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QUE NO TE FALTE CALLE

De Foronda a la Papelería Ferrer: así es la histórica calle de Sevilla donde lo tradicional resiste entre franquicias

La calle Sierpes, la tercera vía más comercial después de Tetuán y Velázquez, es un enclave simbólico en la ciudad donde triunfa la papelería más antigua de España y las confiterías más icónicas

[Vídeo] Así es la histórica calle de Sevilla donde lo tradicional resiste entre franquicias

Rocío Soler Coll

Rocío Soler Coll

Rocío Soler Coll

El bullicio de la calle fuerza a que las conversaciones en las terrazas de las cafeterías y los bares suban de tono, más de lo habitual. Por eso, Justa, Manuela, Silvia y María Auxiliadora charlan (y se ríen) alto. Están en una de las dos únicas mesas que la Confitería Ochoa tiene en la calle Sierpes, una gran conquista por su parte. A ellas no les atrae el pumpkin latte o el té matcha. Prefieren lo de siempre. Y aunque ya se han tomado su cortado y su mantecado de Viena (un manjar para ellas), todavía no van a soltar esa mesa tan privilegiada porque están pasando cuentas de los décimos de lotería que comparten en Navidad. "Nos conocimos en los años 80, cuando coincidimos trabajando en el Virgen del Rocío y desde que ya no estamos juntas nos reunimos cada dos meses", explica Manuela, enfermera de profesión. Esa quedada, toda una tradición, es siempre en una de las calles más populares, históricas y vividas del casco antiguo de Sevilla, Sierpes.

Mucho se ha escrito sobre esta vía que nace en La Campana -ahora peatonal- y desemboca en la Plaza de San Francisco, donde se levanta el Ayuntamiento de Sevilla. En ese recorrido de edificios del siglo XVIII y XIX destacan los azulejos y las placas que recuerdan que donde hoy rebosan tiendas, un día se escribió parte de la historia de esta ciudad. Esta vía ya existía en la Época Medieval y formaba parte del entramado urbano de la ciudad, cuando Sevilla estaba bajo dominio musulmán. Siglos después, tal como reza el azulejo de mármol que reposa en un extremo de la calle, Cervantes comenzó a escribir El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha entre las rejas de la Antigua Cárcel Real, lo que hoy se conoce como las oficinas de La Caixa.

Transeúntes en la calle Sierpes.

Transeúntes en la calle Sierpes. / Rocío Soler Coll

Hace más de 300 años que Sierpes se alza como epicentro del comercio y punto de referencia para tertulias y compras en la ciudad. Pero nada tiene que ver la vía que hoy da la bienvenida a franquicias y marcas urbanas locales con aquella por la que caminaron los fundadores de Papelería Ferrer o los primeros dueños de la Confitería La Campana. Pese a la proliferación de luces, neones y grandes rótulos, a diferencia de calles vecinas como Tetuán, Velázquez o O'Donell, en Sierpes todavía resiste el comercio local y tradicional. Eso sí, de vecinos, ni rastro.

¿Quién consume en las tiendas tradicionales?

El escaparate de la Confitería La Campana anuncia lo que está por venir: la Navidad. Un gran nacimiento con figuras propias de la imaginería reposa sobre un altar. No hay hueco para nada más en este impactante escaparate. El minimalismo de la fachada contrasta con el bullicio en el interior del local. No cabe ni un alfiler una tarde entre semana. Sevillanos y turistas conviven y luchan por un hueco en la barra para pedirse una medialuna y un café. "¡Es aquí, es aquí!", celebran quienes entran por primera vez.

Clientes y comerciantes en la Papelería Ferrer.

Clientes y comerciantes en la Papelería Ferrer. / Rocío Soler Coll

El ajetreo de la confitería se puede llegar a mezclar con el de su local vecino. Allí los escaparates son un universo con personalidad propia: libretas, agendas, plumas, bolígrafos, lápices, figuras, carteles... Desde que se fundó en 1865, la Papelería Ferrer es un icono de la ciudad y la más antigua de España. "Somos la quinta generación detrás del mostrador, yo me paseo por esta calle desde que nací", dice Alberto Planelles Ferrer, gerente del negocio. Fueron sus tatarabuelos, una pareja barcelonesa, la que por accidente y "cosas de la vida" decidió echa raíces en este enclave sevillano. Desde entonces, los vecinos no han dejado de cruzar el umbral de la puerta de esta tienda en busca de un sobre especial, un marcapáginas de colección o un álbum de fotos para regalar. "Muchos nos valoran por cómo sigue la tienda, nos piden que no nos vayamos nunca, incluso nos lo gritan desde la calle", apunta Alberto.

Ese peculiar local, donde los planetas flotan en el techo y los globos vuelan por el local, está frente a franquicias como La Casa de las Carcasas o grandes marcas como Mango. A pocos metros un Druni tamaño XXL o un Primor que no deja de recibir clientes. Lo rústico de los tradicionales choca con los neones y los carteles vistosos de las fachadas nuevas. "A la calle le falta armonía, se debería respetar más el diseño porque hay mucha contaminación visual", sostiene el gerente de la Papelería Ferrer.

José Luis Foronda, gerente de Foronda, muestra un mantón de seda bordado.

José Luis Foronda, gerente de Foronda, muestra un mantón de seda bordado. / Rocío Soler Coll

Pese a que la calle está cada vez más enfocada al consumismo y al turismo, en su negocio sigue primando el cliente local. Y de qué manera. No hay hora que la tienda no esté a tope. "Desde la pandemia nos dimos cuenta de que el turismo solo simbolizaba el 10% de nuestras ventas", confiesa. Algo similar sucede en el archiconocido templo de mantones y joyas, Foronda. "Diría que el 70% de nuestras ventas vienen de un público local porque nuestro producto es muy tradicional, muy de aquí", afirma José Luis Foronda, gerente del negocio.

No es la única realidad de los negocios locales de la calle. A escasos pasos de Foronda está la sombrerería Maquedano, una tienda que lleva desde 1908 en su pequeño local esquinero. Allí, Cristina Vega, quinta generación, recibe a los clientes que vienen en busca de un sombrero de lana o un panamá. "Esto ha cambiado muchísimo, ahora está lleno de franquicias, es la consecuencia de la llegada masiva del turismo", apunta. Su percepción se refleja en sus ventas, ya que asegura que el 50% son de visitantes. "Pero también tengo clientes que son chavales jóvenes y abuelos que ya venían de pequeños", presume orgullosa. Para Cristina, la calle pide más comercios "de toda la vida": "Desde la pandemia, todo es diferente".

Más limpieza, orden y un suelo nuevo

El aspecto de la calle es similar al de vecinas como Cuna, Cerrajería o la Cuesta del Rosario, recién peatonalizada. Una mirada al cielo es suficiente para reconocer las casas antiguas y señoriales que la embellecen, porque aunque no tenga grandes edificios, la vía es un monumento urbano en sí misma. Sin embargo, para quienes la pisan a diario, tiene asignaturas pendientes. "Lo que más echo de menos es el suelo. Hace como 20 años eran losas blancas y burdeos. El diseño era elegante y clásico, pero cuando la peatonalizaron dijeron que sería como una alfombra roja y de eso no hay nada", dice el gerente de Papelería Ferrer.

Vecinos y turistas compran lotería en la calle Sierpes.

Vecinos y turistas compran lotería en la calle Sierpes. / Rocío Soler Coll

José Luis Foronda también recuerda ese "majestuoso" suelo, pero le preocupa más el ambiente que a menudo se respira en la calle. "Hay varias personas que duermen en la calle, y eso a veces le choca muchísimo a quienes pasean por aquí", reconoce el comerciante, a lo que añade: "Siento que la calle está un poco abandonada", resopla. Para la encargada de Maquedano, la calle reclama "más limpieza". "Pasa muchísima gente y se ensucia muy rápido y el suelo está lleno de baldosas rotas, es peligroso", asegura Cristina.

Ochoa, Papelería Ferrer, Foronda, Maquedano, Elena Bernal, Librería San Pablo o Antonio García son algunos de los negocios sevillanos que hacen frente a las grandes marcas que pueden permitirse pagar alquileres altísimos. Nadie quiere echar a las grandes marcas, es más, todos los comerciantes con los que habla este periódico coinciden en que "es importante que estén en Sevilla". Sin embargo, no tendría que ser sinónimo de expulsar al comercio tradicional porque eso "debería ser intocable".

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