben aprender una coreografía ancestral: deben comprender su significado y sostener con su presencia una de las ceremonias más queridas por la ciudad", sostiene la Archidiócesis.
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