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Navidad en Sevilla

Los Santos Inocentes en la Catedral de Sevilla: así cuentan sus obras de arte la matanza de los niños según San Mateo

La matanza de niños descrita en el Evangelio de San Mateo ha inspirado obras de arte desde los primeros siglos del cristianismo. La Magna Hispalensis cuenta con dos ejemplos extraordinarios

La Matanza de los Santos Inocentes en la Catedral de Sevilla

La Matanza de los Santos Inocentes en la Catedral de Sevilla / Antonio Puente Mayor

Antonio Puente Mayor

Antonio Puente Mayor

Sevilla

Hijo de Antípater, de origen idumeo, y de Cipros, princesa nabatea, Herodes el Grande, recordado en la historia de Israelpor el vasto programa constructivo que promovió, desde el puerto artificial de Cesarea hasta la reconstrucción del Segundo Templo de Jerusalén, no era judío. Pese a ello, con apenas veinticinco años fue nombrado prefecto militar de Galilea y, tras alinearse con el romano Marco Antonio y reconquistar Jerusalén en el año 37 a. C., alcanzó el título de rey de los judíos.

Pese a sus logros, Herodes nunca fue aceptado como rey legítimo por los judíos. Su reinado estuvo marcado por una profunda contradicción religiosa y por un carácter violento y paranoico. Mientras levantaba el Templo de Yahvé, promovía santuarios paganos y, en el ámbito familiar, su crueldad fue extrema: mandó asesinar a su esposa Marianne y a varios de sus hijos, convencido de que conspiraban contra él. Esta obsesión por la traición desembocó en una decisión tan cruel como delirante: ordenar la ejecución de varios notables del reino a su muerte, para que las gentes de Judea, quisieran o no, le lloraran.

"De dos años para abajo"

De los cuatro evangelistas canónicos tan sólo Mateo recoge el episodio que se recuerda cada 28 de diciembre: "Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: "Un clamor se ha oído en Ramá, / mucho llanto y lamento: / es Raquel que llora a sus hijos, / y no quiere consolarse, / porque ya no existen".

¿Pudo ocurrir realmente la Matanza de los Santos Inocentes? Flavio Josefo, autor de Antigüedades judías y principal fuente histórica sobre el reinado de Herodes, no subrayó reiteradamente la crueldad del monarca, pero no mencionó este episodio concreto. No obstante, resulta verosímil que la matanza de los niños de Belén, una aldea de escasa población, fuera limitada en número y, por ello, no quedara reflejada en las crónicas de la época. ¿Por qué, entonces, la Matanza de los Inocentes adquirió tanta relevancia en el cristianismo? La respuesta se encuentra en los evangelios apócrifos, desde el Evangelio Árabe de la Infancia hasta la Historia de José el Carpintero, con especial protagonismo del Evangelio Armenio de la Infancia.

Pintura mural en San Isidoro de León

Pintura mural en San Isidoro de León / El Correo

Un tema popular en la Edad Media

Éric Berthon, autor de En el origen de la espiritualidad medieval de la infancia: los Santos Inocentes (1997), expone una cincuentena de comentarios y sermones de Padres de la Iglesia que glosan el pasaje ya desde el siglo II, a lo que hay que añadir las menciones presentes en sacramentarios, calendarios, martirologios, etc. Por su parte, Francisco de Asís García García, profesor de Historia del Arte en la Universidad Autónoma de Madrid, recuerda que el crimen ordenado por Herodes fue un tema recurrente en el teatro medieval, sobresaliendo la Interfectio puerorum (siglo XII). Ya en el siglo XIII, el poema Libre dels tres reys d’Orient menciona la fiesta litúrgica de los Inocentes calificándolos de primeros mártires.

A esta difusión contribuyó de forma decisiva la Leyenda áurea, uno de los libros más leídos de la Edad Media, que dedica un capítulo completo a la Matanza de los Inocentes. Su autor, Jacopo da Varazze, centra el relato en la figura de Herodes y en la edad de los niños asesinados, haciéndose eco de la interpretación de Juan Crisóstomo, uno de los grandes Padres de la Iglesia oriental, quien afirmaba que el monarca ordenó matar a todos los menores de entre dos y cinco años.

Chartres, León y Sevilla

El tema de la Matanza recuerda la acción vengativa del Faraón con los israelitas narrada en el Éxodo (Ex. 1, 15-22), y, si bien puede encontrarse en multitud de formatos y soportes, fue preferentemente ilustrado en manuscritos, pintura mural y sobre tabla, mosaico y escultura monumental. En el arte gótico, por ejemplo, lo encontramos en el Pórtico Real de la catedral de Chartres, en el trascoro de la catedral de Notre-Dame de París, o en la Puerta de San Juan de la catedral de León, pudiendo hallarse más representaciones en el Panteón Real de San Isidoro de León, en la iglesia de Santo Domingo de Soria, en Burgo de Osma o Toledo.

La Catedral de Sevilla también representa la Matanza de los Santos Inocentes a través de la escultura. César López Gómez, graduado en Historia del Arte e Intérprete del Patrimonio, recuerda en su blog cultural que el retablo mayor de la Catedral de Santa María de la Sede, una imponente Biblia Dorada diseñada por el escultor flamenco Pedro Dancart en 1482 y ejecutada a lo largo de más de ocho décadas, incluye este episodio bíblico. La escena se localiza en el cuerpo inferior, a la derecha de la calle central, donde Herodes aparece entronizado, sosteniendo el cetro mientras contempla el infanticidio: dos soldados atraviesan a sendos niños con sus armas y una mujer intenta impedir que un tercer soldado asesine a su hijo.

Retablo Mayor de la Catedral de Sevilla

Retablo Mayor de la Catedral de Sevilla / El Correo

Un caballero y dos cardenales

Sin salir de la Magna Hispalensis podemos admirar otra representación en la Capilla de la Concepción Grande o de San Pablo, que se encuentra situada entre la Capilla Real y la Puerta de Campanillas. En ella fueron enterrados los caballeros que acompañaron al rey Fernando III durante la conquista de la ciudad, si bien, cuando en 1654 sus restos fueron trasladados a la Sacristía de los Cálices, el patronato de la capilla pasó a manos de Gonzalo Núñez de Sepúlveda, caballero de la Orden de Santiago y Veinticuatro de Sevilla.

Hoy, el caballero descansa en el muro izquierdo de la capilla, bajo una losa sepulcral con el escudo de armas familiar, diseñado por Juan de Valdés Leal. El espacio alberga auténticas joyas artísticas, como un retablo barroco de 1656, con columnas salomónicas y esculturas de Alonso Martínez (entre ellas la Inmaculada Concepción y el Cristo de San Pablo, acompañado de San Gonzalo de Amarante y San Antonio de Padua). Como dato curioso cabe señalar que para esta misma capilla pintó Murillo su famosa obra El Nacimiento de la Virgen, hoy en el museo del Louvre de París, tras haber sido expoliada por los franceses.

Asimismo, desde abril de 2022, el suelo de la Capilla de San Pablo acoge los restos del cardenal Carlos Amigo Vallejo. Él mismo la eligió cuando realizó una visita para conocer en profundidad la sede en la que ejercería su episcopado. No es el único prelado enterrado allí. Desde 1881, en el muro derecho puede verse el sepulcro neogótico del cardenal Francisco Javier Cienfuegos y Jovellanos, realizado en los talleres Barrado, según diseño de Manuel Portillo.

Sepulcro del cardenal Cienfuegos

Sepulcro del cardenal Cienfuegos / El Correo

"Posturas verdaderamente logradas y llenas de movimiento"

Sobre la tumba de Cienfuegos sobresale una pintura, La Matanza de los Santos Inocentes, obra atribuida al pintor italiano Jacopo Fardella por la historiadora del arte Evelina Borea y documentada por el profesor Enrique Valdivieso en el Catálogo de las pinturas de la Catedral de Sevilla (1993). Se trata de una pintura al óleo de 2,49 x 3,90 metros cuyo estilo barroco salta a la vista. La escena, plena de personajes recogidos en primer plano y a gran tamaño, describe la cruda lucha sostenida entre las madres de los niños y los soldados de Herodes, dejando tanto los adultos como los niños sus anatomías al descubierto.

Según la Guía digital del Patrimonio Cultural de Andalucía, “las mujeres intentan proteger a sus hijos y a la vez se defienden o atacan a sus asesinos, produciéndose posturas verdaderamente logradas y llenas de movimiento". Asimismo es digna de mención "la diferenciación que logra el pintor entre los cuerpos que aún están vivos y los de los niños fallecidos, gracias a la aplicación de una gama cromática que refleja en buena medida su estado cianótico".

'La Matanza de los Santos Inocentes', de Japoco Fardella

'La Matanza de los Santos Inocentes', de Japoco Fardella / Picasa

¿Jacopo o Giacomo?

El Dizionario Biografico degli Italiani, en base a los estudios de Evelina Borea, identifica al autor de la Matanza de los Santos Inocentes como Giacomo Fardella de Calvello, originario de Sicilia y activo entre Nápoles y Florencia en la segunda mitad del siglo XVII (Giacomo es la forma moderna más común en italiano, mientras que Jacopo se usaba sobre todo en la Toscana y en contextos históricos o literarios entre los siglos XIV y XVII). Su producción fue analizada por primera vez en el catálogo de la Mostra della natura morta italiana (1964), donde se presentaba una Naturaleza muerta con frutas y setas que hoy puede admirarse en la Galería del Palacio Pitti de Florencia.

Borea señaló al pintor Luca Forte como primer referente de Fardella, junto a otras influencias como Lucas Jordán y Caravaggio. Por su parte, los profesores Luis Martínez Montiel y Alfredo J. Morales indican en el trabajo La catedral de Sevilla (1999) que La Matanza de los Santos Inocentes, actualmente en la Capilla de San Pablo, procede del Convento de los Capuchinos de Sevilla (siglo XVII) ubicado en la Ronda Histórica. Tras la desamortización de 1835, muchas de sus piezas se dispersaron, y hoy pueden contemplarse, además de en la Catedral, en la Iglesia de Santa Marina y en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

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