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Obituario

Uruñuela, ejemplo de una época política mucho más ilusionante, cívica y eficaz

Primer alcalde democrático de Sevilla tras la Guerra Civil, afrontó la gestión de barrios sin servicios y la protección del centro histórico

Luis Uruñuela en la toma de posesión como alcalde.

Luis Uruñuela en la toma de posesión como alcalde. / Exposición fotográfica ©ICAS-SAHP. Fototeca Municipal de Sevilla, fondo Serrano

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Juan Luis Pavón

Juan Luis Pavón

SEVILLA

Compromiso Político por Andalucía. Es el nombre del colectivo creado en 1965 por Luis Uruñuela Fernández, Alejandro Rojas Marcos, Diego de los Santos, Juan Carlos Aguilar y Guillermo Jiménez. El embrión de lo que años después se forjó como andalucismo político. Cuando el franquismo vetaba cualquier brote de asociacionismo. Ni con ribetes nacionales ni con colores regionales. Esa solera de demócrata de los momentos pioneros cuando la dictadura estaba demasiado apoyada, ese anhelo de una España libre y justa en la que Andalucía contribuyera a remediar los tremendos desequilibrios y privilegios en favor de las élites de Madrid, Cataluña y País Vasco, fueron santo y seña del proceder de Luis Uruñuela. Poco se le ha reconocido en vida que encarnó, sobre todo en Sevilla, el talante de implicarse en la acción política sin servirse de la política para perpetuarse en ella o en sus poltronas adyacentes.

Uruñuela, abogado, profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla, cantera de políticos de todo el espectro ideológico, representa a quienes desde planteamientos diversos no solo tuvieron notable capacidad para analizar y teorizar los males de la patria y sus aristas, sino también para arremangarse y aportar soluciones en la práctica, barrio a barrio. Como en los primeros ayuntamientos democráticos, en 1979, cuando hubo que asumir poner remedio con urgencia a anacrónicos modelos de gestión municipal y de hacienda local que para nada se correspondían con las necesidades de la ciudadanía.

A Uruñuela, merced al pacto entre socialistas, andalucistas y comunistas para gobernar juntos las principales ciudades andaluzas, le cupo el honor de ser el primer alcalde de Sevilla con legitimidad democrática tras la Guerra Civil. Tanto él como la mayor parte de los ediles de aquella Corporación arrimaron el hombro para resolver, con las arcas vacías, problemas tremebundos como la gran cantidad de barriadas que no estaban recepcionadas por el Ayuntamiento y que carecían de equipamientos básicos y de servicios esenciales. O, por contra, pararle los pies a las promotoras que influían en la demolición de muchos edificios del centro de la ciudad.

Una época en la que las auténticas prioridades tenían más protagonismo en la agenda pública y política de la ciudad. Mientras que hoy en día se rasgan las vestiduras por la construcción de una mezquita o por la transformación del obsoleto canal del lago de la Expo'92.

En 1986, tras los malos resultados del Partido Andalucista en las elecciones autonómicas, cuando Luis Uruñuela había asumido ser secretario general y su candidato principal, decidió dimitir y abandonar la actividad política. Podía haberse apoltronado, podía pretextar que el PSOE había canibalizado la representación de la identidad política andaluza, y con Felipe González y Alfonso Guerra al frente del Gobierno de la nación hizo ver que era el partido que mejor podía defender los intereses de Andalucía. Pero prefirió ser coherente y asumir sus responsabilidades en la derrota, sin esperar a que el desgaste de esa aureola emergiera antes o después.

Ni siquiera cuando en los años 90 el Partido Andalucista volvió a entrar en coaliciones de gobierno, tanto en el Ayuntamiento de Sevilla (con el PP) como en la Junta de Andalucía (con el PSOE), Uruñuela tampoco buscó hacer valer su condición inigualable de primer alcalde de la Sevilla constitucional para haberse placeado en poltronas por las que otros se dan codazos, en fundaciones, empresas públicas, planes estratégicos, etc´tera. Siguió dedicado a su actividad profesional y a su familia, y aportando sus criterios a quien quisiera conversar con él.

Historia de El Correo de Andalucía

Luis Uruñuela también es historia de este periódico, El Correo de Andalucía, pues durante unos años en los que esta cabecera comenzó a significarse en pleno franquismo por informar sobre la realidad socioeconómica y sobre los valores democráticos, él fue uno de los accionistas y miembro del consejo de administración, a petición de quien lo presidió, el catedrático de Derecho Faustino Gutiérrez Alviz. Muchas fueron las personas que, desde cátedras, parroquias, fábricas, bufetes y organizaciones más o menos clandestinas, confluían en pro del bien común, y quienes se atrevían a hacer periodismo de calidad conectaban con sectores de población deseosos de grandes acuerdos y de profundos cambios. No conviene olvidar que esa necesidad vuelve a acrecentarse en tiempos donde las democracias están en peligro de perder su identidad y su autenticidad.

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