VIRGEN DE LOS REYES
Sevilla vuelve a amanecer antes de tiempo: los fieles dan gloria a su Virgen en sus 80 años como patrona
La cita anual con la Patrona de Sevilla conmemora los 80 años de su proclamación acompañada de miles de fieles

La Virgen de los Reyes vuelve a reencontrarse con Sevilla otro 15 de agosto / Marina Casanova
Sevilla amanece antes de tiempo cada 15 de agosto. Los sevillanos le ganan las horas al sueño para cumplir, un año más, con una cita que tan sólo entiende de una devoción que se sabe de realeza. Y desde las primeras misas de peregrinos, aún de madrugada, la Catedral de Sevilla se convierte en el más puro y vibrante corazón de una ciudad, incontestablemente mariana, volcada con su Patrona.
Algunos llegan y permanecen en silencio, como un señor mayor que esperaba de rodillas a que quien lleva en ella toda su fe atravesara el dintel de la puerta con el llegar de la mañana; otros se saludan porque se encuentran cada año en el mismo lugar. Todos tienen un porqué: motivo, una promesa, un recuerdo o, sencillamente, la necesidad de estar allí cuando la Virgen de los Reyes cruza la Puerta de Palos.
Y entonces Sevilla despierta a su tiempo. Al dar las ocho en punto de la mañana, cuando el sol aún no se deja ver del todo, todo comienza a consumarse sobre las piedras doradas de la Catedral: la Patrona sale a las calles en su tradicional procesión de tercia.
Porque la mañana de la Virgen de los Reyes no empieza cuando sale el paso. Empieza mucho antes, en la luctuosidad de la madrugada, en las persianas que se levantan, en los bares que abren antes de lo habitual, en las calles que se llenan de quienes han decidido que hoy "no hay sueño que valga". Y cuando finalmente aparece la Virgen, Sevilla ya está despierta: esperando, mirando y, sobre todo, acompañándola
"Mi madre se llamaba Asunción y venía cada año a la punta del diamante para ver a la Virgen con los primeros rayos de sol en la cara" "Nos pidió que cuando ya no estuviera, jamás faltáramos a este dia" confesaba una mujer acababa de divisar la procesión en el eje central de la Avenida Constitución, y que cada año acude a la cita con Nuestra Señora de los Reyes desde Sanlúcar la Mayor. Contaba que no han sido pocos los años que recuerda haber venido hasta aquí a pie.
Este 2026, Nuestra Señora de los Reyes no dejaba de brillar de forma especial. Al palio de tumbilla, que se estrenaba el pasado año en la procesión Magna del pasado año 2024, se sumaba la restauración de su terna de castillos y leones, una pieza histórica donada por la reina Isabel II y un ambiente que recordaba a los 80 años que se celebraban de voto que atraía las miradas y comentarios desde los primeros minutos. Aunque ni el manto restaurado, ni siquiera las flores colocadas con mimo por José y José Manuel Ramos Ramitos restaban protagonismo al rostro de la Patrona, que ya lleva más de ocho siglos viendo cómo Sevilla cambia a sus pies.
Un comienzo ante el Altar de Plata
El escenario del que partía la Virgen de los Reyes se erigía como una de las principales novedades. Este año, la solemnidad de la Asunción volverán a desarrollarse ante el Altar de Plata de la Santa, Metropolitana y Patriarcal Catedral de Sevilla., después de la restauración integral de este monumental espacio del crucero. La intervención, iniciada el pasado enero de 2025, no se ha limitado a las piezas de plata.
También ha incluido la consolidación de la estructura, la restauración de las bóvedas y pinturas murales, los retablos de la Virgen de Belén y de la Asunción de Durango, la vidriera de la Ascensión y otros elementos del entorno litúrgico. Durante las obras, las grandes celebraciones tuvieron que trasladarse temporalmente al Trascoro.
El terno blanco de castillos y leones
Todas las miradas de los presentes en la temprana procesión por los aledaños de la catedral eran robadas por la Virgen de una forma casi inevitable, pero la novedad abría un hueco para fijarse en el que fuera uno de los conjuntos más históricos y representativos dentro del ajuar de la Patrona de la ciudad: hablamos de el terno blanco de castillos y leones, una casi 'alhaja textil' que lucía flamante tras haber sido repuesta al culto procesional tras una restauración acometida por parte del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH) y sufragado por el Cabildo Catedral. La intervención ha permitido mejorar la conservación del conjunto y profundizar en el conocimiento de sus tejidos, bordados, soportes y transformaciones.
Su utilización coincide con una efeméride de especial relevancia. En este año 2026 se cumplen 80 años de la proclamación de la Virgen de los Reyes como Patrona de Sevilla y de su Archidiócesis, reconocimiento concedido por el Papa Pío XII en el año1946. Precisamente, este fuera el conjunto que vistió la Virgen con motivo de aquella proclamación. Ocho décadas después, la imagen que venerara San Fernando volvía a portarlo en la solemnidad de la Asunción. La coincidencia conseguía, de esta forma, establecer un diálogo significativo entre dos grandes momentos de toda su historia devocional.

Nuestra Señora de los Reyes en procesión por la declaración canónica de su patronazgo en 1946 / Catedral de Sevilla
De reina a Reina
El origen del conjunto con el que la Virgen de los Reyes ha procesionado ataviada por las calles de Sevilla se encuentra en un vestido de gala de la Reina Isabel II, confeccionado por las hermanas Gilart, bordadoras de cámara de la monarca. La monarca Isabel II lo estrenaba en el año 1858 durante el solemne acto de apertura de las Cortes. El traje estaba realizado en raso blanco y enriquecido con bordados en hilo de oro. Su ornamentación reúne castillos, leones, flores de lis y motivos de inspiración gótica, en una composición que subrayaba su carácter regio y evocaba también a los históricos y poderosos reinos de Castilla y León.
Sería casi tres décadas después cuando la reina que da nombre al Puente de Triana en esta propia ciudad donara el conjunto a Nuestra Señora de los Reyes. El antiguo vestido de la soberana fue transformado y adaptado para confeccionar las prendas destinadas a la Virgen y al Niño Jesús. Un traje creado para una reina pasó así a formar parte del ajuar de la Reina de los Reyes. El terno incluye el manto, la saya y otras piezas de la Virgen, además de la indumentaria del Niño. En algunos elementos se conserva todavía el tejido original del traje de gala de Isabel II, mientras que otros fueron creados expresamente durante su adaptación al nuevo uso devocional.
De entre todos los pecherines con que cuenta el tesoro de la Virgen, ha sido el de brillantes el elegido para la salida procesional. Es el más valioso. En el centro figura la medalla de hija adoptiva de la ciudad de la Infanta María Luisa, que la donó a la Virgen.
"Gloria gloria, mi Virgen de los Reyes"
"Es la señora de Sevilla, para mí es mi madre" aseguraba sin titubear una señora sevillana que, hoy llevabando sus mejores galas, confiesa no consentir perderse cada año lo que para ella lo es "todo".
Daban las ocho y cuarto de la mañana cuando, a los pies de la Giralda, las voces del Coro de Antiguos Alumnos de la Escolanía de la Virgen de los Reyes entonaron: «A ti, Virgen de los Reyes, por patrona te aclamó». Y fue justo entonces, en ese preciso instante, cuando los costaleros hacían girar por completo el paso y la Virgen se volvía hacia la Giralda. Ambas se miraban frente a frente, una vez más.
Y se posó el sol sobre su rostro. Por la Punta del Diamante, la Virgen le hizo competencia a la estrella que calienta la ciudad pasadas las 8.30 de la mañana. El cielo se antojaba totalmente abierto y el fervor de los presentes hacía el resto. Y como cada año, la Escolanía Virgen de los Reyes, la Unidad de Música del Cuartel General de la Fuerza Terrestre y la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla fueron las encargadas de aportar los tintes sonoros.
La imagen mariana cubrió los últimos metros de su discurrir con un empaque regio y mucha distinción. Y ante los ojos de las monjas del Convento de la Encarnación ubicado en la Plaza del Triunfo, la Reina de Reyes daba los últimos coletazos en su trono real. Ya cuando el calor se dejaba notar y los abanicos y gafas de sol aparecían, el cortejo, autoridades eclesiásticas, civiles y militares aguardaban la entrada de la Virgen.
Y como muere la luz en la tarde, terminaba también la dulce visita de la Virgen de los Reyes a su ciudad. La Patrona dejaba que la Puerta de Palos escondiera poco a poco la luz y meciera su sombra sobre la ropa, porque ya portaba consigo todas los rezos de los que la quieren y nunca dejarán de acompañarla. En caso de morir, en Sevilla sólo se puede hacer por amor.
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