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En este pueblo de Sevilla hay un teatro que esconde bajo sus pies un molino de los siglos XIV y XV

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El Correo

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Irene Cabello

Alcalá, un lugar para conservar. Una ciudad que mantiene viva su historia entre castillos, molinos, antiguos oficios y tradiciones que pasan de generación en generación. Un patrimonio que no solo se contempla, sino que también se escucha, se celebra cada día.

En Alcalá de Guadaíra hay un rincón donde pasado y presente se dan la mano de forma sorprendente. Justo debajo del Teatro Gutiérrez de Alba se esconde el Molino de la Mina, levantado entre los siglos XIV y XV. Mientras en la superficie el edificio sigue siendo un espacio vivo para la cultura, debajo perviven los vestigios de la molienda del cereal, un oficio que durante siglos marcó la identidad de la localidad. Una estampa que refleja a la perfección cómo Alcalá ha sabido conservar, mirando al futuro sin renunciar a su historia.

Del Castillo al Puente del Dragón: una historia que sigue presente

Torres del Castillo de Alcalá de Guadaíra. / El Correo

El Castillo de Alcalá de Guadaíra es uno de los grandes símbolos de ese legado. Sus murallas recuerdan siglos de historia y forman parte de un paisaje inseparable de la identidad alcalareña.

A esa imagen se suma el Puente del Dragón, convertido en uno de los referentes contemporáneos de la ciudad. Junto al río Guadaíra y sus antiguos molinos, ambos monumentos muestran cómo el patrimonio reúne distintas épocas y formas de entender Alcalá. Pero la historia no está únicamente en las piedras. También permanece en calles como San Fernando y en lugares como Fuente Duque, espacios vinculados a la memoria popular de quienes dan vida a la ciudad cada día.

Las mujeres que amasaban y los oficios que construyeron Alcalá

Antiguos panaderos en las fábricas de pan de Alcalá de Guadaíra. / Ayto. Alcalá de Guadaíra

Durante generaciones, Alcalá fue conocida como Alcalá de los Panaderos. La elaboración del pan marcó la vida de numerosas familias y convirtió este oficio en una de las señas de identidad de la localidad. Detrás de cada hogaza estaban las mujeres que trabajaban la masa, conocidas como sobadoras, y los horneros encargados de la cocción. Su esfuerzo, junto al de maestros panaderos y aprendices, sostuvo una tradición que también abasteció a Sevilla.

A esa memoria del trabajo pertenecen las aceituneras, mujeres cuyos oficios forman parte de la historia cotidiana de Alcalá y de un legado que merece ser recordado. La tradición panadera continúa presente en la gastronomía local, especialmente en las tortas de Alcalá, que conservan parte de ese patrimonio a través de sus sabores y recetas.

Conservar también es mirar hacia el futuro

El Molino de la Mina bajo el Teatro Gutiérrez de Alba es mucho más que una curiosidad patrimonial. Representa una forma de entender la ciudad: un lugar donde el pasado permanece mientras la vida continúa sobre él. Alcalá conserva su historia en el Castillo, en sus molinos y en sus calles, pero también en las manos de los panaderos, en la memoria de las aceituneras, en el flamenco, en su Semana Santa, en su feria o en los carnavales, que siguen reuniendo a sus vecinos y llenando el pueblo de vida.

Porque conservar es reconocer el valor de lo heredado, protegerlo y transmitirlo a quienes vendrán después.

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