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PAU 2026

La selectividad pone coto a los móviles y a la IA: las universidades de Sevilla estudian instalar inhibidores y detectores de frecuencia en las aulas

La comunidad andaluza podría desplegar el uso de métodos específicos para evitar que los alumnos puedan copiar en los exámenes mediante nanopinganillos, calculadores inteligentes o smartphones

Estudiantes en la Selectividad del pasado curso 2025.

Estudiantes en la Selectividad del pasado curso 2025. / Manuel Murillo

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Rocío Soler Coll

Rocío Soler Coll

La Universidad de Sevilla (US) y la Universidad Pablo de Olavide (UPO) están estudiando la posibilidad de activar un despliegue de inhibidores y detectores de frecuencia en las aulas para mejorar la vigilancia y el control del uso de móviles o nanopinganillos durante la Prueba de Acceso a la Universidad. Es decir, podrían poner coto a las chuletas más actualizadas: pinganillos invisibles, relojes inteligentes, gafas conectadas y herramientas de inteligencia artificial para copiar durante los exámenes de 2, 3 y 4 de junio.

La decisión, que todavía está en el aire, se aplicará en todas las provincias andaluzas a partir de las reuniones que se están llevando a cabo estos días en el Distrito Único Andaluz, gestionado por la Universidad de Cádiz, con todos los vicerectores de las universidades. Así, por primera vez, las aulas andaluzas podrían estar extrictamente controladas para evitar que se copie durante las pruebas y, por lo tanto, garantizar una mayor equidad entre todos los aspirantes.

Tal como ha especificado la Universidad de Sevilla en un comunicado, en esta convocatoria, se ha puesto especial énfasis en la prevención del uso indebido de dispositivos tecnológicos, contemplando entre las medidas la implementación de sistemas de detección en las sedes de examen. "Se trata de una estrategia coordinada y común, cuyo objetivo es salvaguardar los principios de igualdad, mérito y capacidad, pilares fundamentales que deben regir el acceso a la educación superior", ha puntualizado la Hispalense.

En caso de recurrir a inhibidores y detectar a algún alumno inclumpliendo las normas, el castigo de los tribunales de la PAU podría llegar a ser el más severo: la anulación de la PAU, no solo del examen en el que el estudiante haya sido sorprendido.

Prohibidos los móviles o audífonos

La normativa vigente de la PAU en Andalucía ya contempla medidas específicas frente al uso no autorizado de dispositivos electrónicos o tecnológicos durante los exámenes. No se permite, en concreto, la utilización ni la tenencia de teléfonos móviles, dispositivos de transmisión o almacenamiento de información, audífonos inteligentes, relojes electrónicos u otros elementos análogos que puedan comprometer el proceso de evaluación y que no estén sometidos a prescripción médica. Tal y como se indica “en estos casos, el uso de estos dispositivos se realizará bajo estricta supervisión del tribunal y previa solicitud en tiempo y forma por parte del estudiante”. 

Pese a que existe una regla que prohíbe el uso de móviles, no hay una normativa específica en Andalucía que regule la implantación de detectores de frecuencia u otros sistemas tecnológicos destinados a impedir este tipo de fraude. Ante este escenario, las universidades sevillanas siguen pendientes de las directrices que pueda aprobar el Distrito Único Andaluz para implantar nuevos sistemas de vigilancia durante la PAU. Entre las medidas, se baraja el uso de detectores de emisiones inalámbricas e incluso inhibidores de frecuencia para impedir comunicaciones externas desde las aulas de examen.

En todo caso, cualquier medida de supervisión, prevención y control que resulte necesaria para salvaguardar la integridad de las pruebas se aplicarán con criterios de "proporcionalidad, mínima intervención y respeto a las adaptaciones autorizadas". Cabe recordar que, a día de hoy son cuatro las comunidades que ya han confirmado la activación del protocolo: Galicia, Murcia, Cataluña y Aragón.

Un examen sin apenas novedades

El formato de examen apenas cambia este año. Fue en 2025 cuando se introdujeron cambios relevantes en el modelo de prueba, con preguntas más competenciales y de razonamiento, disminuyendo el peso de la memorización tradicional y tratando de adaptarse a un contexto educativo profundamente marcado por la tecnología.

Conscientes de la sofisticación de los métodos para copiar y de que la memorización no es la vía más eficaz de aprendizaje, la prueba de acceso está más centrada en el pensamiento crítico o la capidad de razonar y extraer reflexiones.

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