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Feria de Abril

De 'El Gatuperio' a 'Er Bucaro', más de medio siglo en familia en la Feria: "Con 27 años nos comíamos el mundo"

La que era conocida como "la caseta de los registradores" tenía cada día actuaciones de El Pali, Los Amigos de Gines o Matilde Coral

Pañoleta de 'Er Bucarito', en Joselito El Gallo

Pañoleta de 'Er Bucarito', en Joselito El Gallo / Jorge Jiménez

Victoria Flores

Victoria Flores

Sevilla

Para Antonio Ruiz Granados, hablar de su caseta es hablar de toda una vida. Su cuñado Eduardo Ruiz del Portal y su amigo Manolo Rodríguez, ambos registradores de la propiedad, tuvieron la idea de fundar El Gatuperio -"significa más o menos casa del lío o casa de los follones"- en 1971. Antonio tenía 27 años y la caseta estaba entre la Plaza de España, donde todos dejaban el coche, y el Bar Citroën y era "pequeñita".

Ahora, la caseta se llama Er Bucaro, Antonio tiene 80 años y atiende a El Correo de Andalucía mientras desayuna con su mujer, Tere, que le sirve de apuntadora. Ambos son dos apasionados de la Feria y es habitual verlos, como siempre, en Joselito El Gallo. "De los socios fundadores desgraciadamente quedamos muy pocos", lamenta este feriante, que sonríe al destacar que, aunque no estén todos los socios originales, sus hijos y sus nietos siguen con la tradición cada año.

"Con 27 años nos comíamos el mundo", recuerda para apuntar que poder tener un módulo en junto al Parque de María Luisa "era una ilusión terrible". Además, la caseta fue una de las excusas que le sirvió para dejar su trabajo en aquel momento como marino mercante y conseguir quedarse a vivir definitivamente en Sevilla. Todo para poder disfrutar de días cargados de mediasnoches de La Española y pastelitos sobre manteles de hilo que ellos mismos lavaban.

Una de las casetas más animadas

La Feria ha cambiado mucho desde aquellos primeros años junto al Citroën donde la conocían como "la caseta de los registradores". En Er Bucaro ya no trabajan los camareros de toda la vida, en la puerta hay un guardia que vigila que no entre nadie desconocido y los socios ya no llevan sus guisos como hacían antes. "Nos poníamos de acuerdo dos o tres para llevar un plato caliente al mediodía", cuenta Antonio, que confiesa que a veces hacía trampas y encargaba el guiso en el puesto de Los Monos, con quienes tenían lazos familiares.

Antonio recuerda como en los primeros años, la caseta no paraba de crecer. Así, cuenta que al principio admitieron nuevos socios y pasaron de ser 15 a llegar a 30 pero, conforme comenzaron a tener hijos tuvieron que dejar de incluir a nuevas personas. "Si seguíamos teniendo niños, no íbamos a entrar", bromea.

"Las señoras de nuestra caseta daban clases de baile y lo siguen dando todavía", explica mientras cuenta la programación de actuaciones que han tenido durante la semana, en la que nunca falta un cuadro flamenco. Por la caseta, una de las más animadas cada noche en el Real, no solo han pasado los DJs que pinchan reguetón a las 2:00, también grandes artistas de las sevillanas como El Pali, Los Amigos de Gines y Los Cantores de Hispalis o bailaoras como Matilde Coral para el disfrute de todos los socios.

Si hay algo que este feriante tiene claro es que, aunque pasen los años, la suya es una caseta de familiar. De hecho, casi todos los socios se ven con cierta asiduidad durante el año. "Cuando dejé de navegar, formamos una pandilla y la conservamos y nos mantenemos todavía muy unidos", sostiene. Ya establecido en Sevilla y trabajando en "tierra", recuerda como iban cada día a la Feria y desde allí iban directos al trabajo "con el nudo de la corbata por el ombligo".

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