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QUE NO TE FALTE CALLE

Rastrillos solidarios, recogidas de juguetes y un cartero real: el Cerro del Águila se vuelca con su Navidad

Ni son las calles con más luces, ni las que tienen más balcones engalanados, pero en este barrio de la periferia de Sevilla las hermandades, los comerciantes y los vecinos se unen más que nunca para que nadie se quede sin fiestas estos días

Vídeo | Que no te falte calle en el Cerro del Águila

Rocío Soler Coll

Rocío Soler Coll

Rocío Soler Coll

Dice María José que la Navidad en el Cerro es entrega. Ella, que creció entre las calles del primer barrio periférico que tuvo Sevilla en los años 20, siempre ha entendido esta época del año como un momento para compartir y dar. Es una señora de 62 años sonriente, enérgica y cariñosa. Se nota que está acostumbrada a abrir las puertas de su hogar. "No soy, ni mucho menos, la única que ve así la Navidad. En el barrio la gente se implica mucho y las hermandades hacen una gran labor ahora y todo el año", insiste.

Ella lo hace de una forma peculiar. En abril de 2021 abrió un rastrillo solidario en la primera planta de su casa, en la calle Párroco Antonio Gómez Villalobos número 88. Comenzó siendo una vía para vender la ropa de su madre que guardaba en cajones y que pensó que muchos darían más uso. Cuatro años después tiene cuatro naves abarrotadas de todo tipo de cosas: zapatos, bolsos, mantas, trajes de flamenca y candelabros o figuras de porcelana. Desde la calle solo se ve un pequeño local austero y atestado de cosas. Muchas cosas. Es como una especie de cajón de sastre perfectamente clasificado donde lo mismo se puede dar con un par de calcetines nuevos como con una muñeca Nancy.

María José y María Elisa, fundadora y voluntaria del Rastrillo Solidario del Cerro del Águila.

María José y María Elisa, fundadora y voluntaria del Rastrillo Solidario del Cerro del Águila. / Rocío Soler Coll

Estos días las ventas crecen. Son muchas las familias que llegan hasta este local del barrio que se levantó junto a la fábrica Hytasa para dar con sus regalos. "Lo que vendo son donaciones de vecinos, todo el mundo quiere colaborar", presume orgullosa. "Muchas personas llegan derivadas de Cáritas, a ellos se lo regalamos todo, pero quienes vienen a comprar les vendemos mantas o abrigos a tres euros, todo muy baratito", añade. Lo que recauda con las ventas lo dona a Cáritas o a las hermandades del barrio y se transforma en vales para alimentos frescos del mercado de la plaza. "También es una manera de ayudar a los comerciantes de la plaza y para que todo quede en el barrio", explica.

Muchas personas llegan derivadas de Cáritas, a ellos se lo regalamos todo, pero también vendemos mantas o abrigos a tres euros

María José

— Fundadora del Rastrillo Solidario

No está sola en su rastrillo. Junto a ella otras cinco mujeres del barrio doblan la ropa, atienden a clientes o limpian las estanterías. No son dependientas, lo dejan claro en los pequeños carteles que adornan las salas con los precios y las normas. Ellas son voluntarias. Y entre todas destaca María Elisa, una vecina de las Tres Mil Viviendas que vive en el Cerro desde hace unos cinco años. "A mí esto me engrandece, yo lo he pasado muy mal en mi vida, pero estar aquí me ha cambiado la forma de verla. Me lo dicen hasta mis hijos", dice con una sonrisa.

Vecinas comprando comida para preparar la Navidad en el Mercado del Cerro del Águila.

Vecinas comprando comida para preparar la Navidad en el Mercado del Cerro del Águila. / Rocío Soler Coll

No es de extrañar que cuando María José y María Elisa cruzan el umbral de la puerta del mercado todo sean saludos, sonrisas, y conversaciones distendidas. La poca decoración navideña que se ve en este mercado dice mucho sobre el barrio: austeridad, alegría y dignidad. No será este el rincón más iluminado de Sevilla, tampoco el que tenga más balcones engalanados, pero a nadie le falta un "¡Feliz Navidad pa' toda tu familia!", o un "¡Que tengas un buen año!".

"Este es un barrio de gente trabajadora, pero estos días, aunque el bolsillo apriete, los vecinos no pierden la actitud. Lo noto mucho desde el mostrador, vienen con otros aires, como antiguamente", asegura Manuel Gutiérrez, comerciante y presidente del mercado. Tal como explica este vecino, el bono solidario -el vale para llenar la nevera estos días-, es cada vez más recurrente entre el vecindario.

Jóvenes comprando en el Mercado del Cerro del Águila, en Sevilla.

Jóvenes comprando en el Mercado del Cerro del Águila, en Sevilla. / Rocío Soler Coll

Los datos del último informe de Cáritas avalan la sensación de Manuel: el 45% de la población que vive en régimen de alquiler se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión social, la cifra más alta de la Unión Europea. El alquiler se ha convertido en una trampa de pobreza y, aunque muchas familias trabajen, no da para todo. De hecho, el nivel de aislamiento de las personas en exclusión severa se ha quintuplicado, pasando del 3,2% en 2018 al 16,6% en 2024. "Hay mucha necesidad", insiste el presidente del mercado.

Si alguien conoce a las familias en situaciones de vulnerabilidad en el distrito Cerro Amate, ellos son los diputados de Caridad de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores, epicentro del barrio. Llevan semanas ajetreados con recogidas de alimentos y de juguetes, con los centros de vacunación que se instalan en la sede de la hermandad y con la organización del Cartero Real.

Entre esas paredes frente a la parroquia están siempre José María Tarriño, Manuel Alés Gómez, Manuel Narváez. "Organizamos convivencias, retiros espirituales, quedadas para montar el Belén, venta de lotería, almuerzos con los mayores de la parroquia... En fin, son días de puertas abiertas", dice José María, el encargado de dar vida al Cartero Real del Cerro este año. Dice que cuenta los días para pasearse por las calles con sus beduinos recogiendo cartas y donaciones.

También colaboran estrechamente con muchas fundaciones para hacer campañas y recaudar fondos, como la de la cesta de Navidad. "Es la más grande de España", destacan.

Elena y Laura, hermanas de las hermandades del Cerro del Águila pasean por la calle Afán de Ribera.

Elena y Laura, hermanas de las hermandades del Cerro del Águila pasean por la calle Afán de Ribera. / Rocío Soler Coll

A esta hermandad se suma la del Rocío del Cerro, que se ubica a escasos metros. Su trabajo ya está hecho: han celebrado un Heraldo Real y durante el Puente de la Constitución organizaron la sexta edición del Belén viviente, donde han participado alrededor de 80 figurantes y han asistido unas 1.400 personas. "Nosotros empezamos a pensar en Navidad a la vuelta del verano", asegura Manuel García Negrete, el hermano mayor.

El olor a Navidad

No son los únicos que piensan en estas fechas con meses de antelación. Las panaderías tienen que prever los encargos con antelación para llenar sus locales de polvorones, mantecados, roscones individuales, mazapán o cestas de Navidad. En Pan de Alcalá, un pequeño y austero obrador frente al mercado, no cabe ni un alfiler por las mañanas. Los vecinos entran y salen constantemente para preparar sus cenas y comidas de Navidad. A las 10.30 de la mañana la bandeja de roscones individuales ya está prácticamente vacía.

Un vecino compra en la panadería Pan de Alcalá, frente al Mercado del Cerro del Águila.

Un vecino compra en la panadería Pan de Alcalá, frente al Mercado del Cerro del Águila. / Rocío Soler Coll

"Ahora, además del pan, también tenemos que estar pendientes del tronco de Navidad, la uva de la suerte y del rosquito de reyes", relata Eugenia Márquez, una de las empleadas de la panadería. Aquí triunfan los pastelitos, el surtido navideño de San Enrique y el pan de Alcalá, pero los roscones individuales arrasan.

"En este barrio hay mucha gente mayor que pasará estas fiestas solo, por eso se venden tanto, porque un roscón de un kilo es demasiado pero con estos pequeños se quitan el antojo". Hacen el pedido a diario a San Lorenzo y solo en estos últimos días ya han vendido unos 100 roscos pequeños y tienen alrededor de 300 encargos.

Quedan pocos días para la esperada Cabalgata de Reyes, uno de los momentos más alegres del año en estas calles sevillanas y, como dice María José, la dueña del rastrillo solidario, "aquí no sobra, pero tampoco falta lo más importante".

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