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La 'receta secreta' del boquerón en adobo del Blanco Cerrillo recibe la medalla de Sevilla: "Por mucho que lo intentes, no vas a hacerlo igual"

Sevilla reconoce al histórico establecimiento de la calle Velázquez con una de las medallas de la ciudad a uno de los negocios más tradicionales

Los camarero Emilio, Josema y Paco de Blanco Cerrilllo

Los camarero Emilio, Josema y Paco de Blanco Cerrilllo / Emma Rocha

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Emma Rocha

Emma Rocha

Sevilla

Caminar por la calle Velázquez siempre atrae un aroma muy particular. El de los boquerones en adobo. Y la culpa, o más bien el mérito, reside en Bar Blanco Cerrillo. Es una de las grandes instituciones del tapeo sevillano. Fue fundado en 1926 por José Blanco Cerrillo, quien meses antes había tenido abierta una pequeña tasca en el municipio de Marchena. Tras ese breve periplo, se trasladó a la capital, donde inició la andadura de este pequeño bar del casco histórico de Sevilla, que ahora cumple 100 años, y que será reconocido este sábado con una de las medallas que entrega la ciudad coincidiendo con el Día de San Fernando.

"Eran varios hermanos, y decidieron empezar con esto de la hostelería, José se instaló aquí" relata Paco, camarero del bar desde hace ya muchos años. "Este local era antes una frutería que repartía verdura a los sevillanos, pero cerró y empezó este bar allá por el año 47".

Durante toda su historia de casi un siglo ha mantenido viva una tradición familiar ligada al pescaíto frito y al inconfundible boquerón en adobo, convertido ya en uno de los grandes símbolos gastronómicos de la ciudad. Hoy su nieto, José Blanco y su biznieto, Daniel Blanco, son los encargados de regentar este establecimiento tras varias generaciones de una familia Blanco que continúa al frente de un negocio que ha sabido conservar su esencia de taberna clásica, donde no hay sitio ni para lo nuevo ni para la franquicia, sólo para "lo de siempre".

El pequeño velador del Bar Blanco Cerrillo

El pequeño velador del Bar Blanco Cerrillo / Emma Rocha

Los boquerones, la tapa que "vuelve loco a los sevillanos" en la calle céntrica calle José de Velilla, guarda su secreto en el adobo que se le añade: "Con los boquerones en adobo se empezó apenas a los dos años de abrir el bar. Lo especial es el adobo y el tema de las cantidades, por mucho que los intentes hacer en tu casa, no vas a dar con las medidas que tenemos aquí". "Se le echa vinagre, agua, comino... y no te cuento más porque no merece la pena intentar recrearlos".

Un éxito que se desborda hacia la franquicia

El actual propietario de Blanco Cerrillo, Pepe Blanco Trujillo –nieto del fundador e hijo de Paco-, ha abierto en esta última década otros dos establecimientos idénticos y con el mismo nombre en la comarca de Gines, lugar donde reside, como su hijo Daniel- y en el barrio de Triana. En el mítico establecimiento de Sevilla, se despachan en una jornada cualquiera más de 60 kilos de adobo frito. Si preguntamos por su manera de conservar sus tradiciones, el refutado camarero lo tiene claro: "Lo de apuntar las cuentas de los clientes en la barra con una tiza es una cosa que llevamos haciendo desde que abrimos, y no lo vamos a cambiar. porque es nuestro símbolo, y nuestra forma de hacer las cosas. Eso también es lo bonito" "Y la caja registradora, se le fue el wifi pero bueno, tenemos la manivela" bromea Paco con 'guasa' sevillana.

El Ayuntamiento de Sevilla condecorará al establecimiento como espacio emblemático de la memoria de Sevilla. Son cuatro las generaciones que van en Blanco Cerrillo, y cada sevillano se seguirá encontrando dispuesto a ocupar un sólo azulejo del siempre atestado local, si a cambio puede disfrutar de todo lo que el mítico bar lleva tanto tiempo ofreciendo.

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