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Sorteo histórico

La lotería de Navidad que sacudió Sevilla

El sorteo extraordinario de Navidad fue creado por un ministro sevillano en el año de 'La Pepa'. Ciento treinta y nueve años después, un escándalo relacionado con el 'Gordo' también tuvo a nuestra ciudad como protagonista

La administración de Loterías La Europa, de Sevilla

La administración de Loterías La Europa, de Sevilla / A. P. M.

Antonio Puente Mayor

Antonio Puente Mayor

La creación de la lotería en España se la debemos al italiano Leopoldo de Gregorio y Masnata, más conocido como el Marqués de Esquilache. Corría el año 1763 cuando este secretario de Guerra de Carlos III instauraba la llamada Lotería de Números, un sistema basado en la lotto napolitana cuyo fin era sostener hospitales, orfanatos y obras pías, tal y como recogía su decreto fundacional. Aquel modelo, antecedente directo de la Lotería Primitiva, se basaba en la elección de números del 1 al 90 y tuvo su puesta de largo en la Plaza de San Ildefonso de Madrid.

Casi medio siglo después, la Guerra de la Independencia había dejado las arcas públicas vacías y la población luchaba por sobrevivir. En ese contexto, un sevillano llamado Ciriaco González Carvajal, entonces ministro del Consejo y Cámara de Indias, propuso importar un sorteo que se celebraba en el Virreinato de Nueva España (actual México) desde 1770. Aquella iniciativa se bautizó como Lotería Moderna y tuvo como escenario la ciudad de Cádiz, -entonces cercada por los franceses-, apenas dos semanas antes de la promulgación de la primera Constitución Española, popularmente conocida como La Pepa.

Esta precursora de la Lotería Nacional vio la luz en el número 10 de la Plaza de San Antonio, en el lugar que hoy ocupa el bar Listán Wine-Tasca, el 4 de marzo de 1812. El éxito de la iniciativa empujó a sus promotores a organizar el 18 de diciembre de 1812 un sorteo extraordinario con motivo de la Navidad. De aquel experimento surgiría el primer Gordo de la historia de España, que recayó en el número 03604 y estuvo dotado con 8.000 reales, una cantidad que hoy apenas alcanzaría los 24 euros.

Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache

Retrato de Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache / Museo del Prado

El sorteo más popular

La segunda edición del sorteo navideño se celebró en la localidad gaditana de San Fernando el 18 de diciembre de 1813, y el número agraciado fue el 08553. Esta vez se sustituyeron las cédulas de papel por bolas de madera, como las que se emplean en la actualidad. Apenas cuatro años después ya operaban en España 497 administraciones de Lotería. Con todo, no sería hasta finales del siglo XIX cuando la iniciativa comenzó a calar de forma definitiva entre los españoles: en 1892 se consolidó la denominación de Sorteo de Navidad, y en 1893 se fijó su celebración el 22 de diciembre, adelantándose al día anterior cuando la fecha coincidía en domingo.

La historia del sorteo más popular está llena de curiosidades. La primera, y quizá la más reveladora, es que desde su estreno en 1812 jamás se ha suspendido, ni siquiera durante la Guerra Civil. Los bombos metálicos no comenzaron a utilizarse hasta 1853, mientras que la denominación de Sorteo de Navidad no apareció impresa en los billetes hasta 1897. Desde 1940, además, estos se elaboran en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.

Pero si hubo un año que dejó una huella indeleble en la historia del sorteo navideño, ese fue 1951. El mismo en el que se firmó el Tratado de París que daría origen a la Unión Europea, estalló la huelga de los tranvías de Barcelona que reactivó el movimiento obrero y se conformó el sexto gobierno de España durante la dictadura franquista. Aquel año se publicaron El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, y La colmena, de Camilo José Cela; los cines estrenaron Quo Vadis y Esa pareja feliz, y las radios inmortalizaron las voces de Nat King Cole y Conchita Piquer.

Los bombos de la Lotería de Navidad ya están en el Teatro Real.

Los bombos de la Lotería de Navidad ya están en el Teatro Real. / Redacción

El 'Gordo' cae en Sevilla

Cuando en la mañana del 22 de diciembre de 1951 los Niños de San Ildefonso cantaron el número extraído del bombo, el 02704, y la suerte se repartió entre miles de personas de Sevilla, Huelva, Jerez, Algeciras, Hornachuelos, Mérida, Madridy Guadalajara, un lotero corpulento y charlatán se lamentaba en Sevilla. Respondía al nombre de Miguel Escámez Armero, era propietario de las administraciones La Europa, en la plaza del mismo nombre, y Doña Francisquita, en San Pablo, y estaba a punto de ver cómo su vida daba un giro, aunque no en el sentido esperado.

Décimo premiado en Sevilla

Décimo premiado en Sevilla / A. P. M.

Y es que durante un tiempo se había dedicado al llamado bizcocho, una argucia que consistía en imprimir un número de participaciones muy superior al de los décimos que realmente respaldaban sus administraciones. Quiso el destino que el Gordo de 1951 cayera en uno de sus números, y entonces la gorda se desató en todos los sentidos.

Para llevar a cabo la estafa, Escámez, que en 1951 rozaba los 70 años, contó con la complicidad de dos empleados, Antonio García y Manuel Barba, quienes le ayudaron a vender participaciones de una peseta de los números 02703 y 02704 en más del doble de la cantidad respaldada por los décimos que poseían. Según el periodista Juan Luis García, estas participaciones fueron encargadas "a una imprenta de Triana".

Gente estafada en 1951

Gente estafada en 1951 / A. P. M.

Cuando la noticia se propagó por la ciudad, se desató un desconcierto general que los propios estafadores intentaron apaciguar pagando los premios con los beneficios obtenidos de la venta ilegal. Sin embargo, pocas horas después, 4.808 personas (lo que la sentencia describiría como "extensos núcleos de gente modesta") pasaron de la euforia de creer que habían ganado 7.500 pesetas por cada peseta invertida -unos 2.700 euros actuales- a sumirse en la más absoluta decepción.

"Con lo feo que era el número…"

En los días siguientes arrancaron las investigaciones policiales, se produjeron las primeras detenciones y se abrió un proceso judicial en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 6, que se prolongó durante cinco años hasta concluir con la sentencia de la Sala Segunda de la Audiencia Provincial de Sevilla. Cuenta la leyenda que el propio Escámez, al ser arrestado, se preguntaba: "¿Quién iba a pensar que el 02704, con lo feo que era el número, acabaría dentro del bombo?". Luego se supo que el lotero había impreso 120.000 participaciones.

4.808 personas (lo que la sentencia describiría como "extensos núcleos de gente modesta") pasaron de la euforia de creer que habían ganado 7.500 pesetas por cada peseta invertida -unos 2.700 euros actuales- a sumirse en la más absoluta decepción.

Según las crónicas, el público que se agolpaba a las puertas de la Antigua Audiencia (hoy sede de la Fundación Cajasol, en la Plaza de San Francisco) exigía pena de muerte para Escámezy sus compinches. Asimismo, el investigador Juan Carlos Arias explica que en el patio carcelario de La Ranilla, una vez condenado Escámez, los presos gritaban el número con el que estafó al personal. "Hasta se pagó una esquela en la prensa para celebrar el primer aniversario de la estafa, en diciembre de 1952".

Escámez y sus dos socios en la Antigua Audiencia

Escámez y sus dos socios en la Antigua Audiencia / Fototeca Municipal de Sevilla

Otras estafas "navideñas"

La Justicia impuso a Miguel Escámez Armero una condena de 22 años de prisión, 12 por un delito continuado de falsedad como medio para cometer estafa y 10 por apropiación indebida, mientras que el resto de los implicados recibió penas menores, que oscilaron entre ocho años y cuatro meses. Paralelo a este proceso se inició un procedimiento administrativo de apremio y embargo de bienes contra los procesados por parte de la Tesorería de la Delegación de Hacienda de Sevilla. El caso judicial no se cerró hasta abril de 1972, más de veinte años después de estallar el escándalo.

Sentencia del Caso Escámez

Sentencia del Caso Escámez / A. P. M.

El caso Escámez llevó al Estado a prohibir que las administraciones de lotería vendieran participaciones, aunque los particulares podían seguir haciéndolo, lo que dio lugar a nuevas estafas. En 1957, en Logroño, Román Vázquez vendió más del doble de participaciones de las que tenía y, al tocarle el Gordo, fue condenado a nueve años de prisión. El famoso guionista Rafael Azcona escribiría un relato sobre esta peripecia que a punto estuvo de convertirse en una película de Berlanga.

En 1986, en el Hogar del Pensionista de Palencia, otra estafa millonaria supuso la pérdida de 1.150 millones de pesetas, tras venderse 48 décimos cuando solo había 10. Al parecer, tras consumarse el desastre, el estafador, Jacinto Sánchez, acudió a confesarse con un clérigo y, tras una larga conversación, él mismo llamó a la policía y se entregó sin resistencia.

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