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Colonias felinas en la prisión Sevilla II: bienestar animal tras los muros

La implicación del personal y el apoyo institucional permiten el control y cuidado de colonias felinas dentro de un entorno penitenciario especialmente complejo

Gatos de la colonia felina de la prisión Sevilla II.

Gatos de la colonia felina de la prisión Sevilla II. / El Correo

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María José Carmona

Sevilla

En la prisión Sevilla II, ubicada en el término municipal de Morón de la Frontera (Sevilla), conviven desde hace años varias colonias felinas que son alimentadas, controladas y esterilizadas gracias a la implicación directa de personal del centro y al respaldo de la dirección. Una realidad poco conocida fuera de los muros penitenciarios que plantea cuestiones relacionadas con el bienestar animal y la convivencia en un entorno especialmente complejo como es un centro penitenciario.

Colonias felinas controladas

Aunque no es la única cárcel del país en la que existen colonias felinas, Sevilla II presenta algunas peculiaridades. Una de las más relevantes es la implantación del protocolo CER (captura, esterilización y retorno), que permite controlar la población felina y mejorar sus condiciones de vida.

Personal que cuida de la colonia felina en la prisión.

Personal que cuida de la colonia felina en la prisión. / El Correo

A ello se suma la colaboración del Ayuntamiento de Morón de la Frontera, donde la colonia está registrada oficialmente. Esta legalización facilita tanto la alimentación como la castración de los animales, ya que el consistorio dona pienso y llega a acuerdos con clínicas veterinarias.

El compromiso del personal

Detrás de este trabajo hay nombres y compromiso personal. Julio, médico del centro; Mavi, farmacéutica, y Susana, trabajadora social, se encargan actualmente del cuidado de los gatos. Capturan a los animales para su esterilización, los alimentan y les proporcionan refugio en casetas que ellos mismos han acondicionado.

Las hicimos con las cajas de las vacunas de la gripe”, explica Mavi. “Son impermeables, resguardan del frío y atenúan las temperaturas altas”.

Varios gatos en la prisión.

Varios gatos en la prisión. / El Correo

Julio destaca también el apoyo de la dirección del centro. “Nos está facilitando cosas que ni imaginábamos, como poder instalar estas casetas. Incluso pagó las esterilizaciones antes de que llegara el acuerdo con el ayuntamiento”, señala.

El origen de la iniciativa

El origen de esta iniciativa se remonta años atrás, cuando Carolina, una funcionaria que ya no trabaja en Sevilla II, comenzó a alimentar a los gatos que merodeaban dentro y fuera del recinto. Aunque actualmente está destinada en otro centro, sigue colaborando activamente: compra el pienso feral y se encarga de la gestión económica, recogiendo las aportaciones de quienes participan.

Antes de marcharse, Carolina pidió a Julio que los gatos no quedaran desatendidos. Él aceptó el relevo casi sin experiencia previa. “Yo no había tenido que ver nada con gatos en mi vida”, explica. Desde hace unos cuatro años se ocupa de varias colonias, cinco en el exterior del centro, que apenas se mezclan entre sí, salvo algunos gatos itinerantes.

Poco después se incorporó Mavi, que se encarga principalmente de los comederos y bebederos, aunque su labor va mucho más allá. En más de una ocasión ha tenido que hacer de “nodriza” para crías recién nacidas abandonadas. “Lo he tenido que meter en mi pecho, o se moría del frío”, relata. Uno de esos gatos es Pinchito, hoy adulto y en buen estado.

Uno de los gatos que forman parte de las colonias felinas de la prisión Sevilla II, atendidas por personal del centro dentro del programa de control y bienestar animal.

Uno de los gatos que forman parte de las colonias felinas de la prisión Sevilla II, atendidas por personal del centro dentro del programa de control y bienestar animal. / El Correo

Adopciones y dificultades del entorno

Además del control de las colonias, desde hace años algunos de los gatos salen en adopción. Se trata de procesos muy cuidados y selectivos, en los que se evalúa el entorno y el compromiso de las familias adoptantes para garantizar una vida estable y evitar nuevos abandonos.

El objetivo final del protocolo CER es que las colonias disminuyan progresivamente, pero en Sevilla II resulta complicado. El nivel de abandono animal en la zona es elevado y el centro penitenciario se encuentra en un entorno rural, lo que favorece la llegada constante de gatos procedentes de fincas colindantes. También aparecen perros abandonados, algunos de los cuales terminan quedándose en los alrededores.

Los “gatitos talegueros”

Aun así, el equipo continúa alimentando y atendiendo a estos “gatitos talegueros”, como los llaman cariñosamente. Bajo ese nombre se puede encontrar su cuenta de Instagram, donde se muestra el día a día de los felinos de la cárcel de Morón: Manchita, Cola Bonita, Golfa, Diablo o Zarpa, entre otros, hasta sumar alrededor de medio centenar de gatos.

Una presencia felina que, además, ha tenido un efecto colateral evidente: la desaparición casi total de ratas en la prisión y sus alrededores.

El gran reto ahora es el relevo generacional. Los años pasan, llegan jubilaciones y traslados, y los “gatitos talegueros” seguirán necesitando personas que garanticen su cuidado. Mantener el bienestar animal en un entorno tan hostil como un centro penitenciario es posible, pero solo si hay quienes estén dispuestos a hacerse cargo y no mirar hacia otro lado.

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