Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Marcaje a la empresaria - María José Sánchez Espinar

Los mantones bordados a mano de Ángeles Espinar: el artículo de lujo que lucen la reina Letizia, Camilla Parker o Cindy Crawford

María José Sánchez es la tercera generación de una firma que ha llegado con sus piezas artesanales desde Villamanrique de la Condesa o todo el mundo

Ángeles Espinar y su hija, Mª José Sánchez Espinar.

Ángeles Espinar y su hija, Mª José Sánchez Espinar. / CHEMA SOLER/ Mantones Ángeles Espinar

Clara Campos

Clara Campos

Sevilla

Desde los años 30, la familia de María José Sánchez Espinar (Villamanrique de la Condesa, 1966) tiene un estrecho vínculo con el bordado a mano de mantones de manila. Ya su abuela tenía talleres dedicados a esta labor artesanal en el pueblo sevillano, una tradición que continuó con su madre, Ángeles Espinar, que da el nombre a la empresa de la que ahora ella, como tercera generación, es directora creativa.

"Mi madre aprendía de mi abuela y de sus tías, porque aquí en Villamanrique había mucha tradición de bordado y se trabajaba también para las fábricas de Sevilla, para lo que se apostaba por modelos más ligeros y comerciales", explica María José Sánchez. Fue en 1978 cuando su madre fundó la empresa. "No era joven, tenía 48 años cuando la fundó, pero ella veía que el buen hacer del mantón de manila se estaba perdiendo, fundamentalmente los bordados antiguos, por lo que decidió trabajar en ello", explica.

María José Sánchez Espinar, la tercera generación de una familia dedicada al bordado de mantones de manila.

María José Sánchez Espinar, la tercera generación de una familia dedicada al bordado de mantones de manila. / Mantones Ángeles Espinar.

Más allá de los colores clásicos

En los siguientes años, Espinar buscó a las mejores bordadoras para abordar esta tarea y también enseñó a gente nueva, "porque había muy pocas". Además, introdujo nuevos colores más allá de los tradicionales, apostando por los fucsias, los dorados, los naranjas o los turquesas.

"Lo que ella tenía en su taller era muy diferente a lo que se veía en las tiendas, ya que traía las sedas de Italia y fue más allá de los colores básicos, que eran el negro, el blanco o el rojo", detalla. La calidad de sus mantones le hizo "subir y subir", hasta el punto de fundar su propia firma y ser la primera en llegar a una pasarela, concretamente en la segunda edición de Simof, impulsado por Raquel Revuelta.

Un referente para la realeza

Además, empezaron a interesarse por su firma personalidades del mundo de la moda y también de la aristocracia. De hecho, miembros de la Casa Real española -como doña Letizia, a la que se lo regalaron cuando se casó con el entonces Príncipe de Asturias-, la actual reina de Inglaterra o Cindy Crawford - a quienes se los regaló Isabel Preysler- cuentan con algunos de los mantones artesanales que salen del taller de Ángeles Espinar.

Sus mantones se han paseado en los últimos años por numerosas ferias y desfiles internacionales de Japón, Los Ángeles, Londres, Milán, París o Las Vegas, lo que muestra la proyección de una prenda que se ha convertido en un auténtico lujo. En la actualidad, sus artículos son disfrutados por mujeres en ciudades como Nueva York o Londres y en países que van desde China a Dubai, pasando por Italia o Francia.

"Tenemos encargos procedentes de todo el mundo", subraya, al tiempo que destaca que desde su taller han trabajado con diseñadores de la talla de Christian Dior, Petro Valverde o Lorenzo Caprile.

Ángeles Espinar ha recibido a lo largo de su carrera numerosos premios y homenajes, pero es sin duda su mayor distinción fue el reconocimiento y entrega de la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes 2007 que es otorgada por su Majestad el Rey de España junto con el Ministerio de Cultura por su labor en la conservación y difusión del patrimonio artesanal de los mantones

Falta de mano de obra

El principal problema al que se enfrenta en la actualidad es la falta de mano de obra. "Es muy difícil encontrar personal cualificado para el tema del bordado porque no hay relevo generacional y la gente ya no tiene tanta paciencia para estar tantas horas bordando", lamenta. En las décadas de los 80 y 90 del siglo pasado, su madre contaba con más de 130 personas en el taller. Ahora, apenas son seis.

"Y eso que hay mucha demanda de este tipo de artículos, pero al final, solo podemos abordar la confección de seis o siete mantones al año", subraya. Esta situación la ha llevado a abrir una nueva línea de negocio, Espinar Antique.

Mantones del siglo XIX

Con ella, María José rescata mantones antiguos para darles una segunda vida. "Los mando a limpiar, los arreglo si hay que hacerlo y algunos son del siglo XIX o de principios del XX", asegura. Todo por no meter la máquina en su taller. "Mi objetivo es que, aunque hagamos menos, sigamos bordando a mano como es tradición", subraya.

En estas semanas, previas a la Feria de Abril o al Rocío, son muchas las que se interesan por conseguir un mantón de manila de Ángeles Espinar, aunque los tiempos ahora son más largos precisamente por esa falta de mano de obra. "Antes le podía ofrecer a la clientela el encargo en cinco o seis meses, pero ahora necesitamos de casi un año para terminarlo", reconoce.

Tracking Pixel Contents