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Ciencia y sociedad

El Gran Tornado de Madrid de 1886: la catástrofe meteorológica que mató a 47 personas hace hoy 140 años

El 12 de mayo de 1886, un fenómeno meteorológico excepcional recorrió 12 kilómetros de la capital de España, derribando más de 1.000 árboles y destruyendo el Lavadero Imperial

Recreación artística del tornado que asoló la ciudad de Madrid en 1886.

Recreación artística del tornado que asoló la ciudad de Madrid en 1886. / IA/T21

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Héctor Sacristán.

Madrid

Hace hoy 140 años, Madrid fue escenario del fenómeno meteorológico más violento de su historia: un tornado que recorrió 12 kilómetros arrasando Carabanchel, Lavapiés y El Retiro, matando a 47 personas y derribando más de 1.000 árboles centenarios. Clasificado como F3 en la escala de Fujita, este evento único demuestra que España, aunque no sea zona propensa, tampoco está exenta de sufrir tornados devastadores. Y según los expertos, el país no está preparado en caso de que se repita.

El 12 de mayo de hace exactamente 140 años, un miércoles por la tarde, Madrid fue visitado por un fenómeno meteorológico de una fuerza sobrecogedora y rareza extraordinaria. Fue un tornado, similar a los que se producen con frecuencia en Estados Unidos, el que visitó Madrid en 1886.

Fue un fenómeno excepcional, al ser tornados de esta intensidad infrecuentes en España, y Madrid ni siquiera una de las zonas más propensas del país, pero que es un recordatorio de que estos fenómenos no solo se producen en lejanas latitudes, sino que también están presentes en el nuestro, especialmente en algunas zonas. Este gran tornado se puede considerar como histórico, representa un evento único en la historia de la capital, nunca registrado antes, ni después.

"Ciclón" mortal

El “ciclón”, como aparece referido en los periódicos de la época, atravesó una longitud de 12 kilómetros arrasando un ancho variable de varios cientos de metros, golpeando Los Carabancheles y el barrio de Lavapiés, para finalizar cerca de la Plaza de Toros de las Ventas.

En aquel entonces las zonas urbanizadas eran mucho más reducidas que en la actualidad, recorriendo muchas zonas de campo abierto, mientras que hoy en día es todo ciudad. Barrios que en la actualidad se erigen en su trayectoria como Opañel, Arganzuela, la zona de Goya, o Quintana, no existían por aquel entonces. El desastre se saldó con la vida de 47 personas, principalmente durante el derrumbamiento de edificios, y dejó más de un centenar de heridos, así como duraderos impactos en la ciudad, por ejemplo, la pérdida de muchos árboles seculares del Jardín Botánico y El Retiro.

Momento angular

Un tornado es un fenómeno tan asombroso como temible que nace de la conservación del momento angular. Esta magnitud física, presente en todo cuerpo que gira en torno a un eje, es proporcional al radio, la masa y la velocidad angular. Cuando el radio de la masa de aire rotante se reduce (digamos, a una décima parte), la velocidad del viento debe multiplicarse por diez para preservar el momento angular constante.

El mismo principio que genera un remolino en el lavamanos al retirar el tapón operó a escala monumental esa tarde de mayo. Una supercélula tormentosa (una potente corriente ascendente de aire cálido e inestable) generó una succión vertical que comprimió la rotación atmosférica preexistente sobre Madrid, concentrándola en un vórtice de radio mucho menor pero con velocidades devastadoras: hasta 300 km/h.

Vientos tornádicos

La fuerza del viento fue, aunque solo muy localmente, la de un tornado F3 en la escala de Fujita según lo establecido por el meteorólogo Miquel Gayà a partir de sus daños, exhaustivamente analizados. La escala de Fujita es usada para medir la fuerza de un tornado y se extiende de 0 a 5, siendo el evento de Madrid de 1886 uno de los más potentes estudiados en España.

La presión de estos vientos tornádicos fue arrancando árboles, desmenuzando tejados, derribando paredes. Es así como en Carabanchel Bajo la mayoría de las casas perdieron sus tejados, y muchas se derrumbaron. Los edificios con muros o tejados finos y ligeros, o grandes y expuestos al viento como torres o casas aisladas, son los más vulnerables a ser destruidos.  

Un edificio en particular desgraciadamente cumplía muchas de estas características, el Lavadero Imperial. Esta construcción se erigía solitaria por aquel entonces junto al Puente de Toledo. Los tejados de hierro y madera de sus grandes naves eran soportados por un único muro a un lado, y columnas de madera al otro. El viento desbarató esta débil estructura como si fuera de papel cobrándose casi la mitad de las víctimas del “ciclón”.

Más de 500 árboles derribados

El tornado se encaminó seguidamente por el Jardín Botánico y El Retiro, derribando más de 500 árboles en cada uno, y atravesando el Estanque, corazón del Retiro, brevemente transformado en un “mar” espumoso y embravecido. Los objetos grandes, pero de poca densidad, volaron con facilidad en el vórtice, ya que además de rotación posee un fuerte viento ascendente: los árboles, con sus copas que atrapan el viento, salieron despedidos por los aires como plumas, junto con bancos, estatuas, e incluso una persona sobrevoló 20 metros.

Trozos del tejado de zinc del Palacio de Velázquez aterrizaron a 2 kilómetros de distancia. Pequeños sub-tornados giraban dentro del vórtice principal, un fenómeno característico, intensificando localmente los daños. Uno de estos sub-vórtices golpeó la Casa de Vacas trasladando en semicírculo partes del tejado y succionó todas las sillas del interior. A partir de este punto los destrozos del tornado fueron menos importantes y pronto su arrollador camino llegó a su fin.

Aunque este histórico “ciclón” es ahora poco más que una curiosidad meteorológica, perdido en general de la memoria de los madrileños, sí que hay que decir que España no está en la actualidad preparada para la posible repetición de un tornado de esta fuerza y dimensiones en algún núcleo urbano de su territorio.

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