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El cierre de un parque canino en Sevilla Este divide a los vecinos de Emilio Lemos: "A la mañana siguiente todo estaba desmantelado"

El Ayuntamiento de Sevilla alega la necesidad de compatibilizar el descanso vecinal con los espacios para perros y plantea el traslado a otras ubicaciones

Grupo de vecinos y usuarios ante el cierre del pipicán de Sevilla Este

Grupo de vecinos y usuarios ante el cierre del pipicán de Sevilla Este / Ayuntamiento de Sevilla

Lucía Rubio

Lucía Rubio

Sevilla

El Parque Canino Emilio Lemos amaneció cerrado el pasado 9 de abril. Según Susana Zamora, vecina habitual del espacio y presidenta de la Asociación "Espacios Caninos Sevilla Este" —integrada por 55 vecinos—, la tarde del 8 de abril "pusieron un candado y retiraron los habilitys (juegos de madera)", y a la mañana siguiente "ya estaba todo desmantelado, incluidas las vallas y las puertas".

Sin embargo, el cierre no fue una acción repentina. Tras la ampliación del parque en años anteriores, un grupo de residentes de la zona comenzó a protestar por la proximidad del recinto a sus viviendas y por los niveles de ruido. Según Zamora, el parque contaba con un horario que los usuarios respetaban, y el momento de mayor afluencia se concentraba entre las siete y las nueve de la tarde. Ante la amenaza de cierre, los partidarios del parque recogieron firmas y se presentaron a un pleno en el distrito. Allí esperaban encontrarse con el grupo vecinal que pedía el cierre, pero estos "no se presentaron", por lo que dieron por retirada la queja. Días después, el parque apareció cerrado con candado.

Dos versiones enfrentadas

Este conflicto tiene dos bandos bien diferenciados. Mientras los dueños de perros aseguran haber respetado siempre los horarios, un vecino contrario al parque —que ha preferido no identificarse para evitar tensiones— afirma que el incumplimiento era habitual: "Están hasta altas horas de la madrugada sin importarles los vecinos que vivimos aquí y queremos descansar". Según explica, el acceso fuera de horario se producía a través de una puerta trasera que tenía el parque, y en verano "les daban la una o las dos de la mañana".

Las quejas de este vecino van más allá del ruido: "No podemos teletrabajar, no podemos dormir la siesta... En verano no podíamos abrir las ventanas por el sonido de los ladridos". Además, en su versión, el parque no contaba con las medidas de limpieza pertinentes y los olores eran otros de los protagonistas a la hora de encontrar soluciones, debido a la falta de limpieza. Carlos, otro miembro de la asociación vecinal pro-parque que reside en el bloque que da al "pipicán", desmiente estas afirmaciones. Asegura que desde su vivienda "no se escucha nada" al cerrar las ventanas, y que el parque "siempre está muy limpio y cumple con los parámetros de limpieza".

Es una guerra abierta en la que los dos bandos echan balones contra el contrario. Unos viven amenazados y tienen que escuchar comentarios como "¡más ruido dan los niños!", mientras que los amantes de los perros explican que no conocen a ningún vecino y creen que hay dos o tres que "están detrás de esto".

Un parque como alternativa

El Ayuntamiento de Sevilla ha señalado que "entiende la necesidad de contar con espacios caninos en Sevilla Este, pero también debe garantizar que estos equipamientos sean compatibles con el descanso vecinal". El consistorio ha subrayado que "no se trata de eliminar recursos, sino de reordenarlos y reforzar aquellos espacios que reúnen mejores condiciones". Como medida alternativa, el Ayuntamiento ha anunciado "una inversión de más de 97.000 euros en el parque canino de la Avenida del Deporte, que cuenta con 11.787 metros cuadrados de superficie, un circuito de agilidad y obediencia para perros, y una zona cerrada de 942 metros cuadrados para ejercicio libre. A esto se suman el nuevo parque canino de Secoya y la renovación del Parque Infanta Elena".

La propuesta municipal tampoco ha logrado el consenso entre los afectados. Zamora, junto a sus compañeros Félix y Carlos, denuncia que el parque alternativo se encuentra a más de un kilómetro de distancia y no es accesible para todos los usuarios. "Hay personas mayores y vecinos con discapacidad que no pueden desplazarse hasta allí. Yo puedo hacerlo un día a la semana, pero no todos los días", afirma Zamora. Además, cuestionan las condiciones del nuevo espacio: según Carlos, el parque "no tiene sombras, ni luz, ni agua, ni sistemas de riego", y él mismo regresó a casa con su perro con garrapatas tras visitarlo. El vecino anónimo, por su parte, resta legitimidad a estas quejas: "Entenderíamos el enfado si no tuvieran otra alternativa, pero tienen un parque a cinco-diez minutos".

Mientras la disputa sigue abierta, los dueños de perros continúan reuniéndose en el lugar donde estaba el parque pese a su cierre. La asociación no tiene intención de rendirse. Según Zamora, "iremos al Ayuntamiento el próximo 28 de mayo". La división en el barrio, lejos de resolverse, sigue creciendo a la espera de un acuerdo.

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