DÍA DE LA MUJER
Julia de Gabriel, cartelista del 8M en Sevilla: "Para mí vestir siempre de rosa es algo muy serio"
La joven artista sevillana de 23 años, viral en multitud de vídeos en las redes, ha sido la encargada de llevar a cabo los carteles para la campaña del Día de la Mujer del Ayuntamiento de Sevilla

Rocío Soler Coll
La vida de Julia de Gabriel (Sevilla, 2002) no ha sido precisamente de color de rosa, por mucho que el rosa sea hoy su firma. Criada en el barrio sevillano de San Lorenzo, esta joven pintora está empezando a abrirse paso en un mundo tan sacrificado como es el del arte. Ella misma lo resume con una idea simple y difícil a la vez: desde que se muestra “tal y como es” -sin rebajar su identidad para encajar-, está empezando a transformar sus sueños en experiencias.
Hace dos años abrió una cuenta de Instagram para darse a conocer. Desde entonces, publica a diario retratos, escenas de su vida y procesos creativos. El resultado es una comunidad que crece a golpe de vídeo: millones de reproducciones y una visibilidad que ya la ha llevado a compartir su obra con nombres como Karol G, Cynthia Erivo (protagonista de Wicked) o Mika.
Estos días, ese rosa “potente”, como lo define, se ha salido del lienzo para colarse en el paisaje urbano. Sus obras están en autobuses, marquesinas y vagones del tranvía en pleno centro de Sevilla. La explicación está en una firma: los carteles de la campaña del 8M del Ayuntamiento de Sevilla llevan su nombre. Desde que los presentó el 25 de febrero en la Casa Consistorial, sus redes se han convertido en un termómetro público: comentarios, aplausos y también críticas hacia un trabajo que -insiste- quiso hacer “con absoluto respeto” a todas las mujeres. “Me han llegado mensajes preciosos y también críticas. Tengo que aceptarlo y estoy abierta a escucharlas. Al final, lo importante es que, bien o mal, hablen de ti”, admite.

La artista Julia de Gabriel con su cartel como banderola para la campaña del 8M del Ayuntamiento de Sevilla. / Rocío Soler Coll
Julia llega a su cita con El Correo de Andalucía nerviosa, pero con una sonrisa imposible de disimular. Sus gafas de corazones, las crocs rosas, dos moños coronados por pequeños peluches de fresa y un chaleco fucsia componen un uniforme propio. Lleva pantalones de Hello Kitty, un bolso del que cuelgan unos cascos grandes y la certeza de que, para muchos, su estilo es llamativo. Para ella, es simplemente lo normal. “Gracias por pensar en mí para la entrevista”, repite nada más sentarse.
PREGUNTA. El Ayuntamiento le ha encargado el reto de plasmar en carteles el Día de la Mujer. ¿Qué ha supuesto este encargo como artista?
RESPUESTA. Sí, ha sido todo un reto, desde luego. Cuando me contactaron yo les dije que sí, sin pensarlo, que sí. O sea, me tiré a la piscina totalmente y ya me reuní con ellos y les enseñé mis ideas. Para mí, si te soy sincera, ha sido un gran salto en mi carrera y no lo esperaba. Y eso que soy de las que piensa en grande. Piensa que el arte es una profesión difícil llena de estigmas. Y muchas veces estás en un entorno que no lo valora lo suficiente, la verdad.
Al final, lo importante es que, bien o mal, hablen de ti
Desde que se publicaron los carteles me han llegado muchas críticas, sí, pero también me han parado mogollón de personas para decirme: "Me encanta lo que has hecho". Y eso es genial, ¿sabes? Y es genial la cantidad de gente nueva que me ha seguido en las redes para decirme que la ha encantado, que lo ha visto y no sabía que era mío, pero que la ha encantado. También he visto fotos de personas que posan con mis carteles porque tienen rasgos similares a las personas que retrato y se identifican.
Ese era mi principal objetivo, porque yo quería retratar unos perfiles que tradicionalmente no están representados en la cartelería, ¿no? Como una mujer negra y calva, una señora mayor o una chica con síndrome de Down.

La artista Julia de Gabril posa en los Jardines de Murillo para El Correo de Andalucía. / Rocío Soler Coll
P. Es una responsabilidad representar a las mujeres en nombre de la mayor administración pública de su ciudad.
R. Sin duda lo ha sido. Pero ha sido un proceso muy natural porque para mí las mujeres son lo que más me inspira en la vida y en la pintura. También las que tengo a mi alrededor. Y lo que he pretendido con estos carteles es decirle a las mujeres que, además de admirar a quienes le rodean, pueden admirarse a sí mismas. Por eso he pintado a las mujeres que encajan y a las que, por desgracia, no tanto. Porque con este trabajo quiero invitar, de manera elegante, a no encajar, sino a deslumbrar. A ser un punto de color en la calle oscura, a ser un soplo de alegría, no importa si rosa, amarillo, rojo, azul, negro. El color está en el interior.
P. Hábleme del rosa. Está presente en sus obras, en su ropa, en sus uñas. ¿También en su manera de ver la vida?
R. Lo del rosa es relativamente nuevo. Hasta hace unos tres años, mi armario era de color negro, gris, marrón... Todo muy neutro. Recuerdo que desde bien pequeñita he odiado llamar la atención, me aterraba no encajar en un grupo o no gustarle al de enfrente. Era esclava del qué dirán y de lo que pensaran de mi. Yo quería pasar desapercibida para que nadie pudiera señalarme.
Quería retratar unos perfiles que tradicionalmente no están representados en la cartelería
Recuerdo que a los 9 años empecé a tener mucho miedo a no encajar. Me juntaba con los grupos populares, porque me daba mucho miedo quedarme sola, siempre. Pero eso, inevitablemente, con el paso del tiempo fue cambiando y fui también juntándome con personas que eran más afines a mí. No es que sufriera acoso como tal, pero sí que sufrí mucho el tema de apartarme por las envidias. Le tenía miedo a la gente y no quería que nadie me viera.
P. ¿Y cuándo llegó el cambio radical?
R. Fue el arte. En las Salesianas de San Vicente tuve un profesor que se llama Agustín de la Torre en plástica. Él siempre me decía que tenía que estudiar Bellas Artes, porque desde primero de la ESO dibujaba un montón. Eso me hizo liberarme. Pero no fue un cambio de la noche a la mañana. Primero dejé de usar el negro, luego incorporé colores en mi armario y después encontré en el rosa un medio de expresión. Sé que puede parecer contradictorio, pero para mí vestir siempre de rosa es algo muy serio, como una especie de compromiso con lo que pienso. Yo voy caminando y estoy lanzando un mensaje. Y para mí es muy interesante analizar las miradas que recibo porque muchas son de sorpresa, otras son de que les hace gracia en un buen sentido, otras son de asco. Eso me hace a mí también aprender mucho de la sociedad e inspirarme para seguir creando. Al final, bueno, el arte es una profesión cuyo sentido es llegar a las personas y transmitir mensajes. Yo quiero ser un mensaje andante y comunicar todo el tiempo con mi presencia.

La artista Julia de Gabril posa con uno de sus carteles para la campaña del 8M del Ayuntamiento de Sevilla. / Rocío Soler Coll
Yo quiero ser un mensaje andante y comunicar todo el tiempo con mi presencia
P. ¿Qué mensaje quieres comunicarle al mundo?
R. Que puedes ser lo que te dé la gana. Cuando hice el máster de profesorado y me tocó hacer las prácticas en el instituto donde yo había estudiado, me convertí en una profesora rosa. Al principio fue impactante para los alumnos, pero yo quería que ellos, al verme, se animaran a sentirse libres. Yo respeto mucho las modas y las tendencias, pero siento también que la moda de los últimos años te invita a que no te vean nunca, ¿sabes? Y la gente, como a mi me pasó en su día, tiene un poquito de miedo a que le miren por miedo a que te critiquen. Yo quiero que todas las personas vean en mí una mirada con libertad.
P. El tuyo fue uno de los expedientes más brillantes de Sevilla, con un 13'6 en la selectividad en 2020. Y pudiendo hacer cualquier cosa, escogió estudiar Bellas Artes. Ahora que ya está en el mundo laboral, ¿Se arrepiente?
R. Este es un sector muy duro, pero no es nada que no supiera cuando empecé en esto. Para nada me arrepiento, la verdad. De lo que me hubiera arrepentido es de estudiar ciencias, que era lo que me decían algunas personas de mi entorno. Soy feliz así, aunque me cueste. Yo llamo a muchísimas puertas. Ahora, con esto del ayuntamiento, la gente se cree que me ha caído del cielo. Y sí, he tenido la suerte de que me llamaran, pero yo he llamado antes a otras mil puertas. Soy una pesada, la verdad, y siempre estoy enviando mensajes y ofreciendo mis obras.
Luego están las redes sociales. Me las abrí en 2024 y eso ha sido una gran herramienta para mí. He conocido a muchísima gente a la que admiro profundamente, como a Karol G, que es mi diosa, Camilo o Ian McKellen, que es un actor que es una leyenda.
P. ¿Qué te han dicho estas personas sobre ti y tu arte cuando te han conocido?
R. Tengo un recuerdo muy reciente y muy especial que nunca le he contado a nadie todavía. Cuando conocí a Ian McKellen, este actor de Gandalf tan mítico, le pregunté qué me diría él a mí, como una especie de consejo. Me dijo que pintara las cosas que yo quisiera y que esas cosas vendrían a mí y que yo era como una obra de arte en sí misma. Eso me hizo mogollón de ilusión porque es como un ídolo al final para mí.
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