Los sevillanos disfrutan de los últimos bailes de la Feria: "Estoy ya sin voz, pero esto es una semana al año"
El Real de la Feria se llena ya a un ritmo más lento en un fin de semana que muchos aprovechan para descansar

Ambiente en el Real de Los Remedios durante el viernes de Feria / Marina Casanova

La cuenta atrás ha comenzado. Apenas quedan dos días para los fuegos artificiales, los grupos se dejan la poca voz que les queda en que las parejas aprovechen los últimos vales entre los farolillos. Vivir la Feria los siete días se antoja complicado para muchos cuerpos y bolsillos, especialmente con la subida de precios de este año. Ni siquiera las influencers, que en los últimos días han paseado sus trajes de flamenca de marca y han llenado las redes de imágenes y vídeos entre farolillos, pisan ya el Real. Aun así, son muchos los que todavía aguantan, afrontan el último fin de semana y se resisten a despedirse.
María es la una de esas flamencas que se niega a despedirse del traje. Este viernes, a la hora de comer ya iba con su flor puesta y su mantón de camino al Real. “Estoy sin voz pero esto es una semana al año”, reconoce con una sonrisa esta joven de El Porvenir, que promete bailar este viernes todas las sevillanas que el cuerpo permita.
Son muchos los que colgaron este jueves los trajes y las americanas hasta el año que viene. "Me voy a la playa a partir de este viernes, que hay que recomponerse", confesaban algunos sevillanos a El Correo de Andalucía en la tercera jornada de Feria. Algunos, como Vicente, han cambiado la corbata por la camiseta verdiblanca y en vez de coger el C2 en dirección a Antonio Bienvenida, lo hacen hacia La Cartuja.
Aunque en Real entra la gente de forma constante, los flujos son mucho menores que estos días atrás. La familia de Macarena no perdona un día en Juan Belmonte. "Las casetas están medio vacías, en el albero se puede pasear tranquilamente y cogí una mesa para comer a las 3:30", explica esta flamenca, que ha cogido sin problemas ni colas la lanzadera del Prado el viernes y ha podido incluso sentarse en el autobús.
Si bien hay casetas que sí que están llenas, la mayoría de módulos tienen todos esos huecos que los sevillanos buscaban en los primeros días de la semana para poder sentarse. De hecho, incluso en las casetas públicas, acostumbradas a estar a reventar de sevillanos y forasteros, se puede ver sin problema el fondo del módulo entre las flores que resisten al embote del agotamiento.
Sin atascos en el paseo de caballos
Por el paseo de caballos esta vez no hay atascos y, aunque los más precavidos siguen sin atreverse a cruzar, entre los coches y los caballos hay hueco de sobra para ir de una acera a otra. De hecho, los más pequeños corren entre los trajes después de que la bulla de los últimos días, más propia de la Madrugá que de Pepe Hillo, y los puestos de algodón de azúcar y chucherías se llenan de clientes.
Son varios los que han aprovechado la menor afluencia para poder comer con la familia y disfrutar de un rato más tranquilo. De hecho, no ha sido hasta bien entrada la tarde, cuando el Real ha empezado a llenarse más, aunque el ambiente tenía poco que ver con las primeras jornadas.
Las únicas casetas con ambiente son aquellas en las que los grupitos se dejan la voz que les queda para que las parejas bailen las últimas sevillanas antes de que el cuerpo pida un descanso. Fernando es incapaz de contenerse y, entre palmas, anima a su familia mientras canta de A mi manera.
Lo sabe bien Antonio, que lleva cuatro días luchando en la puerta de la caseta en la que trabaja en Chicuelo para evitar que entre gente sin pases. Su cara este viernes es otra. Después de haber tenido que limitar el pase de la caseta por aforo todas las noches de la Feria, la afluencia se ha reducido significativamente. Si bien hay gente que pasea, entra y sale de las casetas, en esta cuarta jornada se puede andar sin problema.
Donde sí que hay lleno es en la calle del Infierno. “En la Barca Vikinga no”, le llora una pequeña flamenca a su padre. Niños y mayores pasean entre los cacharritos sin importar el aumente de precios de las atracciones. “Por Dios, si es que la Feria está muy cara”, le reconoce una madre a su hija mientras intentan elegir dónde montarse.