Sevilla estrena 'Buganvilla', el skateplaza que nace de la iniciativa de un grupo de amigos: "Empezamos pagando 20 euros cada uno por un módulo de pista"
La 'Skateplaza Buganvilla' se inició en 2020 como iniciativa de un grupo de amigos tras el confinamiento, transformando la zona abandonada del Paseo Juan Carlos I en un punto de encuentro deportivo y social.

Skateplaza Buganvilla, el nuevo espacio para los skaters en Sevilla / Elizabeth Arria
Sevilla ya tiene una nueva plaza de skateboarding en el Paseo Juan Carlos I bajo el nombre de 'Skateplaza Buganvilla', en referencia a las flores moradas que decoran el espacio. La idea nació a mediados de 2020 tras la primera fase de desconfinamiento de la pandemia, con la iniciativa de un grupo de amigos aficionados a este deporte. Tres fueron los responsables de mover la comunidad local de patinadores para poner en marcha este proyecto. Entre ellos está Nacho Robina, quien nos cuenta cómo inició todo.
"A raíz de que se ha hecho deporte olímpico oficial desde el año 2020 ha habido un boom de todo el tema del skate", explica Nacho. Por este motivo, se empezaron a plantear eventos oficiales y una renovación de las instalaciones de práctica para los skaters y otras comunidades, tipo bikers o rollers. Una popularidad que además que está "muy ligado a lo artístico".
"En el primer módulo de pista pusimos 20 euros cada uno"
Poco después de levantarse el confinamiento del COVID-19, el tiempo al aire libre y las actividades fuera de cuatro paredes se convirtió en una necesidad primaria. Justo por esa época, Nacho Robina y dos amigos, decidieron construir un skateboarding en la antigua pista de patinaje de la Expo, un espacio que estaba totalmente abandonado y aislado en la dársena del río Guadalquivir. "Ahí había delincuencia, indigencia, botellones, era una zona muy quemada", describe Nacho. "En el primer módulo de pista pusimos 20 euros cada uno", recuerda.

Skateplaza Buganvilla, el nuevo espacio para los skaters en Sevilla / Elizabeth Arria
Sin apenas experiencia, estos tres amigos se iniciaron en el diseño y la construcción de módulos, el primer ejemplar fue un banco. "La mayoría de la gente que pasaba por ahí, pensaba que lo había hecho el Ayuntamiento", recuerda. Se guiaban con vídeos tutoriales DIY (Do it Yourself), colocaron papeleras, construyeron más módulos y se ocuparon de mantenerla limpia. En palabras de Robina, el "efecto llamada" fue contundente, llegaron skaters y personas cercanas al ámbito para grabar y fotografiar el espacio, ganaron pronta notoriedad en la comunidad de patinadores en redes sociales, y se despertó el entusiasmo por el proyecto. Contaron con la ayuda del Club Sevilla Skateboarding, un colectivo que se fundó en 2007 y al que pertenece Nacho Robina desde 2018.
También empezaron una labor para concienciar a los usuarios de "respetar el espacio", y hacer saber a los que se reunían ahí que debían cuidar el sitio. Según Nacho, se sumaron voluntarios económicos y físico. "No tienes dinero, pues vienes y echas un rato, tienes dinero, pero no tienes tiempo, pues nos hacían bizum y con eso comprábamos los materiales", explica Robina. Estuvieron cerca de un año y medio muy asentados y en ese tiempo levantaron en total doce módulos para todos los niveles desde niños de 5 años hasta adultos.
Desarrollaron un trabajo de "alejar toda la marginalidad de esa zona", un área vandalizada y escondida de la vista del público en el que se hacían botellones, venían indigentes y borrachos. "Era una zona muy aislada", dice. En principio, les vino bien que no se viera nada. "Nosotros construimos sin ningún tipo de permiso", reconoce Robina, una situación que podía traerle problemas. En alguna ocasión se les acercó la policía, pero una vez que explicaban lo que hacían los dejaban en paz. "Estábamos haciendo algo positivo por el espacio y por la comunidad", aclara.
El skate es un deporte joven que tiene su fundación y reconocimiento en los años 50 en Estados Unidos, y que además va acompañada de estigmas negativos vinculados al consumo de porros y a un mal comportamiento. Sin embargo, Nacho Robina asegura que es un deporte más, y explica que el problema es que no hay un mantenimiento, ni una actualización de los espacios en los que se practica este deporte. Y añade con pesar, que ha conocido más de un skater que tenía potencial para competir a nivel nacional o internacional.
Las expectativas convertidas en quejas
Tocaron a la puerta del Ayuntamiento y se contactaron con otras entidades, y así se surgió el proyecto de renovación de todo el Paseo de Juan Carlos I. "Una idea que venía de antes, pero que se terminó por concretar con el skate", explica Robina. El único de los tres amigos que aún hace seguimiento de este proyecto, tiene treinta años y lleva desde los 11 en el mundo skater, ha obtenido recientemente su titulación oficial como entrenador de este deporte, y es secretario del Club Sevilla Skateboarding, aunque no vive de ello.
Han pasado seis años desde que se iniciaron las obras y cuatro desde que se hiciera oficial. Retrasos burocráticos, el mal clima y la falta de materiales han sido motivo de que "una obra que estaba proyectada para cinco meses ha acabado durando un año y medio". Tanto Robina como otros skaters participaron en el diseño y seguimiento del proyecto que ahora estaba en manos del Ayuntamiento, pero se trataba de ofrecer sugerencias, nada oficial. La finalización de las obras aún tiene varios comentarios de descontento, y los acabados del suelo o los módulos no han sido los óptimos para quienes practican este deporte.
"El problema es que la ejecución de este proyecto no se ha realizado por una empresa especializada", dice Robina. También comenta que para los skaters se necesita una inclinación concreta, un ángulo y un sentido compartido entre los módulos y que eso "los patinadores lo notan".
Robina aclara un malentendido generalizado en redes sobre la inversión económica del proyecto. "La gente se piensa que el presupuesto de medio millón de euros es solo para el skate y no es así", explica. Sugirieron más modalidades al aire libre, entre ellas dos canchas de baloncesto. "Que no es solo el skate", confirma. En efecto, también se instaló un césped acolchado para yoga o el karate, un vallado perimetral, un acceso a la pista de skate, unas luces LED y más. Se trató de una obras que implicaban el conjunto del Paseo Juan Carlos I. Y aunque está agradecido, considera que se pudo haber hecho un trabajo más completo.
Finalmente, explica que las plazas de skateboarding siempre han nacido como una iniciativa de la comunidad que la practica, eso incluye el espacio en Plaza de Armas. "Tanto el original del 95 como la renovación de 2010 son también fruto de la colaboración de los skaters, de otras generaciones, pero surge de ahí", aclara. Asimismo, insiste en que es un deporte que tiene mucho margen de crecimiento y que ahora está muy de moda.
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