Especies invasoras
Caza al siluro en el Guadalquivir, el mayor depredador de los ríos españoles: "Es muy dañino y va a más"
Este especie invasora y depredadora introducida en los 70 para la pesca deportiva se ha convertido en un quebradero de cabeza para las administraciones
Se ha extendido por muchos de los ríos de la península, incluso en el Guadalquivir, donde preocupa su presencia cerca de Doñana al ser tan dañino para numerosas especies

Dos pescadores posan con un siluro gigante en el Ebro. / Alberto Millán
Roberto Bécares
A principios de marzo, Luis Miguel González, vecino de Dueñas (Palencia), capturó en el Ebro, a su paso por Zaragoza, un siluro de 85 kilos de peso y 2,30 metros de largo. La fotografía del pescador con el que es la especie más grande de agua dulce de Europa se hizo viral en las redes sociales. Pese a su gran tamaño, no es el ejemplar de mayor porte que se ha pescado en nuestro país, sino uno capturado en 2016 en aguas del Segre, junto al embalse de Mequinenza, en la desembocadura del Ebro. El francés Desalles Ragis pescó allí un pez de 2,64 metros de longitud y más de 100 kilos de peso.
El siluro, un depredador muy resistente a aguas fanganosas que fue introducido en los ríos de la Península en 1974 para la práctica deportiva -en concreto en el río Segre-, se ha convertido muy preocupantemente en un habitual de los ríos españoles: el Duero, el Ebro, el Pisuerga... incluso en el Guadalquivir.
Impacto ecológico
Tal y como reconoce el Ministerio de Transición Ecológica (Miteco), el pez tiene un fuerte impacto ecológico ya que altera de forma importante la "estructura trófica de los ecosistemas acuáticos" y es un depredador directo sobre "especies nativas, principamente de peces y macroinvertevrados". También impacta negativamente sobre los recursos pesqueros nativos.
Desde la Federación de Pesca y Cásting de Castilla y León alertan de que cada vez es más frecuente pescarlos. "Desde hace tres y cuatro años estamos pescando algunos de entre 30 y 40 kilos. El problema es que debe haber muchos porque solo se puede pescar en el 2% de ríos como el Pisuerga o el Duero. Lo demás es inaccesible", relata Roberto Carlos Valdivieso, portavoz de la Federación, donde ven el aumento de la especie con "prepocupación". "Es un pez que, como era de esperar, si no tiene enemigo tiende a reproducirse, va a más".
Según explican desde la Federación, su presencia "ya ha hecho mella" en las poblaciones de lucioperca o albures. "También se alimenta de cangrejos. Es una especie a la que comida no le va a falta, porque también se alimenta de carpas, barbos, bogas... Comida tiene de sobra", comenta el presidente, que se muestra consternado por el futuro de los ríos, ya que es una especie "muy dañina, un depredador de unos tamaños exagerados".
Procedente de los ríos del centro de Europa, Asia Central y Asia Menor, el siluro se ha convertido en un quebradero de cabeza para muchas administraciones. Aparte de su voracidad, se reproduce muy rápido: es capaz de poner más de 300.000 huevos y puede vivir hasta los 40 años.
Su cuerpo es alargado, comprimido lateralmente en la parte posterior y su piel carece de escamas y está recubierta de mucosidad. La cabeza es grande, ancha y aplanada con seis barbillones peribucales, que son los bigotes por los que se ha hecho famoso y se ha ganado el apelativo de pez-gato.
Cerca de Doñana
En Andalucía en concreto preocupa mucho ya que fueron avistados ejemplares cerca del Parque Nacional de Doñana. Por eso el Miteco ha financiado una proyecto de la Universidad de Córdoba (UCO), la Universidad de Oviedo, la Universidad de Sevilla y el Instituto de Formación e Investigación Agraria y Pesquera de Andalucía (Ifapa) que pretende investigar y dar caza al siluro. El proyecto comenzó el pasado otoño y se prolongará durante dos años.
"Erradicar a este tipo de pez, con tantos kilómetros de ríos, es casi imposible; es que ni siquiera es posible controlarle. Es un pez que va a ir a más y que podría acabar, por ejemplo, con los barbos. De aquí a diez años ya veremos porque hay zonas donde no se pescan", asegura Valdivieso, que alerta de que en el embalse de Mequinenza creció tanto su población que acabó "autodepredándose".
"Es una bomba de relojería que se activó en 2011 con su introducción en el embalse de Iznájar, ya ha iniciado la cuenta atrás en el Bajo Guadalquivir y su presencia en el entorno de Doñana es una nueva amenaza para este espacio Natural. Las especies migradoras, casi todas amenazadas, como la anguila que se encuentra en Peligro Crítico de Extinción, son especialmente sensibles a esta predación", se advierte desde la página web del proyecto financiado por Miteco, StopSiluro, que da cuenta de los avances de la investigación y donde se explica que el siluro "puede llegar a consumir hasta el 4% de su peso corporal".
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