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Crónicas dominicales

El ¿imposible? cambio en la Iglesia

“La fuerza de la costumbre es mi guía y mi lumbre”, cantaban los de Gabinete Caligari. El papa Francisco se las ve y se las desea para cambiar una institución con más de 2.000 años y encima se le muere el padre Castillo

26 nov 2023 / 04:21 h - Actualizado: 26 nov 2023 / 04:21 h.
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  • El papa Francisco en una imagen de archivo. EFE/ Ettore Ferrari
    El papa Francisco en una imagen de archivo. EFE/ Ettore Ferrari

Siempre he pensado que superar una costumbre es peor que derribar un muro con los dientes. A este papa Francisco le han puesto las cosas muy difíciles, no creo que lo declaren santo. Debe tener en la cabeza ideas que, de aplicarlas, se produciría sin duda un cisma en la Iglesia. Por eso el hombre va con paso de tortuga y aun así me parece que la tortuga corre más. En mi educación, tanto las Salesianas como los Maristas me enseñaron el Evangelio y yo lo leí. Por eso comprendo al papa Francisco y mucho más cuando con los años estudié y sigo estudiando la historia de los seres humanos

Con el Evangelio en las manos no hay motivo para apartar de la Iglesia a nadie, a nadie. La Iglesia se ha llevado toda su historia apartando herejes del camino que ha trazado basándose en el Evangelio. Claro que el Evangelio es una obra plural, no es uno, son varios -unos “legales” y otros no- y se escribieron bastante después de la muerte de quien los inspiró. Es como una biografía no autorizada, contiene contradicciones y ambigüedades que los humanos utilizan para el conflicto permanente, algo que les permite protagonismo y lucimiento, es decir, todo lo contrario de lo que es el espíritu del Evangelio. Es imposible que un libro, por voluminoso que sea, pueda contener la respuesta a todas las dudas e interpretaciones que los humanos llevan a cabo. Por ahí se cuela la disidencia que puede suponer progreso, pero siempre ofrece protagonismo a sus protagonistas. Y con frecuencia dinero.

El papa Francisco suele decirles a sus fieles que recen por él. Me cuenta Álvaro Romero en este mismo diario que al padre José María Castillo, fallecido recientemente, le dijo Francisco que rezara por él porque lo necesitaba. Y tanto. El Vaticano, por dentro, debe ser un venero de riqueza para estudiar la naturaleza humana luchando consigo misma, es decir, con la moral y la ética que genera.

Al padre José María Castillo un papa santo, Juan Pablo II, lo marginó y Francisco le abrió los brazos y lo acogió nuevamente en el seno de la Iglesia. ¿Quién es el santo, entonces? Francisco necesita que recen por él, desde luego. Lo que pregunto es lo siguiente: ¿con quién estará de acuerdo el Dios en el que creen ambos papas, con San Juan Pablo II o con Francisco? Representan dos mundos diferentes, dos tipos de moral distintas. Juan Pablo II ya reprendió públicamente en los años 80 al padre Ernesto Cardenal nada más llegar a Nicaragua, cuando Cardenal fue a recibirlo como sacerdote y como ministro de cultura de la revolución sandinista. Al final, Cardenal se ha llevado las reprimendas de su papa y de su revolución. Por señalarse y no ser un católico de misa y caridad. Ya está.

Castillo también se señaló. Leo en el texto de Álvaro Romero: “Fue en los años del Concilio Vaticano II, a mediados de los 60, cuando Castillo inició su docencia universitaria en la Universidad de Granada, y desde allí alcanzó celebridad internacional con libros como ¿Hacia dónde va el clero? (1971) o La alternativa cristiana (1978), entre otros. Cura de los pobres, y habitual en América Latina por aquellos años, los cambios de la misma época que llevaron a la Iglesia hacia posturas más conservadoras –con la elección primero de Ángel Suquía y después de Antonio María Rouco como presidentes de la Conferencia Episcopal Española- le hicieron chocar con Roma, si bien después del veto papal que le retiró la venia docendi en la Facultad de Teología de Granada, fue llamado habitualmente a la Universidad Gregoriana de Roma y a la Pontificia Comillas de Madrid como profesor invitado e incluso, anualmente, impartía cursos en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, en El Salvador, y en diversas instituciones del cristianismo latinoamericano por el perfil de teólogo de la liberación que iba cultivando, sobre todo en Ecuador, Paraguay y Argentina”.

Francisco se dedica a dar lecciones morales de todo tipo: se las da a los medios de comunicación que, es verdad, manipulan descaradamente, y a sus propios fieles cuando se muestra comprensivo con el movimiento LGTBI o recibe en audiencia oficial a Yolanda Díaz o bien cuando cree que un comunista honrado y sincero puede valer más que un creyente hipócrita. ¿Qué es eso? Dios mío, ha tocado lo intocable, para qué complicarle la vida a los pocos fieles que van quedando. Francisco no quiere que las mujeres en la Iglesia sean sólo monjas o monjas de clausura, desea que estén más cerca de la mesa del Señor.

¿Se imaginan el día de mañana a una mujer diciendo misa? ¿O confesando? Es duro aceptar eso tras tantos años de creer que cada sexo tiene su cometido y considerar un tabú las partes íntimas de las personas. Pues lo que está pidiendo esta sociedad actual es eso y además que los curas puedan casarse que es lo que solicitaba el padre Castillo. También es duro saber ya con toda certeza que el sacerdote, el hombre al que se ve por encima de uno porque en teoría está al margen de ciertas “debilidades humanas” ya no lo estaría, aunque antes lo sospecháramos, pero no es lo mismo, era gratificante creer lo contrario y que se aparentara lo contrario.

Con este panorama de “escándalos” no es raro que esté sucediendo con este papa Francisco lo que narraba en El Diario.es Jesús Bastante bajo el encabezamiento: “El sector ultra del Vaticano cruza otra línea: tachan al Papa de “hereje” por permitir que las personas trans sean bautizadas. La decisión del Vaticano de avalar la apertura a los sacramentos al colectivo LGTBI genera fuertes reacciones en los sectores conservadores: el ex prefecto de Doctrina de la Fe, Gerhard Müller, encabeza las críticas con palabras que podrían valerle la pérdida de su condición de cardenal”.

Lo del “sector ultra” y demás ya son creaciones periodísticas, no creo que Francisco hable así. Pero de alguna manera hay que entenderse con los públicos que consultan ése y otros medios contrarios a El Diario.es. La realidad es que un sector poderoso de la Iglesia alemana y otro de la estadounidense le están haciendo frente a Francisco. ¿Habrá cisma? No es extraño que este papa revoltoso le dijera al padre Castillo que rezara por él porque lo necesita. Y tanto, miren lo que afirma El Diario.es:

“El Papa es un hereje”. Dos religiosos alemanes y una frase: de Martín Lutero a Gerhard Müller. Cinco siglos después de que Lutero la pronunciara contra León X, la acusación se repite, aunque en esta ocasión por motivos radicalmente distintos. Si en 1521 el fraile agustino arremetía contra la venta de indulgencias y el poder de los eclesiásticos, las razones que hoy aduce el ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (y capitán de los enemigos de Francisco), el cardenal Gerhard Müller, son bien diferentes. Para él, el Papa es hereje por, entre otras cosas, avalar que homosexuales o transexuales puedan acceder al bautismo o ser padrinos de este sacramento, o testigos en bodas católicas”.

Más lejos llegan los miembros del llamado Obispos Secretarios del Patriarcado Católico Bizantino que me envían sus pensamientos cuando lo creen oportuno:

“Bergoglio, con su astucia típicamente jesuita, dio luz verde a la bendición de las uniones sodomitas. Al hacerlo quebranta provocativamente los mandamientos y las leyes de Dios y demuestra reiteradamente que es un archihereje que se ha autoexcluido varias veces de la Iglesia católica. Sin embargo, continúa abusando de su autoridad y lleva a cabo apresuradamente el programa de transformar la Iglesia católica en una anti-Iglesia de la Nueva Era, en una sinagoga de Satanás. ¿Cómo es posible? ¿Por qué nadie se le opone? ¿Por qué no se separan de él todos los obispos y sacerdotes católicos? Esta pasividad, que es una traición a la fe salvadora y al propio Salvador, es un signo visible de una maldición espiritual. Prevaleció la ceguera espiritual: no quieren ver la realidad. Esta maldición se ha ido extendiendo gradualmente desde el Concilio Vaticano II y ahora alcanza su punto álgido con el archihereje Bergoglio y su llamado sínodo, que anula las leyes y mandamientos de Dios”.

Sobre el tema del enfrentamiento del cardenal Müller con Francisco, el citado Patriarcado escribe: “Bergoglio comete herejías no solo voluntaria y conscientemente, sino también con determinación, progresivamente y con astucia. Así, Jorge Bergoglio ha hecho caer sobre sí mismo el múltiple anatema de Dios y es un papa ilegítimo. Müller califica la aprobación por parte de Bergoglio de la bendición de las uniones entre personas del mismo sexo como una «herejía práctica».

Ya lo saben, las mujeres por ser mujeres y los homosexuales también por su condición, no son hijos de Dios o, si lo son, mejor tenerlos encerrados en el cuarto oscuro, que no los vea nadie, ni siquiera ellos se vean a sí mismos. Malos tiempos le ha tocado a usted vivir, Santidad, hasta lo equiparan a Satanás, y encima aguantando su persona de usted los achaques de los demasiados decenios. Necesitará vuestra Santidad que el padre Romero esté todo el día interfiriendo por usted ante el Altísimo. Por cierto, ¿va usted a recibir a Yolanda Díaz, a Jordi Évole, que son dos rojos, y no va a darle audiencia a la comisión que desde Sevilla hace años que quiere ir a verlo para pedirle la canonización del Beato Marcelo Spínola? Santidad, que fue un amigo de los vulnerables, que en 2024 hará 125 años que fundó este diario que está leyendo usted ahora, si es que tiene tiempo, un diario nacido en Sevilla, la de los Grammy, Santidad, la de los Grammy, ¿los vio usted aunque fuera para distraerse un poco de sus desvelos? No lo diga si así fue, le van a acusar de lascivo. Sus oídos estarán todo el día pitándole.