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Antonio Puente Mayor, escritor: "Quiero que el lector acabe el libro mirando La Rioja y su patrimonio con otros ojos"

La Abadía de hielo es la nueva novela presenyada por el escritor sevillano Antonio Puente Mayor

La Abadía de hielo es la nueva novela presenyada por el escritor sevillano Antonio Puente Mayor / El Correo

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Emma Rocha

Emma Rocha

Con el misterio como brújula y la historia como escenario, Antonio Puente Mayor regresa a las librerías con La abadía de hielo. Avalado por una trayectoria de más de treinta libros publicados entre novelas, literatura infantil y juvenil y ensayos, el escritor sevillano firma ahora un nuevo relato que sumerge al lector en una trama de enigmas y secretos que habían permanecido enterrados durante siglos.

El autor sevillano repasa en El Correo de Andalucía los detalles más personales de su nueva novela y reflexiona sobre la literatura, el misterio y nos confiesa algunas pinceladas sobre sus futuras publicaciones más cofrades.

Pregunta. ¿En qué momento supiste que esta historia tenía que suceder en un monasterio aislado por la nieve y no en cualquier otro escenario?

Respuesta. He dedicado más de dos décadas de mi vida a ser guía de circuitos turísticos y, a lo largo de ese tiempo, he recorrido La Rioja en innumerables ocasiones. Cuando decidí unir mis dos grandes pasiones, el turismo y la literatura, tuve claro que el escenario principal de la novela debía ser el monasterio de Valvanera, un lugar dotado de un aura de misterio muy particular. Situado a mil metros de altura, siempre me fascinó la sensación de aislamiento absoluto que se produce cuando los temporales cortan las carreteras y el mundo exterior queda suspendido. Esa atmósfera de “lugar cerrado”, tan propia de clásicos como Diez negritos, de Agatha Christie, encajaba a la perfección con la solemnidad de la abadía.

P. El monasterio de Valvanera casi parece un personaje más. ¿Llegaste a sentir que el lugar condicionaba las decisiones de los personajes mientras escribías?

R. Totalmente. Valvanera no es un simple escenario, sino una "ratonera con nieve" que condiciona todo lo que ocurre. Al estar en la sierra e incomunicados, el entorno obliga a los personajes a enfrentarse a una atmósfera de encierro absoluto de la que no pueden escapar. En algunos momentos sentí que el monasterio dictaba el ritmo de la trama.

P. ¿Qué personaje te sorprendió más mientras escribías? ¿Hubo alguno que terminara siendo muy distinto a como lo habías imaginado?

R. Más que una sorpresa inesperada, lo que realmente me marcó fue el proceso de construcción del personaje de Alba Villén. Aunque bebe en gran medida de mi propia experiencia, decidí que Alba fuera una mujer para representar una profesión mayoritariamente femenina, lo que me permitió explorar miedos y dificultades que yo mismo viví, pero desde una perspectiva distinta y enriquecedora. Aunque el verdadero reto fue dotar a cada uno de los doce personajes de un móvil sólido para el crimen. Esto me obligó a adentrarme en sus psicologías y secretos con mucha más profundidad de la que quizá había previsto al inicio, hasta lograr que todas las piezas del puzle encajaran con precisión.

P. Si pudieras pasar una tarde con uno de los personajes de la novela, sin el peligro que viven en ella, ¿a quién elegirías y por qué?

R. Sin duda, elegiría a Rosario. Es un personaje muy especial para mí, porque es un homenaje a mi abuela materna y en ella quise reflejar su gracia y ese espíritu joven que siempre tuvo. La echo mucho de menos, y poder pasar una tarde con Rosario sería, de alguna manera, volver a tenerla cerca, aunque solo fuera a través de la ficción.

P. ¿Hubo alguna escena que te costara especialmente escribir, no por dificultad técnica, sino por, quizás, implicación emocional ?

R. Tuvo una gran carga emocional escribir sobre las personas reales de La Rioja que aparecen en la novela, a quienes considero casi parte de mi familia. En especial, las conversaciones del hermano Sebas con Alba. Este monje está inspirado en el hermano Cipriano, uno de los benedictinos más queridos y recordados por los riojanos. Fue él quien me descubrió la abadía en 2003, y desde entonces, en cada visita, vuelven a mí todos esos recuerdos.

P. ¿Qué querías que sintiera el lector al cerrar la última página de esta nueva obra La abadía del hielo?

R. Que ha vivido un viaje inolvidable, en el que no solo importe la resolución del misterio, sino también el propio recorrido. Me emociona pensar que, al cerrar el libro, el lector pueda mirar tanto el monasterio como La Rioja con otros ojos, descubriendo y valorando un patrimonio que, a veces, tenemos tan cerca y sin embargo apenas conocemos.

P. ¿La nieve y el silencio tienen mucha presencia en la novela. ¿Qué simbolizan para ti?

R. Para mí, la nieve y el silencio no son solo elementos decorativos, sino la base de la atmósfera de la novela. La nieve sugiere aislamiento y pérdida de control, mientras que el silencio transmite esa tensión que lo envuelve todo y el peso de lo que ha ocurrido. Entre ambos consiguen que el escenario deje de ser un simple fondo y pase a convertirse en un elemento vivo, capaz de influir en la psicología de los viajeros.

P. Después de más de treinta libros, ¿sigues sintiendo vértigo cuando publicas una novela nueva?

R. Siempre hay esa emoción, sobre todo cuando alcanzas metas que antes parecían imposibles. Recuerdo que, cuando estudiaba filología, veía la novela como algo inalcanzable. Había escrito poesía y teatro, pero la novela me parecía un género dificilísimo. Y, en el fondo, sigo pensándolo. Por eso trabajo con el máximo respeto hacia el lector, intentando que cada historia esté a la altura de lo que espera.

P. ¿Hay algún libro tuyo que consideres injustamente poco conocido y que te gustaría que más lectores descubrieran?

R. En 2023 publiqué el que considero el libro de mi vida: ‘Jesús de Nazaret. En busca de la verdad’. Es el resultado de varios años de investigación rigurosa y de un viaje a Tierra Santa que marcó profundamente el enfoque de la obra. En sus páginas intento acercar al lector, desde la filología, la arqueología y la historia, a quien considero la figura más fascinante de todos los tiempos. A pesar de las excelentes críticas recibidas y de haber agotado su primera edición, estoy convencido de que es un libro que aún debe llegar a muchas más personas. No en vano, numerosos lectores me han transmitido que su lectura ha transformado por completo la visión que tenían sobre este personaje.

P. ¿Qué has aprendido sobre ti mismo escribiendo La abadía de hielo?

R. Que, más allá de la técnica o del género, las novelas que verdaderamente llegan al lector son aquellas que nacen del corazón, y que, por ello, ese es el camino que debo seguir.

P. ¿Es de ese tipo de escritores que ya conocen el final antes de empezar o prefieres dejarte sorprender por la historia?

R. Me considero un escritor “de mapa”, por lo que, antes de comenzar a escribir, necesito tener muy claros la presentación, el nudo y el desenlace. En el caso de la novela de misterio, esta planificación resulta, si cabe, aún más imprescindible. No es un método nuevo. Agatha Christie y otros grandes autores del policiaco clásico trabajaban de este modo. Es, además, la forma que intento inculcar a los alumnos de mis cursos de narrativa.

P. Eres bastante cofrade y ya tiene algunas publicaciones relacionadas con este tema, una de las más conocidas es 40 cuentos de Semana Santa para 40 noches de Cuaresma. ¿Volverás a animarte con algo cofrade próximamente?

R. Soy escritor profesional gracias a la literatura cofrade. Mi primer libro, ‘Nazarenos de caramelo’, no solo fue un éxito, sino que me llevó a ser finalista del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2012. Más tarde, con 40 cuentos de Semana Santa para 40 noches de Cuaresma, no solo superé las ventas de aquella primera obra, sino que el libro se ha convertido con el tiempo en un pequeño clásico: hoy son muchos los padres que lo releen cada año con sus hijos, algo que me produce una enorme satisfacción. En la actualidad estoy inmerso en diversos proyectos editoriales, entre ellos uno de temática cofrade. Eso sí, los tiempos, como siempre, los marcan los editores.

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