Agricultura
La despensa sevillana de arroz se desborda: la producción de 2025 sigue sin venderse y se prevé una campaña récord este año
Los arroceros piden ayuda al Gobierno central para que los productos agroalimentarios se incluyan en el mecanismo activado por Bruselas para reducir la huella de carbono y así reducir la competencia de terceros países que copan el mercado

Un grupo de jornaleros durante su labor en Isla Mayor, en una imagen de archivo. / María José López / Europa Press

Las marismas del Guadalquivir han recibido mucha agua en los últimos meses por el tren de borrascas continuado que ha provocado anegaciones de fincas, caídas de frutos al suelo y graves daños en infraestructuras. En localidades como Isla Mayor, los arroceros esperan a que las parcelas terminen de secarse para comenzar con los trabajos previos a la siembra que, como cada año, se iniciará previsiblemente a principios de mayo.
En cualquier caso, será uno de los cultivos más beneficiados en un entorno en el que otros muchos agricultores han visto mermadas sus producciones en invierno por el temporal. En la actualidad, los embalses de regulación general se encuentran en el entorno del 80%, "algo histórico", por lo que la campaña se prevé exitosa y los agricultores la afrontan con "ilusión".
Arroz guardado en los silos
Eso a pesar de que aún queda mucho arroz almacenado en los silos. Eduardo Vera, director gerente de la Federación de Arroceros de Sevilla, asegura que la situación es preocupante. "Tenemos el arroz guardado por la entrada masiva de producción Myanmar y Camboya", se lamenta.
Vera y representantes de otras zonas productoras de España se reunieron esta semana con miembros del Ministerio de Agricultura para manifestarles sus preocupaciones a este respecto. "Los mercados no están apostando por comprar nuestro arroz, que es de mucha mayor calidad, y eso es un problema para la continuidad del cultivo porque si tenemos buena cosecha y el anterior no llega a los mercados, no vamos a poder almacenar y vamos a tener muchas pérdidas", asegura.
"Siempre escuchamos que el sector va estupendamente, pero eso no es verdad: en la campaña pasada entraron 1,7 toneladas de arroz de fuera del continente, lo que supone superar el millón y medio que producimos los ocho países que tenemos arroz de la UE y así es imposible competir", subraya. En este sentido, recuerda que dicha producción del Viejo continente copa el 70% de la demanda europea mientras que el resto llegaba de otros sitios, algo que ya no es así.
Sin fitosanitarios para combatir las plagas
Además, asegura que el sector se ha quedado sin materias activas para combatir las plagas. "Ya el año pasado se cumplió el objetivo de la agenda 203 con la reducción a la mitad de materias activas y los agricultores nos preguntamos a qué viene tanta prisa si luego entran producciones que usan fitosanitarios prohibidos aquí y son consumidos por los europeos. Por no hablar de las condiciones de trabajo de otros países, donde explotan incluso a los niños. No tiene sentido y es una hipocresía porque además luego se habla de proteger los humedales y, sin el arroz, es que desaparecen los parques naturales como Doñana", abunda Vera.
Aunque el director gerente de la asociación reconoce que las decisiones que les han perjudicado proceden de Bruselas, su encuentro con representantes del Gobierno central les ha servido para poner sobre la mesa nuevas alternativas para salvaguardar sus cultivos. "El mejor arroz del mundo se encuentra a expensas de uno de peor calidad y eso no puede ser", subraya.
Fuga de carbono
Por ello, han solicitado a la pata relacionada con Comercio de la Administración central -ya que por la parte de Agricultura es difícil cambiar la situación- que se active también a los productos agroalimentarios el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), un instrumento que aborda el riesgo de fuga de carbono que se produce cuando, por razón de costes derivados de políticas climáticas, las empresas de determinados sectores o subsectores industriales trasladan su producción a otros países, o cuando las importaciones procedentes de estos países sustituyen a productos equivalentes que son menos intensivos en términos de emisiones de gases de efecto invernadero.
"En este acuerdo no entran nuestros productos y no lo podemos entender, porque no tiene sentido que el arroz llegue a nuestros platos por ejemplo desde Argentina, a 10.000 kilómetros; así que hemos pedido ayuda para que se incluya porque, a este ritmo, el arroz desaparece", resume.
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