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Navidad 2025

¿Sabías que existe un templo en Sevilla dedicado a Santa Claus?

Fundada por Fernando III el Santo tras la conquista de Sevilla, la iglesia que venera al popular personaje navideño se encuentra en el casco antiguo

PORTADA   El templo sevillano dedicado a Santa Claus

PORTADA El templo sevillano dedicado a Santa Claus / Antonio Puente Mayor

Antonio Puente Mayor

Antonio Puente Mayor

Ni vestía de rojo, ni montaba en un trineo, ni habitaba en el Polo Norte. El hombre que dio origen a Santa Claus nació en Patara, una ciudad portuaria de Anatolia -hoy Turquía-, en el seno de una familia de griegos cristianos. La tradición nos cuenta que vio la luz el 15 de marzo del año 270, fue bautizado como Nicolás y, tras ser educado en la fe, desde niño destacó por su gran generosidad.

Según San Metodio, arzobispo de Constantinopla y autor de su biografía en el siglo IX, tras la muerte de sus padres, Nicolás heredó una gran fortuna que dedicó íntegramente a los necesitados. Una de sus acciones más célebres, recogida en la Vida de San Nicolás de Miguel el Archimandrita, cuenta cómo socorrió a un padre arruinado que no podía pagar la dote de sus tres hijas, condenándolas a la prostitución.

Para evitarlo, Nicolás arrojó de noche por la ventana una bolsa con monedas de oro. Gracias a ese gesto la primera hija pudo casarse, y el benefactor repitió la acción con una segunda bolsa. El relato, recogido por el escritor medieval Jacopo Da Varazze y cuyo sustrato histórico es defendido por Adam C. English, profesor de la Campbell University de Carolina del Norte, en base a su temprana atestación, culmina con el padre descubriendo a Nicolás cuando se disponía a ayudar a la tercera muchacha.

Unas medias de lana

La entrega nocturna de los regalos es una de las escenas más repetidas del arte cristiano europeo. Aparece en iconos y frescos de distintas épocas y regiones, con variaciones en los detalles. Habitualmente, el santo es representado con capucha, mientras las tres hijas aparecen acostadas y vestidas para dormir. En muchas de estas imágenes, analizadas con detalle por el historiador holandés Jona Lendering, se añaden elementos simbólicos, como un ciprés o una cúpula coronada por una cruz. En otra versión de la historia, Nicolás no lanza las monedas de oro por la ventana sino por la chimenea, cayendo milagrosamente en unas medias de lana que las tres jóvenes habían dejado secando.

Este detalle de las medias daría lugar a la tradición de los calcetines de Navidad así como a una celebración que se haría muy popular en la España del siglo XVI, la ‘Fiesta del Zapato’. En ella, las medias mudaban en zapatos en una representación teatral que se escenificaba cada 6 de diciembre y a la que asistían todos los aristócratas y grandes personajes de la villa y corte de Felipe II, según los cronistas Narciso Díaz de Escovar y Francisco de Paula Lasso de la Vega.  

Otro relato sitúa a Nicolás en una peregrinación a Tierra Santa. Durante la travesía, el barco estuvo a punto de naufragar por una fuerte tormenta, la cual cesó tras su intervención. A partir de entonces, comenzó a ser venerado como protector de marineros y viajeros –también es patrón de prostitutas, comerciantes, arqueros, ladrones arrepentidos, niños, cerveceros, prestamistas, solteros y estudiantes en varias ciudades y países de toda Europa-.

De Myra a Bari

Posteriormente, Nicolás se trasladaría a vivir a Myra, -otra ciudad de Anatolia-, donde acabaría siendo consagrado obispo de una manera cuanto menos singular. Cuenta la leyenda que, tras la muerte del prelado anterior, varios sacerdotes y obispos discutían sin llegar a un acuerdo sobre su sucesor. Finalmente, decidieron nombrar obispo al primer sacerdote que entrara en el templo, que, de forma providencial, resultó ser Nicolás.

En el año 325, Nicolás participó en el Primer Concilio de Nicea, donde se posicionó contra el arrianismo y a favor de la doctrina trinitaria. Su asistencia queda atestiguada tempranamente por la lista de Teodoro el Lector, historiador del siglo VI, que lo registra como el asistente 151. Asimismo se le atribuyen muchos milagros, como el de los tres niños, una historia terrorífica. Este relato cuenta que un tabernero asesinó y descuartizó a tres niños para dar de comer a sus clientes. Nicolás resucitó a los críos cuyos restos estaban en el interior de un barril de madera. Por este hecho se le suele ver representado con tres niños a su lado en una cuba.

San Nicolás, que fue perseguido por el emperador romano Diocleciano, pero vivió lo suficiente para ver la legalización de la fe cristiana por parte de Constantino, murió el 6 de diciembre del año 343 en Myra, pero sus restos descansan en la ciudad portuaria de Bari (Italia). Allí fueron a parar sus huesos tras ser sacados de Anatolia por la conquista musulmana, en 1087. Por eso en Oriente se le conoce como “San Nicolás de Myra” y en Occidente como “San Nicolás de Bari”. Por cierto que, en 2017, un equipo de arqueólogos encontró su tumba en una iglesia de Demre (la antigua Myra), que desde entonces “rivaliza” con la basílica de San Nicolás de Bari.

San Nicolás de Bari, en la iglesia homónima de Sevilla

San Nicolás de Bari, en la iglesia homónima de Sevilla / El Correo

San Nicolás en Sevilla

Este es precisamente el título que posee el templo sevillano dedicado a Santa Claus, término anglosajón que deriva del holandés Sint Nikolaas o Sinterklaas –Papá Noel es una adaptación del francés Père Noël, que significa “Papá Nacimiento” o “Papá Navidad”- y que se alza en el casco antiguo. El origen de la iglesia se remonta a la segunda mitad del siglo XIII, coincidiendo con la conquista de Sevilla por Fernando III el Santo, por lo que su estilo original era gótico-mudéjar. Si bien, al ser reconstruida entre 1752 y 1758, posiblemente por los arquitectos del arzobispado Ambrosio de Figueroa y Pedro de Silva, cambio su fisonomía.

La mayoría de sevillanos conoce la iglesia de San Nicolás como la sede de la Hermandad de la Candelaria, pero pocos se habrán fijado en que el retablo de Felipe Fernández del Castillo (siglo XVIII) está presidido por Santa Claus. Eso sí, la talla realizada en madera por un autor anónimo del siglo XVII dista bastante de la imagen moderna que tenemos del personaje, pues tiene la barba oscura y viste con ropas de obispo. ¿Cúando surgen la barba blanca y el atuendo al que estamos acostumbrados?

Para ello hay que esperar a 1809, cuando se comienza a popularizar en Norteamérica la figura del religioso gracias al escritor estadounidense Washington Irving. En Una historia de Nueva York, el autor de La leyenda de Sleepy Hollow y Cuentos de la Alhambra menciona a San Nicolás por su relación con los holandeses, quienes fundaron la ciudad en el siglo XVII bajo el nombre de Nueva Amsterdam –más tarde, tras caer en manos de los ingleses, sería renombrada como Nueva York-, y lo que es más relevante: importaron su fiesta del 6 de diciembre.

San Nicolás de verde en una publicación estadounidense. Missouri History Museum

San Nicolás de verde en una publicación estadounidense. Missouri History Museum / Missouri History Museum

Verde, rojo y azul

En su satírico texto, Irving representa al personaje como un marinero holandés rechoncho vestido con abrigo, guantes y botas, lo que a la postre sería la primera representación moderna de Santa Claus. En cuanto al color del atuendo, este variaba en función de la representación, pudiendo ser verde, rojo e incluso azul.

En 1820, un poema de otro estadounidense, Clement Clark Moore, titulado Una visita de San Nicolás, cuenta cómo Santa Claus reparte regalos la noche de Navidad en un trineo tirado por ocho renos. El autor lo describe como de rostro amable con mofletes rosados, regordete y larga barba blanca, vistiendo un abrigo de piel, botas y gorro. Si rastreamos en las fuentes observaremos que la figura recreada por Moore hunde sus raíces en Odín, el dios nórdico al que los vikingos situaban en la noche del 21 de diciembre surcando los cielos en su carro, premiando a los virtuosos y castigando a los malvados.

El moderno Santa Claus

¿Y qué hay de la idea de que la imagen actual de Santa Claus fue creada por Coca-Cola? En realidad, se trata de una leyenda urbana. El personaje que hoy todos reconocemos existía antes incluso de que el farmacéutico John Stith Pemberton inventara el refresco azucarado en 1886. Ya en la década de 1860, el dibujante Thomas Nast popularizó en Harper’s Weekly una serie de ilustraciones navideñas de San Nicolás, inspiradas en el abrigo de marinero descrito por Washington Irving. Su éxito fue tal que numerosas compañías comenzaron a utilizar esa imagen en su publicidad.

Así que, si quieres conocer al verdadero Santa Claus, solo tienes que acercarte a la calle Muñoz y Pabón, en pleno centro de Sevilla. Allí te espera en su iglesia, ataviado según la tradición y acompañado nada menos que por Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de la Candelaria.

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