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Icónica Santalucía Sevilla Fest

Sting en Sevilla: el arte de mirar atrás sin rendirse a la nostalgia

El músico británico cierra la presente edición de Icónica Santalucía Sevilla Fest con una extraordinaria antología de su trayectoria recreada con intimismo y sabiduría artesanal

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Paco Camero

Paco Camero

Sevilla

El disco en directo y la gira Sting 3.0 se ha vendido como el regreso a la esencia del músico británico, una vuelta a las raíces rockeras, a la frescura y el planteamiento despojado y orgánico de sus comienzos, y aunque tengamos que hacer una excepción esta vez vamos a comprar el relato promocional. El formato de trío con el que comparecía inevitablemente remitía a la formación de The Police, la banda con la que hace más de cuatro décadas se puso el mundo por montera y se convirtió en una superleyenda intergeneracional. 

De hecho su actuación en Icónica Santalucía Sevilla Fest, la primera en la capital andaluza, comenzó bajo el influjo de su antigua banda, con una Message in a bottle a la que le bastaron un par de compases para propagar esas cálidas ráfagas de reggae-rock minimal y desatar un auténtico seísmo sentimental-generacional. 

A I wrote your name (upon my heart) y sobre todo a If I ever lose my faith in you les habrían venido bien los ropajes de los arreglos, y evidenciaron que Dominic Miller, guitarrista y colaborador de confianza del cantante y bajista desde comienzos de los 90, y Chris Maas a la batería no son ni Andy Summers ni menos aún el imaginativo y versátil Chris Stewart, pero también era ese el motivo por el que el concierto se estaba celebrando en la Plaza de España y no en el Estadio de la Cartuja. 

En imágenes | Sting pone el broche de oro a Icónica Santalucía Sevilla Fest

En imágenes | Sting pone el broche de oro a Icónica Santalucía Sevilla Fest / Marina Casanova

No menos cierto es que el acercamiento directo y digamos crudo a su catálogo, dejando que las canciones se defendieran por sí mismas, más allá de la sobreproducción preventiva con la que suelen arroparse los artistas megaconsagrados, tuvo un gran encanto. Fue placentero escuchar en su formato más desnudo Englishman in New York y muy especialmente una Fields of gold como si no fuera nada más que una preciosa balada tocada en una atmósfera de recogimiento e intimidad en el pub de la esquina. 

Lógicamente, a sus 74 años Sting no está para los derroches vocales de antaño, pero puede seguir interpretando sus canciones con enorme destreza, hasta el punto de hacer olvidar que ha tenido que bajar algún tomo su característico registro. Never coming home, en una interpretación rica en matices instrumentales y cierto vuelo para salirse del guión, permitió apreciar la indudable química del trío y nos hizo agradecerle a Sting que a su edad y sin necesidad alguna de correr riesgos tenga aún tanto interés por la música per se, más allá de la fama y la comodidad del estatus, como para presentarse en este formato y no arropado, pongamos, por esa clase de planteamientos orquestales que tantas veces no hacen más que tratar de enmascarar el estado terminal de la creatividad de los músico pop tras el fetiche de la qualité y el siempre sospechoso prestigio de la seriedad adulta. 

Fue placentero escuchar en su formato más desnudo 'Englishman in New York' y muy especialmente una 'Fields of gold' como si no fuera nada más que una preciosa balada tocada en una atmósfera de recogimiento e intimidad en el pub de la esquina

Con Mad about you, un dechado de atmósfera y sutileza, nos olvidamos por fin -quien escribe al menos- de que estábamos viendo actuar a Sting, la leyenda de la música popular desde antes de que uno naciera, y por tanto era prácticamente obligatorio que nos impresionara el concierto. Es que, sencillamente, con la banda ya absolutamente acoplada, estaba siendo un concierto estupendo, más allá de consideraciones ajenas a las canciones en sí mismas. La fantástica versión de Wrapped around your finger, otra cata en el mítico repertorio de Police, vino a demostrar que es posible perder urgencia y aires juveniles y ganar a cambio poso y serenidad sin que el asunto devenga, como casi siempre ocurre, en una visita al museo de cera.

Sting vino a tocar su música, y tal vez por ello prescindió casi completamente, al margen de un par de intervenciones de obligada cortesía, del parloteo entre canciones. Aquí no había más argumento que las canciones, y cuáles otros podrían ser mejores. Driven to tears, del primer disco de Police, nos llevó de nuevo a los airecillos jazzísticos, los magnéticos estribillos pop y los ritmos vagamente globales con los que la banda se hizo de oro y se convirtió en leyenda, pero sin tratar de calcar una fórmula sin más, sino tratando ese material como lo que es, una premisa a partir de la cual dejar volar el sonido y los matices.

En imágenes | Sting pone el broche de oro a Icónica Santalucía Sevilla Fest

En imágenes | Sting pone el broche de oro a Icónica Santalucía Sevilla Fest / Marina Casanova

Pese a la dificultad de hacerlo en un espacio al aire libre y ante miles de personas que habían llevado a la organización a colgar el cartel de sold out, 1000 years ahondó en la senda intimista y despojada del concierto, con la banda cociendo a fuego lento las canciones y dejándolas respirar, jugando extraordinariamente con los espacios de silencio entre las notas. Suponemos que debido a cierta deformación del oficio, las superestrellas nos vuelven sistemáticamente desconfiados. Por eso fue verdaderamente un placer comprobar -el directo, más aún en el formato elegido, no tiene trampa ni cartón- que Sting nunca olvidó que es un gran intérprete y compositor pop antes que una celebridad mundial. Puede sonar a perogrullo, pero vamos a ser elegantes y ahorrarnos algunos ejemplos notorios que demostrarían que no se trata de una afirmación (tan) evidente.

Can’t stand losing you, otro de los grandes hits de Police, sonó por tanto como puede y debe sonar Sting en el año 2026. Ha perdido descaro y cierta urgencia de estirpe punk, cómo no, pero a cambio, como las bases de la canción lo permiten, ha adquirido una profunda sabiduría de artesano que con los mismos materiales te entrega una pieza tan enormemente familiar como casi totalmente distinta. Shape of my heart volvió a poner de manifiesto la amplitud del repertorio del británico y su talento incontestable para el medio tiempo que se te mete por los oídos y acaba cambiándote el pulso y el estado de ánimo: magnífico, hipnótico, uno de esos momentos de los buenos directos en los que el tiempo parece a la vez suspenderse y dilatarse.

Más briosa e incrementando sutil y progresivamente su intensidad, Brand new day preparó el terreno para otro más de los ineludibles megaéxitos del primer tramo de su carrera: una So lonely con la que Sting y sus dos cómplices dieron una lección práctica sobre cómo jugar a su antojo con el tempo de una canción e insuflarle respiración para hacerla sentir plenamente viva más allá del recuerdo que tenemos todos de la grabación de hace décadas sonando en la radio coche.

Desert rose y su soniquete arábigo dio paso a Every breathe you take, cuidado ahí, que hablamos de una de esas canciones que, de tan apabullantemente famosa, parece haber estado siempre flotando en el ambiente. Pero no, alguien la escribió en su momento y además sigue sabiendo recrearla no sólo evitando que parezca un cliché exhibido rutinariamente, sino de hecho sacándole brillo e insuflando vida a todo lo que hace de ella una composición infalible, una imperial obra maestra del pop en toda la extensión del término.

En los bises, que apenas se demoraron, como si los músicos estuvieran tan calientes y disfrutones ya que para qué alargar el paripé del adiós amagado, otra imperecedera gema: Roxanne, en una versión fantástica, una alternancia de calma y tensión que nos la hizo parecer, de nuevo, como recién escrita. Por primera vez en toda la noche dejó Sting el bajo y tomó la guitarra acústica para regalarnos Fragile, una maravilla de pop-jazz que cerró la actuación en el registro intimista que marcó el tono general de la misma. Como comenzamos este texto dando por válido un lema promocional, cerrémoslo entregando otro, que de nuevo nos parece cierto: un precioso cierre por todo lo alto de esta edición de Icónica Santalucía Sevilla Fest.

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