MEDICINA
Carlos Infantes, cardiólogo y académico sevillano: "Entiendo el hartazgo, pero un médico no debe hacer huelga"
El presidente de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla (RAMSE) analiza la actualidad médica andaluza: desde los fallos en los cribados y las condiciones laborales de los facultativos hasta las jubilaciones "forzadas"

Rocío Soler Coll
El doctor Carlos Infantes ha sido reelegido como presidente de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla (RAMSE) para una segunda legislatura. Por sus 32 años entregado a la sanidad pública como jefe de Cirugía Cardiovascular del Hospital Virgen Macarena y su trayectoria en Estados Unidos y Canadá, este facultativo sevillano se ha convertido en referente de la medicina a nivel nacional. Preside una institución desconocida para la ciudadanía, pero él es un fiel reflejo de la cercanía propia de un médico experimentado. A él también le frustran las condiciones laborales en la pública, le indigna que un médico tenga que jubilarse a los 65 aunque no quiera, le preocupa la fuga de talento y habla con cautela de los fallos en los cribados del cáncer de mama.
Como presidente de la RAMSE, su principal objetivo en los próximos cuatro años es seguir trabajando para acercar la academia de medicina más antigua del mundo a la sociedad, a la gente. Cuando llegó se encontró de frente con un problema económico y tuvo que concentrar los esfuerzos en resurgir los fondos de esta institución. Ahora insiste en que ha llegado el momento de entregarle la casa de la medicina a los sevillanos. "La academia siempre ha estado abierta para el que quisiera entrar, pero tenemos una repercusión en la sociedad escasa, desgraciadamente. Por eso ahora vamos a salir nosotros a la calle", explica.

El doctor Carlos Infantes, presidente de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla. / Rocío Soler Coll
Se refiere a las charlas, conferencias, cursos de formación y mesas redondas que se van a organizar en los próximos meses de la mano de colaboraciones con entidades y fundaciones. Acciones con un único fin: incentivar el apego entre la sociedad y la academia. "Queremos que la gente le tenga cariño a esta institución, que no sea un lugar solo para académicos", dice.
Durante su conversación con este periódico en uno de los despachos del edificio de la calle Abades, repite en diversas ocasiones que no quiere ser el protagonista de la charla, que debe serlo la institución. Pero también responde con transparencia y sinceridad desde sus propias convicciones. La primera - y seguramente la base de todo- es la vocación. O la falta de ella en los tiempos que corren. "A los jóvenes les diría que se miren en el espejo y se pregunten si tienen o no tienen vocación, porque la vocación es una palabra muy gorda, es la tendencia natural para hacer algo que satisfaga a una persona", sostiene.
Cuando Infantes terminó la carrera de Medicina tuvo la oportunidad de seguir su formación en el Centro Médico de la Universidad de Stanford (Estados Unidos), una de las más prestigiosas del mundo. Al terminar su estancia le ofrecieron quedarse como fellow, es decir, como académico. Tuvo que enfrentarse al dilema que tantos jóvenes médicos tienen hoy: dejar su país por unas mejores condiciones laborales o quedarse en casa con un sueldo muy inferior. "Vi que tenía la obligación de volver a España, lo hice por vocación", recuerda. Volvió y casi 40 años después de aquella decisión pide a los jóvenes que sientan ese espíritu llamado "vocación" que se queden en su tierra. "Queremos y necesitamos médicos, no licenciados en medicina", apunta. La realidad es que todas las semanas hay facultativos que dejan Andalucía: en 2024 perdió 53 médicos cada mes.
El derecho a la huelga
En diciembre del año pasado miles de médicos de todo el país fueron llamados a una huelga de cuatro días, la más larga en los últimos 30 años. Sevilla fue la provincia andaluza con mayor seguimiento, hasta el 43%. ¿El motivo? Reivindicar el ya famoso Estatuto Marco y denunciar las actuales condicionales laborales. Precisamente, en la manifestación que tuvo lugar en la capital andaluza se leyó en pancartas: "¡No es vocación, es explotación!".
A los jóvenes les diría que se miren en el espejo y se pregunten si tienen o no tienen vocación, porque la vocación es una palabra muy gorda
"Estoy totalmente convencido de que el médico está harto y tiene que expresar su hartazgo por el maltrato que se le da, no solo un maltrato económico, sino un maltrato conceptual. Pero a mi parecer un médico no debe hacer huelga. Desde mi punto de vista el médico no puede dejar de atender a un paciente. Distinto es que no vaya a una reunión de programación, pero el enfermo ingresado o las operaciones programadas no se pueden suspender porque se perjudica al paciente y a su familia. Busquemos los medios para protestar, que tenemos derecho, pero no utilicemos el coercitivo en el que el paciente es el que paga el plato", argumenta el doctor, que durante años ejerció tanto en la pública como en la privada.
"Si faltan radiólogos que también llamen a los jubilados"
Antes de la huelga estalló el mayor escándalo sanitario en Andalucía en los últimos años: los fallos en los cribados de cáncer de mama que han afectado a más de 2.000 mujeres y que se han concentrado en el Hospital Virgen del Rocío. Si algo puso en evidencia esta crisis es la falta de médicos en la bolsa de empleo público. La propia Junta de Andalucía ha activado medidas extraordinarias para poder cubrir las ampliaciones de plantilla. Ante este escenario, Infantes denuncia las jubilaciones forzadas: "Si faltan radiólogos para hacer screenings, que se vuelvan a contratar a todos aquellos médicos jubilados que se ven con capacidad de seguir trabajando y tienen 65 o 70 años".
Busquemos los medios para protestar, que tenemos derecho, pero no utilicemos el coercitivo en el que el paciente es el que paga el pato
Desde su punto de vista, la ley obliga a muchos médicos a quitarse la bata blanca antes de lo deseado. Como consecuencia, sostiene que se pierden miles de profesionales que el sistema necesita. "¿Cuántos radiólogos jubilados estarían deseando trabajar? La ley dice que a los 65 hay que jubilarse. Yo tengo 81 años y no puedo hacer una operación de corazón de 12 horas como venía haciendo, pero puedo hacer estudios de la Aorta y los radiólogos pueden interpretar placas para ver si hay un tumor", insiste.

El doctor Carlos Infantes, presidente de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla. / Rocío Soler Coll
Para Infantes la opción de retrasar la jubilación -en caso de que así lo quiera el médico- sería beneficioso para el sistema y para los profesionales. "Hay muchos médicos que han dedicado su vida a la sanidad pública y que de la noche a la mañana no tienen ni siquiera que aparecer por el hospital aunque querrían seguir trabajando. A ellos les diría que trabajasen cuatro horas para que también tuvieran tiempo para su vida personal. Pero no se hace nada de todo esto. Hay tanto que discutir sobre el tema y se podrían aportar tantas ideas...", comenta con impotencia.
Un cambio en el rol del médico rural
Otro de los grandes temas que preocupa a la RAMSE es la figura del médico rural, el profesional que trabaja en zonas de dificil acceso y cubre una plaza poco o nada deseada en las bolsas de empleo. "Tenemos una idea en la cabeza de lo que era el médico rural: nos imaginamos a aquellos que iban a caballo, o que después iban con la motillo de pueblo en pueblo atendiendo a los pacientes. Pero ahora lo hemos cambiado por el licenciado en medicina y cirugía, que no es lo mismo que el médico. Entonces, para mí es muy importante que en el medio rural hay una estructura", destaca el cardiólogo.
Insiste en la importancia de que el facultativo sea "médico" y tenga todo lo necesario a su alcance para poder ejercer la medicina. "Se necesita un médico que ejerza durante 20 años en el pueblo y no aquello de ¿Qué médico viene esta semana? Viene uno de Huelva, ahora uno de de Sevilla. ¿Cómo se puede cambiar de médico y que se encuentre con 20 enfermos citados que no conoce de nada y a lo que cada uno le da una solución para quitarse el problema de encima y no tiene posibilidades de ahondar en averiguar lo que le ocurre al problema", reclama.
Así, Infantes reivindica un médico que conozca a los vecinos del pueblo, la patología que predomina en la zona o, por ejemplo, las enfermedades hereditarias. "Eso ya no existe", lamenta.
La IA como aliado de la medicina
Por último, aborda la Inteligencia Artificial. La misma que ha entrado de lleno en los hospitales privados andaluces. Infantes lo celebra, pero lamenta que esa misma tecnología no esté funcionando ya en los centros públicos. "La diferencia es abismal. Yo, como médico, puedo atender a un paciente mirando la pantalla del ordenador porque estoy escribiendo los síntomas que me cuenta o puedo hablar con él mirándole a la cara. Si le miro a la cara le podré preguntar como se siente, podré ver su rostro y si se le nota cansado o si tiene un resfriado porque podré hablar en función de lo que observo. Para mí eso es hacer medicina. Ahora la Inteligencia Artificial, a través de un micrófono, nos transcribe la conversación entre médico y paciente y los profesionales dejamos de ser esclavos de un teclado, como sucede ahora", relata.
A él, estas nuevas herramientas le convencen y lejos de tenerle miedo a la IA, la abraza. "¿Pero por qué esto no está en la pública?". Esta es, para Infantes, la gran pregunta.
De estos y de otros temas puramente médicos como la atención a los recién nacidos con algún tipo de discapacidad intelectual son algunos de los debates que se ve en la obligación de poner sobre la mesa de los académicos para definir una posición y apostar por ellos frente a los organismos políticos. "Quiero potenciar al máximo nuestra presencia en los temas que afectan a la gente", sentencia.
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