San Juan muestra su patrimonio arqueológico en unas jornadas sobre Roma

Juegos romanos, la legión IX Hispana, Gladiadores, mercado de artesanos romanos y unas visitas teatralizadas que recorrían las tres culturas principales que ocuparon el territorio de San Juan de Aznalfarache a lo largo de los últimos milenios. Así fueron las Jornadas de Recreación Histórica que se celebraron en el cerro Chaboya el sábado 16 de noviembre, justo en la zona por la que discurría el camino del Aljarafe que unía la localidad con Hispalis o con Isbiliya.

Jornadas de recreacion historica en San Juan de Aznalfarache

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La delegada de Patrimonio y Turismo, Rocío Amado, realiza un balance muy positivo de estas segundas jornadas históricas que se realizan en el Monumento. «Incluso hubo mucha gente que nos preguntaba por qué no alargábamos hasta el domingo, porque les parecía que se había quedado corto de tiempo».

La plaza de Otto Engelhardt, la del doctor Muñoz Cariñanos y, por supuesto, el Centro de Interpretación Arqueológico fueron el escenario de esta recreación de la época romana en nuestro pueblo. El centro de las jornadas fueron las visitas teatralizadas al interior del edificio que alberga los restos de las culturas que han pasado por San Juan. Allí, cada hora, los visitantes eran recibidos por un turdetano, una romana y un musulmán que, entre ellos, se disputaban el honor de haber sido la cultura más importante que había pasado por la historia de San Juan.

El centro de las jornadas fueron las visitas teatralizadas al interior del edificio / Ayuntamiento de San Juan de Aznalfarache

«En realidad lo que queremos mostrar con estas jornadas es precisamente esa riqueza arqueológica que tenemos en San Juan de Aznalfarache, por eso las visitas teatralizadas eran el eje central de esta propuesta. Queremos que la gente vea el Centro de Interpretación y conozca el pasado y las huellas de la ocupación humana en nuestro pueblo, las culturas que han marcado casi tres milenios de historia», explicó Amado.

Todo el ambiente que se había creado en torno al Centro Arqueológico pretendía precisamente poner el foco sobre este contenido histórico. Y la ciudadanía respondió llenando las ocho visitas previstas e incluso sobrepasando las previsiones que se habían realizado. «Nos habíamos puesto un límite de 25 personas por visita, pero en muchos casos tuvimos que incluir a más personas para que todo el mundo pudiera disfrutar de la historia de nuestro pueblo narrada por tres actos en primera persona», concluyó la delegada de Patrimonio y Turismo del Ayuntamiento de San Juan de Aznalfarache. Unas 250 personas pudieron disfrutar de las ocho visitas teatralizadas que se realizaron durante la jornada.

Unas 250 personas pudieron disfrutar de las ocho visitas teatralizadas / Ayuntamiento de San Juan de Aznalfarache

Al acercarse al entorno, justo a las puertas del Centro Arqueológico, un señor vestido con una túnica romana, pedaleaba sin descanso para mover el tiovivo en el que disfrutaban los más pequeños de unas vueltas generadas por energía limpia, la que era capaz de proporcionar este "ciclista romano". También gracias a la energía humana se movía una noria de madera y una "barca romana" que se convirtió pronto en el objeto de deseo de los más pequeños, aunque algunos reclamaban más velocidad, acostumbrados a los barcos vikingos de la Feria.

En la plaza se podía disfrutar de juegos antiguos, rudimentarios pero capaces de plantear retos mentales y de habilidad que te impelen resolver cada enigma o ineludiblemente antes de dar paso al siguiente jugador y buscar un nuevo juego para retarse a uno mismo: la bola doble, la T, las Cabras, la Serpientes, Jerga o Estático. Poco a poco se iban sumando otros divertimentos y a mediodía llegó el momento del tiro con arco o de los aros, antes de que por la tarde comenzarán las peleas y taller de gladiadores.

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Los artesanos se esforzaban por atraer la atención de los visitantes / Ayuntamiento de San Juan de Aznalfarache

En el mercado, los artesanos se esforzaban por atraer la atención de los visitantes hacía sus telas, sus cerámicas, las espadas o incluso hasta la forja en la que se trabajó durante toda la jornada. En el centro de la plaza una biga presidía todo el improvisado poblado, vigilando la buena marcha de las jornadas y haciendo las delicias de los pequeños que se atrevían a montarse en el carro junto al auriga.

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