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Familias que defienden y critican las nuevas modas navideñas

Madres que viven la Navidad entre elfos y calendarios de Adviento: "Es un esfuerzo, pero merece la pena por la cara de emoción de mi hija"

Consciente de que el pensamiento mágico tiene fecha de caducidad, Yolanda González quiere "aprovechar al máximo" la infancia de su hija

Las mujeres aún cargan con el peso de la Navidad: "No sé cómo, pero cada año me convierto en un ama de casa de los años 50"

Yolanda González, en el cuarto de su hija junto a los elfos de Navidad.

Yolanda González, en el cuarto de su hija junto a los elfos de Navidad. / Sandra Roman

Olga Pereda

Madrid

En casa de Yolanda González, en Barcelona, aparece un elfo el primer día de diciembre. Cada mañana, hasta llegar la Nochebuena, el duendecillo se presenta en un rincón distinto del hogar realizando alguna travesura: desenrollando papel higiénico, metido en una planta, comiendo cereales, subido a un columpio hecho a mano, colgado de una lámpara… Es Yolanda la que, cada noche, planea la aventura del día siguiente del pequeño peluche. Se trata de una carga mental (una más) que ella, sin embargo, afronta con toda la ilusión del mundo.

‘Elf on the shelf’ ('El elfo en la estantería') es el libro con el que la autora estadounidense Carol V. Aebersold y su hija, Chanda Abell, han convertido al duendecillo en un verdadero fenómeno de masas

“Es un esfuerzo, de acuerdo. Pero merece la pena solo por ver la cara de emoción de mi hija”, explica dejando claro que, en su caso, la iniciativa del elfo no responde a seguir la moda de las mamás y los niños 'infuencers', enfrascados en una competición pública para ver qué elfo comete la picardía más vivaracha. Yolanda asegura que su objetivo es infinitamente más normal, noble y sano: brindar a su hija, de 9 años, momentos privados de felicidad y risas. “Para ella, es muy emocionante levantarse cada mañana y recorrer el piso buscando al elfo”, añade Yolanda, que fotografía al duende pero no publica la imagen en redes sociales. “Me limito a mandarlas por WhatsApp a la familia”, explica.

"Para mi hija es muy emocionante levantarse cada mañana y recorrer la casa buscando al elfo. Hago fotos, pero me limito a mandarlas por WhatsApp a la familia"

— Yolanda González, madre de una niña de 9 años

"Estoy cansada de las modas que nos imponen las mamás 'influencers'. Ya tengo bastante estrés con la Navidad, no necesito más"

— Mónica Escribano, madre de dos niños de 7 y 9 años

Consciente de que el hechizo de la Navidad y el pensamiento mágico (etapa fundamental del neurodesarrollo) tienen fecha de caducidad, Yolanda quiere "aprovechar al máximo" la infancia de su hija, que cursa 4º de primaria y empieza a sospechar. “A lo mejor este año es último de la magia, así que quiero exprimirlo”, comenta.

En el colegio

Fue la niña la que, tiempo atrás, le contó la historia del elfo. “Yo no lo había visto en redes sociales, pero varios compañeros de mi hija se lo explicaron en el colegio”, explica Yolanda, que decidió incorporar al duendecillo como tradición navideña en su casa monoparental y sumarlo a otros imprescindibles, como el árbol, las luces y el calendario de Adviento. Esta Navidad, el calendario ha dado un paso más allá de las simples chocolatinas diarias y se ha convertido en un variado y completo estuche de maquillajes. “Fue idea de mi hija, ella me lo pidió”, comenta. “Ella cree en la magia de la Navidad y es maravilloso”, insiste Yolanda, administrativa de 46 años.

El elfo es también una excusa para leer. En la Navidad de 2024, Yolanda compró ‘Elf on the shelf’ ('El elfo en la estantería'), el libro con el que la autora estadounidense Carol V. Aebersold y su hija, Chanda Abell, han convertido al duendecillo en un verdadero fenómeno de masas. Autoeditado por primera vez en 2005, el cuento narra la odisea de un elfo ayudante de Papá Noel que, desde la estantería o cualquier otro rincón de la casa, vigila a los niños para que se porten bien y así tengan muchos regalos bajo el árbol el día de Navidad. “Leemos el libro y lo disfrutamos. Mi hija, incluso, escribió una carta al elfo”, cuenta Yolanda. Ambas han decidido este año ‘aumentar la familia’, así que al peluche original se le ha sumado otro duendecillo, un reno y dos elfitos.

Carga mental adicional

Consciente de que muchas voces critican la moda del elfo y la califican de carga mental adicional en un periodo especialmente estresante como es la Navidad, Yolanda afirma que, efectivamente, pensar cada noche dónde amanecerán los elfos al día siguiente es una tarea un poco pesada. Sin embargo, la asume porque le compensa la cara de felicidad de su hija. Otras familias, sin embargo, se niegan en redondo.

“Mis hijos me han pedido el elfo, pero les he explicado, de la mejor manera que he podido, que no es una tradición nuestra sino de otros países”, explica Mónica Escribano, madre de dos niños de 7 y 9 años. “Estoy cansada de las modas que nos imponen las mamás 'influencers'. Empezamos con los calendarios de Adviento, que ya no son de chocolatinas sino cajas en las que cada día tienes que poner un regalo o, mejor todavía, una experiencia. Venga ya, no puedo con tanto rollo y tanta carga. Me supera. Ya tengo bastante estrés con las comidas y las cenas de Navidad, no necesito más”, despotrica Mónica.

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