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Encarna Anillo lleva a la Bienal de Flamenco su ‘Camino de flores’: "Me enfadé muchísimo y me llegué a sentir vacía, y el arte no es para eso"

Con todas las entradas vendidas, la cantaora cerrará las Matinés únicas los días 26 y 27 de septiembre en San Luis de los Franceses, con la colaboración especial de Manuel Rincón

El director de la Bienal de Flamenco, Luis Ybarra en un momento del acto junto a los artistas y representantes directivos de ICAS

El director de la Bienal de Flamenco, Luis Ybarra en un momento del acto junto a los artistas y representantes directivos de ICAS / Ayuntamiento de Sevilla

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Emma Rocha

Emma Rocha

Ni rosas sin espinas, ni la luz sin algo de sombra. Era difícil que Encarna Anillo, no se acabara entregando al mundo del arte. Su madre pisó escenario e incluso fue actriz, su padre es secretario de la Cátedra de Flamencología de Cádiz y su hermano José es cantaor profesional. A la temprana edad de cinco, la gaditana ya taconeaba con pellizco; y con 18 años se mudaba a Sevilla para pasarse al cante en solitario, apadrinada por el Chano Lobato, Carmen Linares, y compartiendo tarima con muchos de los más grandes. Pero no siempre se posee la fuerza para pisar fuerte.

Este miércoles ha tenido lugar un encuentro cantado entre la cantaora gaditana Encarna Anillo, su guitarra Andrés Hernández "Pituquete" y sus palmas Roberto Jaén y Diego Montoya, junto al director de la XXIV Bienal de Flamenco, Luis Ybarra. Un encuentro en el Real Fábrica de Artillería de Sevilla, que comenzaba con un ensayo del conjunto en una sala íntima donde los pocos afortunados presentes pudieron disfrutar unas primeras pinceladas de lo que será el recorrido emocional Camino de Flores, una propuesta en la que la cantaora recorre su trayectoria vital y artística a través del flamenco, las emociones y la sanación, con el que la cantaora asegura haberse redescubierto tras una etapa sombría en su relación con el flamenco: "En este camino de flores también ha habido muchas espinas. Con él me he conocido a mí misma y como artista. Más que cantado, he contado todo el camino vivido", ha relatado Anillo.

El director, Luis Ybarra, comenzaba el encuentro esbozando su ilusión por el espectáculo de Encarna. "Me siento afortunado porque he sido el primero en escucharlo. Tiene un repertorio que me ha encantado". El espectáculo podrá verse en la iglesia de San Luis de los Franceses, con la colaboración especial del guitarrista Manuel Rincón, dentro de la programación vinculada a este año 2026 donde confluyen el 150 aniversario del nacimiento y el 80 aniversario del fallecimiento del gaditano Manuel de Falla, figura clave de la cultura europea del pasado siglo XX, y gran creador que ha servido como vector para difundir nuestro mejor patrimonio musical.

Para Encarna, su participación en la Bienal supone un gran paso tras todo un proceso metamórfico con su propio lugar el mundo del arte. "Se me ha dado la oportunidad", "A lo largo de una vida uno persigue y se encarga de muchas cosas. Te preguntas el porqué, pero nunca llega una respuesta, y ahora lo entiendo. Hoy estoy sentada en esta mesa con personas maravillosas y de mi gusto", ha explicado la artista.

Un viaje desde la 'Encarna niña' hasta hoy

La propuesta del espectáculo une la faceta de Anillo como cantaora y artista con la de su vocación como terapeuta. Las flores a las que alude el título, cuenta la artista, se encuentran estrechamente relacionadas con unas esencias florales que, según explica, forman parte de su proceso personal de gestión emocional. "Para mí fue un reto personal gritar a viva voz que soy esto, pero también soy terapeuta y te puedo ayudar", confesaba.

El resultado de la sinergia es un proyecto que busca unir arte y sanación. "El canto es un rezo que sana a quien quiera abrazarlo", aseguraba la artista, para quien el aplauso del escenario pierde sentido si no está acompañado de una conexión emocional. "El escenario tiene aplauso, pero si no va de la mano de las emociones no termina de ser nada".

El escenario tiene aplauso, pero si no va de la mano de las emociones no termina de ser nada

Encarna Anillo

— Cantaora y bailaora flamenca

El espectáculo supone también una salida de un espacio cerrado, como es el estudio, para llevar ese proceso al directo. "Ha sido un proyecto muy bonito y ha tratado de encontrarnos", explicaban Roberto Jaén y Diego Montoya. La cantaora los miraba con ternura y aseguraba que "no podía estar mejor acompañada" por gente que ha elegido y le gusta de forma sincera tanto para construir el repertorio como para preparar los espectáculos.

El guitarrista Manuel Rincón explicaba que el disco y el concierto plantean "un viaje lineal desde la Encarna niña hasta ahora". Su trabajo ha consistido en traducir musicalmente distintas etapas de la vida de la cantaora: "Yo con mi guitarra quiero mostrar viajes como la inocencia. Me inspira, por ejemplo, la Encarna niña o ese desamor o quiebre de ella con el flamenco. Viví toda esa ruptura y también el reencuentro". El proceso creativo, ha relatado el instrumentista, partió de una idea muy concreta: hacer que cada cante correspondiera con una esencia de su vida. "Me puse en su piel y dimos con lo que ella quería contar", ha explicado Rincón. "Yo creo que se ha conseguido. Hemos documentado todo el proceso y todas las canciones son completas, logran lo que queríamos".

El espectáculo transita las distintas etapas de la experiencia humana a través del cante flamenco. La ingenuidad de la infancia, el desengaño, el hundimiento y la desesperanza, la ansiedad y el agotamiento, el encuentro y el amor, la transformación interior o la celebración de la vida se expresan a través de distintos palos flamencos, en una sucesión que traduce cada cante en la representación de un momento vital.

Como ha explicado Anillo, cada uno de estos palos se vincula, además, con una esencia floral de Bach, estableciendo todo un diálogo simbólico entre la emoción y la naturaleza. Así, las alegrías de Córdoba se asocian a la centaura para evocar la infancia y la ingenuidad; las marianas y los tientos, a la Estrella de Belén y el desengaño; la petenera, a la aulaga y la desesperanza; y la seguirilla, a la genciana y los estados de ansiedad y agotamiento. El fandango y la rosa silvestre acompañan el encuentro y el amor; la milonga y el castaño dulce se adentran en la noche oscura del alma; y la soleá de Cádiz y el nogal representan el momento de tomar el mando y compartir la sanación.

El alto en el camino del flamenco de Anillo

El recorrido musical atraviesa también uno de los momentos más difíciles de la trayectoria de Anillo: su ruptura con el flamenco. La cantaora reconoce que tuvo que atravesar "muchas sombras", pero también reivindica que ese proceso fue necesario para poder regresar al arte desde otro lugar. "Me enfadé muchísimo porque me intoxiqué. Empecé a necesitar irme. He estado con los mejores artistas del flamenco", ha contado. Con el tiempo, sin embargo, comprendió que todo aquello también formaba parte de su camino. “A mí lo que más me gusta es el arte. Quizás me tocaba vivir todo eso para poder contar y seguir cantando ahora”.

Así, Camino de Flores comienza con la inocencia y avanza hacia la transformación: "Suelto, aprendo y, a día de hoy, ayudo a través de mi arte". En ese proceso, la artista sitúa al mismo nivel las flores y el flamenco: "Las flores me salvan al tiempo que el flamenco". Anillo reivindica además una forma de entender su carrera alejada de las cifras y centrada en la conexión con el público. "No voy por los millones de seguidores, voy a por los millones de latidos dentro de la gente", sentenciaba segura la gaditana.

San Luis de los Franceses, un templo de luz para entregar el alma

La elección por parte de la dirección, en esta XXIV edición de la Bienal del Flamenco, de San Luis de los Franceses como escenario encaja, según la artista, con el más puro espíritu de su proyecto. Aunque reconoce que todavía no conoce demasiado el espacio, asegura que aceptó la propuesta de inmediato. "Cuando se me propuso dije que sí, sin pensarlo", "San Luis de los Franceses tiene luz. Nada con más luz que una iglesia", "Tiene mucho de la esencia que yo quiero aportar", apostillaba Encarna, ilusionada por lo que está por venir.

"Vengo a entregar el alma y más en ese templo tan maravilloso y tan antiguo", añadía. La Bienal se prepara así para recibir una propuesta en la que el flamenco funciona como relato íntimo y como herramienta de transformación. Desde la dirección del festival, Luis Ybarra ha subrayado el momento de especial expectación que vive la programación: ya se han agotado las entradas para 33 espectáculos, una circunstancia que, según ha señalado, hace que "se vaya a ver todo muy lleno".

"Es un proceso muy ilusionante desde la dirección. También una responsabilidad tremenda", ha reconocido Ybarra, ante una inminente edición que volverá a convertir la ciudad de Sevilla en punto de encuentro para el flamenco, para el arte, y que contará con propuestas como el Camino de Flores, un viaje por las heridas, los aprendizajes y el reencuentro con la raíz.

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