Son y están

«Los niños, tengan o no móvil, están desatendidos socialmente»

Raquel Díaz Reguera. Escritora e ilustradora. Desde la niñez fue bien estimulada su creatividad artística y está destacando especialmente en España con sus cuentos y series de narraciones de literatura infantil (sus últimos éxitos son ‘La Tribu de Kai’ y ‘Julia y Los Mortimort’), sabiendo entretener a la ver que educar en valores como la igualdad o prevenir el acoso escolar

Juan Luis Pavón juanluispavon1 /
28 ene 2024 / 08:10 h - Actualizado: 28 ene 2024 / 08:10 h.
"Son y están"
  • La sevillana Raquel Díaz Reguera es una creadora polifacética, comenzó escribiendo letras de canciones para figuras del pop y ha logrado triunfar con sus cuentos y narraciones de literatura infantil.
    La sevillana Raquel Díaz Reguera es una creadora polifacética, comenzó escribiendo letras de canciones para figuras del pop y ha logrado triunfar con sus cuentos y narraciones de literatura infantil.

“Soy una apasionada del trabajo creativo. Mi motivación es el entusiasmo. Todo lo que hago lo disfruto mucho, siempre tengo ganas de hacer más”. Así, a borbotones, se define Raquel Díaz Reguera, nacida en Sevilla hace 49 años. Valorada de modo creciente por sus libros de cuentos o de narrativa para niños. Tanto los más divertidos y fantasiosos como los más entrañables y aleccionadores. Es la autora de 'Yo voy conmigo', 'Tan especial como quieras ser', 'Cuando las niñas vuelan alto', 'Catálogo de besos', 'El cofre de la amistad', 'Un beso antes de desayunar', 'Madre solo hay una y aquí están todas', entre otras muchas obras. En su carrera, ha dado el salto a crear series de libros de aventuras protagonizados por los mismos personajes, como 'La Tribu de Kai' y 'Julia y Los Mortimort'.

Raquel Díaz Reguera tiene dos hijos, fruto de su matrimonio con Carlos Garea, director y productor musical. Y desde hace años vive felizmente emparejada con Paco Mir, actor, director, productor e historietista, conocido sobre todo por ser uno de los fundadores del grupo Tricicle.

¿Cuáles son sus raíces familiares?

Mi padre es arquitecto y además es un gran lector, le encanta escribir, toca el saxo, es muy aficionado al jazz. Mi madre es historiadora y trabajó durante 30 años en el área de cultura de la Diputación de Sevilla. Vivíamos en el barrio de Los Remedios, y estudié en el Colegio Aljarafe, en Mairena del Aljarafe, un centro educativo del que han salido muchos artistas: cineastas, músicos, actores, pintores,... Se potenciaba mucho la creatividad. Eran fundamentales las clases de pintura, de arte dramático, de escribir texto libre, etc. Mi hermana Nuria ha sido pareja artística, nos dedicamos juntas muchos años a la música como letristas de canciones y además actuamos como el dúo Maldeamores. Tengo otra hermana más pequeña que es médico, es hija de mi padre en su segundo matrimonio.

«Los niños, tengan o no móvil, están desatendidos socialmente»
Raquel Díaz Reguera firmando ejemplares de libros suyos como ‘Yo voy conmigo’, del que se ha vendido más de 80.000 ejemplares.

¿Cómo se aficionó más a la literatura?

Mi abuelo Julio Reguera fundó la Librería Reguera. Comenzó a ganarse la vida con una tienda de comestibles en la Alameda de Hércules. Después abrió una papelería en la calle Almirante Apodaca, donde estaba la Posada del Lucero, frente al Archivo Histórico Provincial. Y años después abrió la librería en la misma calle, en la que se implicó mi tío Julio, y cogió otra en la Gran Plaza. Librería Reguera ha sido un lugar de referencia, de parroquianos de la lectura de buenos libros que iban a ella no solo a comprar sino a conversar. Mi tío Julio la ha mantenido durante décadas, hasta que se jubiló el año pasado. Me ha dado mucha pena que no pudiera continuar porque para mí ha sido un lugar esencial. Allí me lo pasé muy bien de niña infinidad de veces. Cuando iba al centro a ver a mis abuelos, después me pasaba horas y horas viendo libros en la planta alta de la librería, donde tenían el almacén. Y muchos años después, ya siendo madre, estuve viviendo en una calle muy cercana, y mi tío Julio se pasaba por casa a recoger a mi hija Violeta cuando iba a abrir la librería por la tarde, la invitaba a merendar y después la tenía en la trastienda, donde ella disfrutaba mucho jugando y leyendo rodeada de libros.

En ese contexto de referencias culturales dentro y fuera del hogar, ¿qué experiencia la reafirmó para dedicarse a la creación?

Con cuatro años de edad, en Sanlúcar de Barrameda, donde pasábamos parte del verano, gané un concurso infantil de dibujo que se hacía en el suelo de la calle principal, a cada niño nos asignaban que pintáramos lo que quisiéramos con una caja de témpera de cinco colores en un cuadrado de fondo blanco, de dos metros por cada lado. El jurado me eligió como ganadora, recuerdo que el premio recibido fueron 2.000 pesetas, una copa y una muñeca. Desde mi infancia, siempre mostré mi deseo de querer dedicarme a escribir y a dibujar.

¿Se ha formado más de modo autodidacta que reglado?

Sí. Casi nunca he tenido un aprendizaje disciplinado. Todo ha sido espontaneidad. Tras el flechazo inicial por escribir y dibujar, años después comenzó a interesarme más dedicarme a cantar. Pero me arrepiento de no haber estudiado de modo sistemático en el conservatorio. A partir del próximo año quiero volver a la canción. Porque hacer e interpretar música tiene un componente emocional que no aporta otra faceta cultural. La música tiene más capacidad de atraparte.

¿Cuál fue su primera experiencia profesional?

Con 20 años dejé en Sevilla la carrera de Bellas Artes y me fui a Madrid. Entré a formarme en una escuela de diseño gráfico pero sobre todo me dediqué a escribir letras de canciones. Mi hermana y yo fuimos vecinas de Joaquín Sabina y su pareja, Cristina Zubillaga, y me atreví a mostrarle a él las primeras letras de canciones que yo había escrito. Se tomó en serio orientarnos, me corrigió muchas cosas y a la vez me animó a envalentonarme para dedicarme a escribir más canciones. Fui a la discográfica Universal y empezaron a pedirme encargos de letras de diversas temáticas, que podrían servir para algunos sus cantantes o grupos. Fue una etapa maravillosa para mí.

¿Qué cantantes las han interpretado?

A Víctor Manuel le hicimos la letra de la canción 'Donde caben dos'. También a Miguel Ríos, a Pasión Vega, a Alba Molina, a Chayanne, etc. Le hicimos a Shakira y Alejandro Sanz la adaptación de una canción que interpretaron juntos solo una vez en un festival.

¿Qué pautas le daban en la discográfica para idear letras de canciones? ¿Le sugerían temáticas? ¿Le pedían que unas fueran entusiastas, otras melancólicas, o vibrantes, o intimistas, o reivindicativas...?

Llevaba canciones ya hechas y ellos pensaban a qué cantantes se las podrían asignar, o también la discográfica me pedía algún tema que pudiera ser 'single' de éxito en un nuevo disco, o una balada, etc. En esta etapa todo dio un vuelco cuando mi hermana y yo recibimos la llamada de Eva Galda, que era la directora artística de la discográfica Warner en España. Nos pidió si éramos capaces de adaptar al castellano las letras en italiano de Nek, que había dado el salto al estrellato en Italia desde el Festival de San Remo. 'Laura no está' fue su primera canción en la que nos pidieron adaptarla a nuestro idioma. A partir de ahí hicimos eso para los tres primeros discos de Nek, y nos llegó una avalancha de peticiones para adaptaciones. Por ejemplo, para discos de la cantante israelí Noa.

¿Duró poco la tentativa con su hermana del dúo Maldeamores?

Intentamos hacer carrera musical como cantantes pero tuvimos la malísima suerte de salir a la vez que la primera edición de 'Operación Triunfo', el de Bisbal, Rosa, Chenoa, Bustamante, etc., y lo eclipsó todo. Las discográficas dejaron de apoyar a cualquier otro artista novel y solo se centraron en los de ese formato. Eso acabó con casi todos los grupos incipientes. Y también fue demoledor que dejaron de hacerse en las televisiones programas con actuaciones musicales. Convirtieron la música en un concurso sobre la personalidad de los aspirantes, sobre la trastienda privada. Para nosotras fue un palo y decidimos reinventarnos.

¿Cuándo comenzó a dedicarse con intensidad a la literatura y a la ilustración?

Mi primer cuento fue '¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa?'. Se lo escribí a mi hija Violeta. Sin yo presuponerlo, se convirtió en un cuento de referencia en las aulas escolares para la coeducación, para la igualdad. Empecé a tener un público sobre todo de maestras. Es un cuento que ha tenido más de 20 ediciones, y se sigue vendiendo y leyendo. Y a partir de ese éxito no he parado, llevo ya publicados más de 60 libros.

¿Esa 'ópera prima' le marcó para consolidar un estilo y una manera de gustar tanto a niños como a docentes?

No, como autora he tenido la mentalidad de madre separada dedicada a mis hijos y escribiendo en casa, sobre todo cuando ya los había acostado y podía centrarme en inventar cosas. Mi segundo libro también está pensado para mi hija Violeta. Íbamos en mi coche camino de la playa de Mazagón y durante todo el camino ella me preguntaba: '¿Tú cuánto me quieres'', 'Mamá, ¿pero cuánto es?'. Y yo le respondía: 'Te quiero hasta el infinito'. Y no se conformaba, me seguía preguntando. Se me ocurrió así el cuento 'Un amor tan grande', basado en una comparativa permanente sobre lo que es el amor. Por ejemplo: 'El amor que te tengo no cabe en la boca de un cocodrilo', 'ni en la maleta de un gigante', y así cada vez en cosas más grandes. Hasta terminar explicando que 'el amor solo cabe en un sitio muy pequeñito, que es el corazón de mamá'.

¿Sus vivencias como madre son la principal fuente de inspiración?

Leo muchisimas obras de literatura infantil, pero mi hija Violeta ha sido mi fuente de inspiración, más que mi hijo Pablo, que es más calmado. Muchas vicisitudes que me han inspirado han sido las de Violeta y sus circunstancias. En la infancia de mi hija, y en el contexto escolar y social de una niña, he descubierto muchas cosas. Y me ha sorprendido que muchas pautas hayan cambiado tan poco en nuestra sociedad. Como la desigualdad en los patios para jugar. O que las niñas tengan camisetas de 'brilli brilli' o de gatitos, y que los niños las tengan de superhéroes, o de coches, o de dinosaurios. Se sigue educando a las niñas desde la fragilidad y a los niños desde la competitividad y la fortaleza. De todas esas cosas he escrito por una inquietud natural como madre, porque soy observadora y curiosa, mucho más que pensando en un posible público. Y si he escrito sobre acoso escolar de una manera determinada es porque Violeta lo sufrió. Pero no he querido venderme como una escritora feminista.

¿Cómo ha asentado su estilo como ilustradora?

Soy muy envidiosa de grandes ilustradores. Me sorprende que me llamen para encargarme ilustrar libros de otros autores, pues hay muchos ilustradores mejores, yo trato de suplir mis carencias con mucho esfuerzo y mucho tiempo. Empecé a ilustrar mis cuentos para favorecer que alguien los viera y fueran tenidos en cuenta. Es verdad que mis libros con ilustraciones mías venden más ejemplares que los que llevan ilustración de otros creadores, porque mucha gente valora bien esa doble aportación creativa por mi parte. Pero eso no me impide ser autocrítica.

¿Cuáles son sus libros de reciente publicación?

Ahora sale una serie de libros míos, 'La Tribu de Kai', con Editorial Flamboyant, que ha ilustrado Lucía Serrano, y lo que ha hecho ella es sensacional. De esa serie ya se han vendido los derechos para traducirla y editarla en italiano, en portugués, en ruso. Mi primera saga ha sido 'Julia y Los Mortimort', con Editorial Montena, en tapa dura, lleva cuatro ediciones en solo dos meses, estoy alucinada. Comenzó a publicarse en octubre del año pasado. Tenía temor al resultado de mi primera serie. Estoy muy contenta, y he descubierto cómo le voy cogiendo cariño a los personajes mientras ideo nuevas historias con ellos. El segundo volumen de 'Julia y Los Mortimort' lo presento el próximo día 17 de febrero en la Librería Rayuela, en Sevilla. Me lo paso muy bien en las presentaciones, y en las ferias del libro. Interactúo con los niños y los adultos, saco mi varita mágica,... Me da mucho juego escuchar atentamente la lógica infantil, tan aplastante. Como cuando te dicen: 'Mamá, me han dicho en el colegio que los Reyes Magos son los padres. Fíjate si son tontos pensando eso, porque los padres son dos y los Reyes Magos son tres”.

¿De qué obra se han vendido más ejemplares?

El más vendido hasta ahora es 'Yo voy conmigo', con más de 80.000 ejemplares. También he escrito libros para adultos, con formato de álbumes ilustrados. Como el 'Catálogo de besos', o la colección de 'Abuelas de la A a la Z'.

«Los niños, tengan o no móvil, están desatendidos socialmente»

El estudio en el que Raquel Díaz Reguera escribe e ilustra desde su domicilio, situado en Puerta Carmona, en el centro de Sevilla.

¿Desde las editoriales le hacen encargos o influyen en su contenido?

Nunca me han encargado escribir un libro, siempre han sido propuestas mías enviadas a las editoriales. Por ejemplo, en Thule Ediciones. Su editor, José Díaz, fue quien publicó mis primeros libros, y siempre me hace hueco para mis propuestas. En Montena, he dado con una magnífica editora, Ada Soler, que me enmendó muchas cosas en la propuesta que le envié, con el libro casi terminado, y ella tenía razón. Me pasé dos meses cambiando el libro de cabo a rabo, levantándome a las cinco de la mañana y terminando a las once de la noche. En Flamboyant, otra buena editora, Patricia Martín, cuando le mandé un libro, me dijo que los primeros capítulos podían ser el contenido del primer libro de una serie, y el resto podía convertirse en la base de los siguientes. Y así ha sido, ella tenía razón. Hasta ahora, las únicas veces que le he llevado la contraria a mis editores, me he equivocado. Su función es muy importante porque tienen una visión integral de la creación y de la relación con el público. Al igual que los buenos productores artísticos musicales, los buenos directores teatrales, etc.

¿Está minusvalorado el talento aplicado a la literatura infantil?

Se le da muy poca importancia a la literatura infantil. Por ejemplo, gané hace dos años el Premio Apel-Les Mestres, que es como el Planeta en ese ámbito. La dotación económica del galardón son 2.500 euros. La del Planeta de novela es un millón de euros. Creo que una de las causas de esa excesiva desproporción es que se asocia literatura infantil al ámbito de los cuidados. Por eso también, en muchos suplementos culturales casi no se habla de literatura infantil, ni se habla de infancia. Y es fundamental educar y cultivar en esas edades iniciales, cuando los niños son esponjas. Igual que se le da socialmente la misma poca importancia al magisterio de los docentes. Muchos que trabajan en Educación Infantil son mujeres, y suelen utilizar los cuentos en su labor educativa y pedagógica en las aulas. Los cuentos son una herramienta muy poderosa para ese objetivo. Para educar en las emociones, para empatizar. Para aprender sin ser adoctrinado.

Ponga un ejemplo.

Está más que demostrado que cuando intentas hablar directamente con un niño de un tema del que no quiere conversar, adopta una actitud de rechazo y evitar hablar de eso. Pero cuando lo planteas dando un rodeo y él no se siente interpelado, consigues conversar y al final logras hablar de ese tema y que reflexione sobre esa cuestión. Con los cuentos se consiguen vivencias formidables en las aulas. Tengo escrito un cuento sobre el 'bullying' escolar, titulado '¿Qué le pasa a Uma?', y cuando se los leo en un colegio, flipo porque todos los niños y niñas entienden perfectamente situaciones de ese tipo que se dan en su propia clase, y quién es en su aula la niña marginada o el niño acosador.

¿Qué opina del fenómeno social para limitar que los menores tengan y usen teléfonos móviles?

Es terrorífico el grave problema de la adicción de los menores al móvil. Pero me parece que el planteamiento está incompleto. Hay que conseguir que, aunque existan los teléfonos móviles, los niños quieran otra cosa. Que cuando lo tengan, y lo tendrán antes o después en sus vidas, lo consideren un coñazo. Necesitamos que tengan otros deseos, y llenar sus vacíos. Necesitamos dotar al mundo de suficiente número de cosas atractivas y entretenidas para los niños mediante las cuales no dependan del móvil para intentar safisfacerlas. Por ejemplo, tener conversaciones reales, en persona, y socializar cara a cara. Por ejemplo, sentir que la literatura les llena. Considero que en España los niños y adolescentes están desatendidos socialmente. Entre los 10 y los 18 años, cuando se les ha dado ya el móvil, ¿qué otra cosa pueden hacer en las calles? ¿Salir a deambular? ¿Qué se les ofrece hacer? Y están asimilando letras de reggaeton que son lamentables por su machismo. ¿Nadie dice nada ante eso? Se está normalizando que el éxito de una canción no lo dé su calidad sino cómo perrean sus intérpretes en el escenario o en los videoclips. Lamentable.