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Triana

Enrique González, cuchillero de la calle Castilla reconocido en la Velá de Santa Ana: "Antes estaba todo lleno de comercios"

El trianero, a sus 72 años, sigue al frente de la mítica cuchillería tras 60 años de dedicación y continúa el legado familiar iniciado por su padre

VÍDEO | Enrique González, cuchillero de la calle Castilla reconocido en la Velá de Santa Ana

Enrique González, cuchillero de la calle Castilla reconocido en la Velá de Santa Ana / Marina Casanova

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Victoria Flores

Victoria Flores

Sevilla

Cuando Enrique González llegó al número 26 de la calle Castilla a ayudar a su padre tenía 14, hoy ha cumplido ya los 72. Este trianero sigue detrás del mostrador de la mítica cuchillería 60 años después. Enrique se ha levantado a las 7:30 y, sin saber que hacer, se encerró en su negocio para afilar cuchillos. Tras 70 años abierta, la Cuchillería Castilla ha sido denominada Trianera de Honor en la Velá de Santa Ana.

Al principio estuvo un poco reacio a este reconocimiento. "No soy hombre de cosas de estas, pero después me alegré", admite feliz. Este es un premio para él, pero también para su padre, que abrió el negocio y con el que trabajó mano a mano durante décadas. "Esto a mí me da vida", subraya, para confesar el trabajo que le costó superar el fallecimiento de su padre, de quien aprendió todo lo que hay que saber en este negocio.

Enrique González, dueño de Cuchillería Castilla y Trianero de Honor en la Velá de Santa Ana 2026 (Sevilla)

Enrique González, dueño de Cuchillería Castilla y Trianero de Honor en la Velá de Santa Ana 2026 (Sevilla) / Marina Casanova / ECA

Enrique estudiaba en los Salesianos, pero veía a su padre cada día trabajar en la cuchillería. "Mi padre tenía muchísimo trabajo y yo era demasiado maduro para la edad que tenía y le dije que me venía con él", recuerda este cuchillero que apunta que su padre no quería, "pero al final se dio". En el mostrador del negocio, de madera verde, se ven navajas o cuchillas, pero también una foto de su padre: "Era mi padre, mi amigo, lo era todo para mí".

Una calle Castilla de otra época

Este cuchillero podría estar jubilado, pero su negocio es su vida. "Yo necesito actividad, no puedo estar sin venir una semana. Estoy en casa, y cuando llevo allí media hora sentado, me levanto y me voy buscando algo de algo que hacer y no puedo estar" cuenta y bromea con que "si en 62 años no has ganado dinero, no lo vas a ganar ya". Además, este cuchillero asegura que si le costara trabajar, "ya lo hubiera dejado".

Enrique no ha fallado a su negocio ni un solo año, desde que dejó el colegio, como él se encarga de recalcar mientras saluda a los vecinos que pasan por la puerta. La calle Castilla poco tiene que ver con la que su padre se encontró hace ahora 70 años. El suyo y la Bodeguita el 24 son de los pocos negocios que quedan de aquella época. "La calle estaba llena de comercios, te puedo enumerar todos los que han cerrados", asegura con una sonrisa.

La cuchillería Castillba, representada por Enrique González, Trianero de Honor en la Velá de Santa Ana 2026 (Sevilla)

La cuchillería Castilla, representada por Enrique González, Trianero de Honor en la Velá de Santa Ana 2026 (Sevilla) / Marina Casanova / ECA

En la segunda mitad del siglo XX, en la histórica vía trianera no había candados de pisos turísticos ni café de especialidad, estaba llena de negocios familiares a los que llegaban las vecinos del Aljarafe a comprar. Era una especie de gran almacen al aire libre. Estaban Los Leones, la tienda de tejidos Alés, Calzados Ávila y decenas de bares en los que no tenían por qué atender en inglés a nadie.

Clientes de toda la vida

En los últimos años el volumen de negocio ha ido cayendo, pero en una mañana los clientes no dejan de cruzar la puerta. Los cuchillos son más baratos y las grandes marcas le hacen la competencia con los precios a los negocios de toda la vida, aun así, le merece la pena. "Me voy defendiendo para estar yo solo", explica para asegurar que hay días que tiene que madrugar para poder recuperar el trabajo atrasado.

La maquinara suena de fondo mientras atiende a quienes vienen a comprarle navajas o a recoger tijeras. "Yo vivo en Castilleja y vengo aquí de toda la vida", reconoce un cliente. Tras las mamparas de vidrio se mantienen las mismas herramientas de trabajo que utilizaba su padre. "Mira como van todas", responde orgulloso cuando se le pregunta por la antiguedad y explica que solo repone las piedras o las muelas.

"Yo me voy de Triana y me muero", asegura Enrique. Aunque reconoce que es un poco "exagerado", también destaca que recibir un reconociento en la Velá de Santa Ana es lo más importante para un trianera. Para Enrique, estos son los días grandes del viejo Arrabal y todos los años intenta darse una vuelta por la calle Betis para ver las casetas y el ambiente que se respira junto al río

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