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Crónica

El centro cívico de la plaza de toros de Córdoba, epicentro de la desesperación de los familiares de las víctimas del accidente de Adamuz

El tiempo corre lento en Ciudad Jardín, donde la tranquilidad y el trasiego habitual ha mutado en algo totalmente diferente

Carteles en la entrada del centro cívico Poniente Sur de Córdoba.

Carteles en la entrada del centro cívico Poniente Sur de Córdoba. / Ramón Azañón

Noelia Santos

Córdoba

En circunstancias normales, el centro cívico Poniente Sur, ubicado junto a la plaza de toros de Córdoba, tendría un trasiego de funcionarios municipales y de cordobeses que tienen que averiguar algunos trámites. Por sus alrededores, a primera hora de la mañana, solo habría chavales con mochila se encaminarían al instituto, hombres y mujeres que irían hasta sus coches para desplazarse al trabajo, y algún que otro jubilado dando su paseo mañanero. Pero eso sería en circunstancias normales y estos días no acusan nada de normalidad en Córdoba. El centro cívico Poniente Sur es ahora un espacio de desesperación, el resguardo de esos familiares de las víctimas del accidente ferroviario que esperan alguna noticia, llegados a este punto, sea del tipo que sea.

Que la normalidad no está presente en el barrio de Ciudad Jardín se nota en las decenas de periodistas apostados justo enfrente del centro cívico, en la plaza de toros, que además ha abierto sus puertas para hacer más fácil el trabajo de los medios de comunicación. De Alemania, Inglaterra, Italia o incluso Japón vienen algunos de los periodistas que estos días cubren una tragedia de enormes dimensiones que Córdoba y toda España aún tienen por digerir.

El cordón policial en torno a las puertas del centro cívico es máximo para respetar la privacidad de aquellos que están atravesando los que serán, sin duda, los momentos más complicados de sus vidas. Sin embargo, algunos de esos familiares sí que se acercan a hablar con los periodistas, sobre todo con la esperanza de que, quizá, mostrando fotos de sus familiares desaparecidos alguien pueda darle algún tipo de información. Son los padres, los hermanos o las parejas de los desaparecidos, unas familias que deambulan por los alrededores del centro cívico o que, directamente, no salen de allí para poder estar presentes si llega algún tipo de comunicación.

Los hay, incluso, que en la noche del lunes al martes no se movieron allí. Lo contaba Fran Vicente, psicólogo de Cruz Roja, institución que presta una labor psicosocial y de acompañamiento ingente desde que se produjera el accidente el pasado domingo. Vicente comentó que unos 50 familiares pasaron la noche en las instalaciones municipales, mientras que otros habían decidido irse a un hotel para asearse, comer algo e intentar descansar en la medida de lo posible. "Están demostrando una fortaleza brutal" a la hora "de asumir la difícil situación que tienen", relataba Vicente sobre los allegados de los desaparecidos.

"Lo que ellos quieren es descansar"

Sobre la labor de acompañamiento, este psicólogo explicaba que la clave, y lo que todo el mundo desea dentro de ese centro cívico es que "la información fluya". Al final, "lo que ellos quieren es descansar, recuperar a sus familiares", comentaba Vicente. "Nosotros vamos a intentar seguir haciendo lo que estamos haciendo, que es la contención emocional, acompañar en todo el proceso cuando se les comunique la situación, acompañarlos con los servicios sociales, con los servicios funerarios y con todos los trámites que necesiten", añadía el psicólogo.

Que la información fluya, como decía el voluntario de Cruz Roja, es el deseo de todos los que permanecen dentro del centro cívico. Todos los familiares de víctimas con los que pudo contactar este periódico coincidían en algo: la desesperación de unas horas que parecen transcurrir más lentas de lo habitual. Pese a saber que el trabajo de identificación es arduo y complejo, y por lo tanto lento, estas personas no dejan de llamar a los teléfonos habilitados para ver si pueden conseguir algún tipo de información. Epicentro, sin duda, del lado más triste de la tragedia, el barrio de Ciudad Jardín ha mutado de zona tranquila a centro del dolor.

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