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La lucha de la seguridad de las casetas contra los cristales rotos en la Feria tras más de 60 heridos por cortes: "¡De aquí no sale ni un vaso!"

Las casetas recibieron orden de controlar las salidas con vasos de cristal tras el aumento de heridos y desde entonces el Ayuntamiento asegura que lo ha conseguido controlar

Vasos de cristal en el exterior de las casetas de la Feria de Sevilla

Vasos de cristal en el exterior de las casetas de la Feria de Sevilla / Marina Casanova

Lucía Rubio

Lucía Rubio

Sevilla

Sevilla comienza a despedir su fiesta grande. La Feria de Abril llega a su recta final con el cansancio propio de una semana de sevillanas, manzanilla y madrugadas, pero también con el balance pendiente de un dispositivo de seguridad. Uno de los asuntos que más atención ha acaparado durante estos días ha sido el de los cortes con cristales. El número de heridas se disparó durante las semanas hasta obligar al Ayuntamiento a remitir un escrito a todas las casetas exigiendo que se cumpliera la norma y se evitaran las salidas con vasos de cristal.

El Ayuntamiento asegura que esta medida ha dado resultado. El martes hubo 39, el miércoles la cifra cayó a 16 y el jueves se quedó en 4. El delegado de Fiestas Mayores, Manuel Alés, ha valorado esta tendencia a la baja como "un éxito considerable" y ha querido agradecer públicamente "la labor preventiva del área de Fiestas Mayores, la actuación de la Policía Local y de Protección Civil, y sobre todo la mentalización de los titulares de casetas, de los caseteros de la Feria".

Parte indispensable de que esta labor haya evolucionado positivamente ha sido gracias a la seguridad de las Casetas del Real. Todos los guardas de seguridad entrevistados por este periódico coinciden en que su cometido es claro aunque complejo: evitar que ningún cristal salga fuera de la caseta, ya que no es una normativa de la propia caseta. Y la concienciación ha aumentado a lo largo de la semana. "Lo tenemos que hacer por ley". Así de contundente lo cuenta Iván, vigilante de seguridad de la Caseta Santa Clara 14.

El procedimiento es el mismo en todas las casetas del Real: una mesa en la salida con vasos y jarras de plástico para que a la hora de que la persona salga de ella, haga el cambio de cristal a plástico. El proceso es sencillo, mecánico y todo aquel que pisa el Real lo conoce. Según Santos, guarda de la caseta 210 de la calle Juan Belmonte, "el 98% de las personas cumplen con la medida pero el problema comienza a altas horas de la madrugada cuando el alcohol comienza a transformar al personal", manifiesta con sorna.

"Intentan engañarte y se meten el vaso entre la chaqueta, te dicen que se van a ir a la puerta y al rato se han ido... Intentas controlarlo y lo haces; el problema es cuando hay muchísima gente y no puedes atender a todo. Algunos se escapan", expone, por otro lado Cristian, de la caseta Los Desposados de Pascual Márquez.

Los socios

Las casetas de la Feria están conformadas en su mayoría por socios, y precisamente ahí reside uno de los mayores quebraderos de cabeza para los vigilantes de seguridad. La norma del vaso de plástico no distingue entre socios y visitantes ocasionales, pero no todos la acatan con la misma disposición. "Cuando le intentas cambiar el vaso te dicen: 'yo soy socio y para eso pago, no me voy a beber el vino en un vaso de plástico'... ¿y tú qué haces? Porque yo no quiero problemas", relata Cristian, que refleja con esa pregunta la tensión cotidiana a la que se enfrentan muchos de sus compañeros.

Una tensión que no todos gestionan igual. Iván, por el contrario, no da margen a la negociación. Le importa poco "el discursito del soy socio", como él mismo lo llama. A su juicio, se trata de una medida que deben respetar todas las personas que accedan a la feria, sin excepción. "Si se enfadan, que hablen entre ellos. Mi trabajo es ese, les guste o no", zanja con la misma contundencia que ya demostró al hablar de la normativa.

En la calle Bombita se encuentra Loli Herrera, responsable del turno de la caseta AEPA. Este establecimiento funciona con tres turnos rotativos, cada uno con su propio responsable, y el objetivo es siempre el mismo: que ningún vaso abandone el recinto. "Nosotros lo llevamos a rajatabla. Para eso hacemos estos turnos, para encargarnos de que no salga ningún cristal a la calle y no haya ninguna clase de problemas", explica.

Hay quienes, además, se incorporan directamente al tramo final de la noche. Es el caso de Víctor, vigilante en la franja de casetas comprendida entre los números 87 y 93 de la calle Joselito El Gallo, cuyo turno arranca en el momento del cierre. Cuando llega, según cuenta, "todo el cristal está recogido dentro de la caseta, no hay nada fuera". Su compañero de al lado, que se suma espontáneamente a la conversación, añade que en general la gente intenta respetar la norma.

Más directas aún se muestran dos vigilantes de Prosegur consultadas a pie de la caseta en la que trabajan. "De aquí no sale ningún vaso. Ninguno. Por lo menos por parte de nuestro equipo", afirman. Pero van más allá y no eluden la reflexión incómoda de que si todas las casetas cumpliesen realmente con la medida, los cortes no existirían. "Habría que hacer quizás autocrítica", señalan. Para ellas, la cuestión no es solo cumplir con la norma, sino hacer bien su trabajo de cara al futuro. "Lo que queremos es trabajar bien para que al año que viene podamos volver a estar aquí", concluye una de ellas.

Una conclusión clara queda tras escuchar a todos estos vigilantes y es que el cristal es un problema compartido. Mantener el Recinto Ferial libre de vasos rotos no es únicamente responsabilidad de quien custodia la puerta de una caseta, sino de cada feriante, cada socio y cada visitante que cruza el Real. Al fin y al cabo, es la propia fiesta la que está en juego. Y la mejor forma de seguir disfrutando de la Feria de Abril año tras año es, precisamente, cuidarla entre todos.

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