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SUPERACIÓN

María, la digestóloga sevillana que hizo de su mano de hierro un talismán: "Ser paciente me ha hecho ser mejor médico"

En pleno proceso de adjudicación de plazas MIR, finaliza su residencia en el Hospital Macarena una joven doctora que, a tan solo dos meses de presentarse al examen, sufrió un accidente de tráfico que cambió su vida

La digestóloga María Rodríguez

La digestóloga María Rodríguez / HUVM

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Rocío Soler Coll

Rocío Soler Coll

Un accidente de tráfico cambió el camino de María Rodríguez (Sevilla, 1997) en 2022. Estaba a dos meses de presentarse a una prueba tan decisiva como lo es el MIR, cuando tuvo que enfrentarse a una dificultad que no estaba en los apuntes: volver a coger un bolígrafo, subrayar, tachar, escribir. Un fin de semana decidió bajar a Sanlúcar de Barrameda con su pareja. Él perdió el control del vehículo y dio varias vueltas de campana. La mano derecha de María Rodríguez quedó completamente destrozada. Tuvieron que reconstruírsela. Cuatro años después, con seis operaciones y un hierro en el interior de la mano, esta joven ha hecho de sus manos un talismán. Hoy son su principal herramienta de trabajo desde las salas de endoscopias.

Cuando es preguntada, no habla de aquello como una heroicidad. Tampoco como una desgracia. Lo cuenta como una experiencia que le ha acompañado durante toda su formación como especialista. Ser paciente, pasar por pruebas, ingresos, operaciones, diagnósticos y meses de incertidumbre, dice, le ha cambiado la manera de mirar su profesión. "De haber estado a punto de perder mi mano me llevo cosas positivas, por raro que parezca. De hecho, ser paciente antes que doctora me ha hecho ser mejor en mi profesión como médico. Creo que he entendido más a los pacientes, sobre todo a aquellos que conviven con el dolor. También he sido más consciente de la incertidumbre durante el proceso y la importancia de la comunicación con la familia", explica en una conversación con El Correo de Andalucía.

María se dedica a hacer endocopias en el Hospital Virgen Macarena. Maneja con las manos un endoscopio flexible, una técnica que exige coordinación, precisión y control. Por eso, para ella, llegar hasta ahí tiene un significado añadido. Hubo un momento en el que no sabía si podría recuperar la funcionalidad suficiente para ejercer con normalidad. "Cuando tuve el accidente y me vi la mano, pensé que me la cortaban", recuerda. Perdió piel, músculo y tejido en el tercer y cuarto dedo de la mano derecha.

Seis operaciones y miles de horas de rehabilitación

Primero fue atendida en el Hospital Puerta del Mar de Cádiz. Después la derivaron a la Unidad de Mano del Hospital Virgen Macarena, el mismo centro en el que meses más tarde comenzaría su residencia. Allí le reconstruyeron la mano y se sometió a seis intervenciones en tres años. "Mi mano estaba catastrófica", insiste.

El MIR llegó apenas dos meses después del accidente. María había pasado 15 días ingresada en planta y todavía estaba en plena recuperación. Aun así, se presentó. Lo hizo escribiendo con la izquierda y con una prórroga de 30 minutos.

"Me pasó en la recta final, así que estudié menos y me convencí de que repetiría el examen al año siguiente. Creo que eso me hizo relajarme y que todo me saliera bien. Al final fui la nota 1.885", relata. Con ese resultado pudo elegir la especialidad que quería y quedarse en Sevilla. "Escogí Aparto Digestivo porque era lo que siempre había querido hacer y pude quedarme en casa".

La residencia no borró el dolor. Durante mucho tiempo, la recuperación siguió formando parte de su día a día. "Estuve casi un año en rehabilitación, con medicación muy fuerte para el dolor. Eso me permitía usar la mano, pero de forma muy limitada. De hecho, como en las guardias de Urgencias hay mucha carga asistencial, decidieron quitármelas porque no era capaz de sobrellevarlas" explica.

Cuatro años después, María termina la residencia el próximo 29 de mayo. En este tiempo ha aprendido a ejercer desde dos lugares: el de la médica que acompaña y el de la paciente que conoce la espera, el miedo y la dependencia de una buena comunicación.

De temer por su mano a tratar con sus manos

Su trabajo actual tiene, además, una dimensión especialmente manual. En una endoscopia, el especialista controla la angulación de la punta del endoscopio, avanza o retira el tubo, maneja la insuflación, el lavado y la aspiración, y utiliza instrumental a través del canal de trabajo cuando es necesario. Las manos sirven para explorar, diagnosticar y, en muchos casos, tratar.

Las de María, reconstruidas tras aquel accidente, participan ahora en el diagnóstico de otros pacientes: personas con hígado graso, usuarios del programa de cribado de cáncer de colon o pacientes que necesitan una prueba digestiva para poner nombre a sus síntomas. Quién le iba a decir hace cuatro años, que la misma mano por la que tanto ha sufrido, hoy sería indispensable para aliviarle el sufrimiento a otros.

A partir de mayo, sin embargo, se abre una nueva etapa. Como otros médicos que terminan la residencia este año, María afronta un futuro laboral todavía incierto. Será una de las primeras especialistas en incorporarse a la bolsa específica de residentes, una de las novedades de la Junta de Andalucía dentro de la transformación de la bolsa del SAS en 2026.

El objetivo de esta bolsa es que los médicos que finalizan la residencia puedan entrar directamente en un sistema específico de contratación, para reducir demoras y facilitar la cobertura de plazas. La medida, sin embargo, ha generado dudas entre los propios residentes por el criterio de ordenación.

"El problema es que esta bolsa, en vez de estar ordenada por nota que tiene el médico cuando termina la residencia, está ordenada por la del MIR. Es decir, dependemos de una nota de hace cuatro años para tener un contrato laboral", comenta la joven, a lo que añade: "Esto nos ha descuadrado. Yo, precisamente, tengo una buena nota pero en los digestivos soy la número 17 en elegir. Me parecería justo que lo que has hecho en los últimos cuatro años te contara".

Como María, hasta 1.325 facultativos podrían poner fin este año a su etapa formativa para incorporarse al mercado laboral este año, la cifra más alta en la historia de Andalucía. Estos días, los ya doctores echan currículums en clínicas privadas o esperan a que les llegue la llamada del Servicio Andaluz de Salud para comenzar en un hospital público, es uno de los principales cambios con la transformación de la bolsa de empleo público. "No sé qué haré en los próximos meses, pero mis manos están listas para cualquier cosa".

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