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La hermanas Padilla Camacho, el alma de la Cervecería El Tremendo: "Seguir la tradición para nosotras fue lo más importante"

Carmen y María serán reconocidas por el Ayuntamiento de Sevilla por mantener viva la esencia de la que es una de las cervecerías más históricas de Sevilla, un legado que comenzó hace más de ochenta años y que promete continuar

Las hermanas María y Carmen Padilla Camacho en el interior de su mítico bar sevillano 'El Tremendo'

Las hermanas María y Carmen Padilla Camacho en el interior de su mítico bar sevillano 'El Tremendo' / Emma Rocha

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Emma Rocha

Emma Rocha

Todo en la Cervecería El Tremendo es reducido, al tiempo que auténtico. San Felipe, la angosta calle donde se ubica, su espacio interior, de tan sólo diez metros cuadrados, sus diminutos servicios y también su estrechez por barra. Los azulejos que revisten sus paredes, velados bajo los innumerables carteles cofrades, son los mismos que se colocaron hace ya 83 años. Las hermanas Carmen y María Padilla Camacho no dejaron que muriera lo que su padre, Carmelo Padilla, forjó en el año 1943. Este sábado reciben el reconocimiento del Ayuntamiento de Sevilla con una de las medallas que la ciudad entrega con motivo del Día de San Fernando.

"Se vinieron de Bonares en busca de trabajo, de una oportunidad, como tantas familias de pueblos en los años sesenta" nos cuenta Rocío, la hija de María, quien Sevilla conoce como "Mari". Este año ha cumplido ochenta años, y desde los 19 ha estado detrás de la barra del Tremendo. Ahora se ha jubilado, y junto a su hermana Carmen, frecuentan la cervecería para vivirla desde el otro lado, pero la cantera familiar continúa sirviendo a sevillanos y turistas los tanques de cerveza más famosos de la ciudad hispalense. "Somos tres hermanos y a todos nos dijeron que nos dedicáramos a lo que quisiéramos, pero que aquí tendríamos esto. Yo tengo mi carrera, pero seguí con la tradición porque me parecía importante" nos cuenta Rocío.

Aunque hace unos años tuvieron que realizar una obra en algunas zonas del local hostelero debido a una inspección técnica, desde El Tremendo se reclamó que "los azulejos tenían que ser idénticos a los que habían estado toda la vida". Una ceramista del barrio de Triana fue la encargada de clonar y producir a imagen y semejanza los azulejos míticos del establecimiento, manteniendo de esta forma la pura esencia de la estética que la impronta de Carmelo dejó como prueba de sus comienzos en el bar.

Un bar que se resiste a las modernidades

Es uno de los pocos bares que quedan en Sevilla sin aceptar el pago con tarjeta, los tanques sólo se pagan en efectivo, como en antaño: "Esto es por orden de ellas, se ha pagado en metálico de toda la vida, y no quieren complicarse. Son sus reglas. Y parece que los sevillanos por ahora no ponen impedimento, saben que aquí se funciona así". En la misma línea distintiva, El Tremendo es uno de los bares al que todavía se le permite que los clientes consuman de pie y fuera del establecimiento, una práctica controvertida y cada vez más restringida por las autoridades: "Hemos tenido algún problema, pero ahora mismo está totalmente arreglado. Al ser un bar histórico en la ciudad, de alguna forma se nos permite como excepción a la norma".

A Mari y a Carmen se les reconoce ahora como una parte esencial de la memoria sentimental de Sevilla, gracias a más de seis décadas de trabajo en uno de los establecimientos hosteleros más emblemáticos e icónicos de la ciudad, desde donde hace más de 60 años se pusieron las dos detrás de la barra a servir y tirar tanques de cervezas. "Es una cosa preciosa, me hace mucha ilusión. En nombre de mis padres, como seña de que sí consiguieron un futuro mejor, por nosotras que seguimos para adelante en su día, y por las generaciones que vienen a seguir conservándolo como mi hija Rocío" nos confiesa Carmen Padilla tras preguntarle por la condecoración que ahora le otorga su ciudad, casi entre lágrimas de emoción.

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