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La socióloga Ana María Cabana analiza la polémica de la mezquita del Polígono Sur de Sevilla: "Hay que abrir un diálogo entre el barrio y la comunidad musulmana"

La construcción del nuevo centro cultural islámico en el Polígono Sur sevillano suscita debate sobre su impacto en la cohesión social del barrio aunque la socióloga advierte que será un factor de único o de división en función de cómo interaccione el proyecto con el barrio

Una socióloga especializada en Gerencia Social, Ana María Cabana analiza el proyecto de la mezquita en el barrio del Polígono Su, que suscita opiniones dispares entre sevillanos e instituciones políticas.

Una socióloga especializada en Gerencia Social, Ana María Cabana analiza el proyecto de la mezquita en el barrio del Polígono Su, que suscita opiniones dispares entre sevillanos e instituciones políticas. / el correo

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Emma Rocha

Emma Rocha

Sevilla

El proyecto de mezquita con un gran centro islámico en el barrio sevillano del Polígono Sur tiene ya licencia para el inicio de las obras tras una larga polémica que aún persiste. El futuro centro cultural islámico se levantará en la Avenida Victoria Domínguez Cerrato, en un solar de titularidad privada colindante al Parque Celestino Mutis.

En una de las zonas con mayor complejidad socioeconómica de España, la implantación de un centro religioso puede convertirse tanto en un elemento de cohesión y articulación comunitaria como, dependiendo de la forma en que se integre en el barrio, en un nuevo foco de tensiones. Ana María Cabana, socióloga y especialista en gerencia social, analiza en El Correo de Andalucía el proceso de aceptación social del proyecto desde una perspectiva sociológica y advierte de que el impacto de la mezquita dependerá, en buena medida, de la relación que consiga establecer con la gente del propio barrio.

Desde la sociología de la religión, la función de una institución religiosa no se limita al ámbito estrictamente dogmático. La perspectiva desarrollada por Émile Durkheim en Las formas elementales de la vida religiosa entiende la religión también como un mecanismo de cohesión capaz de generar solidaridad y reforzar la unidad de un grupo. En el contexto del Polígono Sur, esta dimensión social puede observarse, ya a día de hoy, en los oratorios que funcionan en locales o espacios adaptados: "Los oratorios semiocultos trascienden de ser un lugar de rezo para construirse en un espacio seguro y de apoyo mutuo, alfabetización, redes de cuidados y solidaridad vecinal", señala Ana María Cabana. La existencia de un equipamiento reconocido como se propone en este templo del Polígono Sur podría proporcionar a esas dinámicas un anclaje institucional capaz de atenuar algunos de los efectos de la precariedad económica existente.

La socióloga considera, sin embargo, que la construcción de este templo no garantiza por sí sola una mayor integración. La clave estará en su capacidad para relacionarse con el resto del tejido social del Polígono Sur. Un templo visible puede reforzar los vínculos internos de la comunidad musulmana, pero también convertirse en un "capital social de puente", conectando a los vecinos musulmanes con otras asociaciones y entidades del barrio y convirtiéndose en un interlocutor ante las administraciones públicas.

El riesgo aparecería si el nuevo espacio quedara aislado del entorno. Ana María recuerda que en barrios afectados por una prolongada falta de inversión pública puede existir una fuerte competencia por los escasos recursos. Por ello, explica que si los vecinos perciben que "se consolida un templo para un colectivo en específico mientras las infraestructuras públicas comunitarias continúan deteriorándose" podría surgir un sentimiento de agravio comparativo.

Si los vecinos perciben que se consolida un templo para un colectivo en específico mientras las infraestructuras públicas comunitarias continúan deteriorándose podría surgir un sentimiento de agravio comparativo.

Ana María Cabana Ospino

— Socióloga especialista en Gerencia social

También alerta sobre la posibilidad de que el templo termine funcionando como una frontera social si se gestiona de manera cerrada. En ese escenario, afirma, podría consolidarse un enclave identitario que alimentara dinámicas de alteridad o un 'nosotros contra ellos'. La falta de comunicación entre comunidades podría hacer que algunos sectores interpretasen la presencia del centro islámico como una constante competencia de carácter cultural o territorial. Por eso, la conclusión de la socióloga es clara: "La mezquita no es intrínsecamente un factor de división o de unión: su efecto depende de su articulación con el entorno". "Si la institución permanece cerrada sobre sí misma, podría profundizar las brechas existentes; si se integra en las redes de mediación comunitaria, podría convertirse en un espacio de cohesión y solidaridad", completa.

Un debate que no retrata necesariamente el 'malestar' del Polígono Sur

Desde que se presentó el proyecto, la mezquita del Polígono Sur desató un fuerte choque político e ideológico en cuanto a las licencias urbanísticas requeridas para su consecución. La tensión sigue siendo medible en medios, política institucional y sociedad sevillana. Sin embargo, Ana María Cabana considera que la crispación estampada en la prensa y en el discurso de los partidos políticos que no están de acuerdo con la consecución del templo musulmán no representa necesariamente a los vecinos y vecinas: "El conflicto que se refleja no representa fielmente el sentir de la comunidad", sostiene. Bajo su criterio sociológico, existe un proceso mediante el cual determinados temas "se manipulan y se dramatizan", mientras las preocupaciones cotidianas de los vecinos tienen que ver con problemas mucho más estructurales.

Entre esas preocupaciones sitúa los fallos continuos en el suministro de energía, las deficiencias en las líneas de autobuses de TUSSAM, la falta de equipamientos educativos y sanitarios dignos y las elevadas tasas de desempleo. "Cuando la administración pública da celeridad a una licencia urbanística sin responder otras urgencias vitales, se genera una sensación de abandono institucional", afirma.

Desde su perspectiva, el debate político y mediático puede terminar desplazando las causas reales del descontento. "En realidad el descontento de la comunidad responde a causas estructurales derivadas de la falta de participación en la toma de decisiones urbanas", explica. Para ilustrar esta dinámica recurre a la teoría de la democracia deliberativa de Jürgen Habermas y a su análisis sobre cómo los medios y las instituciones pueden simplificar o dramatizar las demandas ciudadanas.

Sustituir los oratorios ocultos por un templo visible

La ciudad de Sevilla cuenta con una comunidad musulmana consolidada desde hace ya décadas, que hasta ahora ha ejercido su culto en locales y pisos adaptados. Forma parte de una transición el hecho de pasar de un entorno donde estos musulmanes practican su religión 'en la sombra' a hacerlo de forma abierta en un templo reconocido. Esto no solo genera un impacto de la autoimagen de la propia comunidad, sino en la forma en la que sus nuevas generaciones vivirán su identidad religiosa.

"El paso de oratorios semiocultos a un templo religioso visible y reconocido representa un hito transformador para la autoimagen de las nuevas generaciones de musulmanes sevillanos", explica Cabana. La visibilidad del espacio religioso supondría, desde esta perspectiva, la materialización de un símbolo capaz de reforzar la identidad colectiva. La entrevistada considera especialmente relevante el hecho de que muchos jóvenes musulmanes hayan nacido o crecido en Sevilla. La anterior invisibilidad de sus espacios de culto podía generar, en sus palabras, "una vivencia religiosa estigmatizada por la clandestinidad de esta práctica". Frente a ello, un templo visible permitirá desarrollar una identidad menos fragmentada, en la que "ser sevillano y musulmán resulte tanto intelectual coherente como emocionalmente legítimo".

Un templo visible permitirá desarrollar una identidad menos fragmentada, en la que ser sevillano y musulmán resulte tanto intelectual coherente como emocionalmente legítimo.

Ana María Cabana Ospino

— Socióloga especializada en Gerencia Social

El proyecto, además, podría tener una dimensión comunitaria que trascendiera la oración. La entrevistada subraya que "un templo no es solo la construcción de un espacio, no es solo un lugar de rezo, sino un impulso comunitario que ofrece aulas, talleres y espacios socioculturales", algo que podría incentivar especialmente a los jóvenes a participar en actividades y asumir responsabilidades dentro de la propia comunidad. La visibilidad también tendría una dimensión relacionada con el reconocimiento social: al pasar de espacios ocultos a un templo público, la comunidad adquiriría una mayor interlocución social y urbana. "Se rompe el sesgo social", apunta, al tiempo que "se normalizarían la diversidad religiosa y la libertad de culto" ante el conjunto de la ciudadanía sevillana.

Entre los posibles efectos de este cambio identifica una mayor autoestima comunitaria, una reducción del sentimiento de discriminación, una mayor cohesión entre generaciones y nuevas posibilidades de diálogo intercultural. El templo podría convertirse así en un punto de encuentro capaz de reforzar la memoria cultural y favorecer que los jóvenes musulmanes actúen como "puentes de diálogo entre la tradición islámica y la sociedad sevillana"

¿Qué herramientas debería activar Sevilla para evitar una libertad de culto percibida como amenaza?

Ante un debate en el que convergen la libertad religiosa y determinadas posturas reticentes procedentes de un rechazo identitario o cultural, Cabana apuesta por generar espacios de encuentro que permitan abordar el conflicto de una forma directa y desde el propio barrio.

Su primera propuesta pasa por crear mesas de diálogo entre la comunidad musulmana, las asociaciones vecinales y las distintas entidades del Polígono Sur. El objetivo sería disponer de espacios formales en los que "abordar con total transparencia las inquietudes cotidianas del vecindario". A ello suma la necesidad de una mayor pedagogía institucional: Ana María Cabana considera fundamental garantizar la máxima transparencia en los procedimientos urbanísticos y explicar a la ciudadanía el marco legal y constitucional que protege el ejercicio de la libertad religiosa.

La tercera vía sería la puesta en marcha de proyectos comunitarios compartidos. La experta en gerencia social plantea que el templo partícipe en iniciativas sociales y culturales del entorno "para que su presencia pueda visualizarse también como una aportación al bienestar general del barrio". La cuestión, en definitiva, no sería ocultar las diferencias para evitar el conflicto, sino crear mecanismos que permitan convivir con ellas. "Gestionar la diversidad de culto no consiste en invisibilizar las diferencias para no molestar", concluye, sino en "crear condiciones institucionales y sociales para que la pluralidad conviva en un marco compartido de los derechos de los ciudadanos".

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