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Tribunales

El dueño de un bar de Sevilla, condenado a un año y cuatro meses de prisión por permitir el ruido en su terraza

La sentencia relata la permisividad para que los clientes sacaran "vasos de cristal a la calle" y "ocuparan zonas aledañas" al espacio que le había sido permitido

Terraza de un bar en una foto de archivo.

Terraza de un bar en una foto de archivo. / EFE

Domingo Díaz

Domingo Díaz

La sección Penal 8 del Tribunal de Instancia de Sevilla ha condenado a un año y cuatro meses de cárcel al dueño de un bar de Estepa por el ruido causado en su terraza, donde habitualmente se reunían hasta 100 personas. El juzgado le ha condenado por un delito contra el medio ambiente y dos ilícitos de lesiones relacionados con las molestias causadas por el primero. La condena se ha visto rebajada por el alargue innecesario que ha sufrido el juicio de unos hechos que se produjeron entre 2016 y 2019, cuando finalmente cerró el establecimiento. "Han transcurrido más de 9 años, sin que la naturaleza ni la complejidad del procedimiento justifiquen dicha tardanza", explica la sentencia.

En su relato de hechos probados, la jueza ha estimado que "al menos desde 2016, el acusado permitió, especialmente durante los fines de semana (jueves, viernes y sábado), que los clientes de su bar saliera con las consumiciones en vasos de cristal a la calle y que ocuparan, no solamente los cinco veladores para los que disponía de licencia [...] sino también las zonas aledañas a una estructura" de madera para la que "no disponía de licencia".

Permitía por tanto el dueño del negocio, según la sentencia, "que se encontraran personas aglomeradas en la puerta de local consumiendo las bebidas del bar, en ocasiones de 100 personas y ocasionando ruidos (por voces, cantos, bailes y taconeos en la tarima...), que llegaban a viviendas colindantes por encima de los límites permitidos por la normativa". La jueza señala que estos ruidos, "por su intensidad, frecuencia y horario de producción" afectaron "a la salud" de los vecinos, a su descanso nocturno y a su tranquilidad en la vida diaria. El bar terminó cerrando en 2019.

El relato de hechos recoge varias intervenciones de la Policía Local en domicilios de los vecinos. Tres de ellas en apenas un mes de mayo a junio de 2017, cuando "se pudo comprobar por los agentes las molestias en el interior del citado domicilio por el ruido procedente de los clientes aglomerados en la puerta del bar colindante". El 7 de mayo de 2017 se llegaron a contabilizar con un sonómetro hasta 50 decibelios con la ventana del dormitorio cerrada, límite permitido. Posteriormente, en mediciones realizada por una técnica de medioambiente con la ventana abierta, el nivel alcanzó los 61 decibelios. Frente al bar, el ruido puso su pico máximo en 73 dBA.

"Las molestias por ruidos han venido agravadas por el hecho de haber incumplido en diversas ocasiones el acusado el horario de cierre permitido, incumplimiento constatado en numerosas ocasiones por los vecinos y que fue comprobado por la Policía Local en inspección realizada el 9 de octubre de 2016, sobre las 03:40 de la madrugada", recoge la sentencia.

Todo esto provocó en los vecinos "un cuadro compatible con trastorno adaptativo como consecuencia de los ruidos generados por el bar citado, recibiendo tratamiento psicofarmacológico con ansiolíticos e hipnosedantes", recoge la sentencia. Los ruidos también afectaron a otros vecinos, algunos de los cuales no llegaron a denunciar, pero que sí tuvieron que dormir con tapones o cambiar de habitación.

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